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FRANCISCO J. ORLICH
FUNDADOR DEL PARTIDO LIBERACIÓN NACIONAL
Rufino Gil Pacheco
* Discurso pronunciado el 11 de mayo de 2004
en el Homenaje de la Instancia Socialdemócrata
a los Fundadores del Partido.
El Partido Liberación Nacional se fundó el 12 de Octubre de 1951 en la finca La Paz de propiedad de Don Chico. Primeramente lo habían concebido Don Pepe, Don Chico, Daniel Oduber y Luis Alberto Monge en un encuentro que tuvieran en Ginebra, Suiza, ahí se propusieron fundar un partido social demócrata y lo lograron para beneficio de Costa Rica, pues ha sido con él, con sus fundadores, y dirigentes de esas épocas, que se han dado los mejores logros patrios y se pusieron bases firmes, para el desarrollo integral de nuestra patria, con un cambío total tanto en lo económico como en lo social que dura hasta nuestros días.
Esperamos que la avalancha globalizadora neoliberaloide, y concentradora de la riqueza en manos de unos pocos, no acabe con esos logros equilibrantes, justos, armónicos, solidarios que se ajustaron a los postulados de la carta fundamental del Partido Liberación Nacional, que entre otras apreciaciones manifiesta, "Que los derechos del hombre son inalienables, la libertad es el ámbito para la realización de la persona humana, el bien común es la base que garantiza el desarrollo integral del hombre y la distribución del produdo de la actividad económica para el bienestar de los grupos sociales". "Se estipula la intervención del estado para asegurar el planeamiento económico progresivo y la existencia de instituciones económicas que garanticen una economía de abundancia, para darle al ciudadano las condiciones materiales y sociales para su bienestar".
Francisco J. Orlich se dedicó desde muy joven a la política, desde muchacho indignado por una injusticia políítica que se cometiera contra su tío se dedicó a ella con altura para purificarla, y sus luchas fueron caracterizadas por ese tono, y por eso, al descender del sitial mas alto donde lo puso un pueblo, el aprecio, y el respeto de todos conciudadanos, sin mirar colores o banderías, lo rodeo.
Se desempeñó antes de ser presidente de Costa Rica, como presidente de la Junta de Caridad de San Ramón, presidente y regidor municipal también de San Ramón, diputado tres veces, valeroso revolucionano y cabeza visible junto con Don Pepe y otros compañeros de las gestas de 1948 y 1949, miembro de la Junta Fundadora de la Segunda República, dos veces Ministro de Obras Públicas y como miembro fundador del Partido Liberación Nacional.
Como Presidente de la República apoyó el Mercado Común Centroamericano y la Integración Económica de Centroamérica, que trajo aparejada la creación del Banco Centroamericano de Integración Económica y un importante crecimiento en la industrialización del país, creó la Oficina de Planificación, el INA, una verdadera universidad para el obrero y su capacitación, el Movimiento Nacional de Juventudes, JAPDEVA, le dio gran impulso al ICE a través de préstamos logrados con el BID, se construyó la planta hidroeléctrica de La Garita, la planta Diesel de Colima, las plantas hidroeléctricas de Río Macho y de Cachí. Se estabiecieron entre las finalidades de Institución los servicios de telecomunicaciones del país, y así se empezó la automatización telefónica, que inauguró el Presidente Orlich el 7 de Mayo de 1966, hace precisamente treinta y ocho años. Se crearon los centros regionales de la Universidad de Costa Rica, se reformó la organización de la escuela rural para que abarcara hasta el sexto grado. Se inició la reforma de la enseñanza media. Se dotó a los niños de Costa Rica de un hospital, hoy Hospital Nacional de Niños Carlos Sáenz Herrera. Se fundó en 1965 la Liga Agrícola e Industrial de la Caña de Azúcar (LAICA).
Alberto Cañas al terminar su gestión presidencial nos dijo de él: "Logró ser un presidente con señorío. Sus relaciones con el conglomerado social fueron sencillas y modestas. Jamás pudo nadie decir que a Francisco Orlich se le habían ido los humos a la cabeza. Jamás una actitud presidencial suya tuvo el menor sabor de imposición, de conducta olímpica, de prepotencia personal. Deja la presidencia de la república sin haber agraviado a nadie, y ni sus mas fuertes opositores recibieron de él maltrato. Porque ha sido un presidente en cuyo vocabulario no existieron palabras fuertes y contestó los ataques efendiéndose y sin preocuparse de atacar a su adversario cosa insótita en Costa Rica".
Francisco J. Orlich tenía múltiples virtudes como ciudadano, empresario, político, como conductor de un pueblo, como Presidente de la República siempre se preocupó de rodearse de profesionales jóvenes, impulsándolos, tomándolos en cuenta en las actividades gubernamentales: ingenieros y economistas pueden dan testimonio de ello.
Uno de ellos fue el que suscribe. Muy joven juré, ante don Chico, don Pepe, Alberto Martén, don Fernando Valverde y don Rafael Sotela, defender la patria y sus instituciones y así lo he venido haciendo.
Actuamos en el Comité de Finanzas de de su campaña ad honorem, la cual fue cubierta, en su mayoría con aportes personales de don Chico, el prácticamente la financió: don Jaime Solera, don Raúl Hess, don Fernando Goigoechea, don Antonio Escarré, Varguitas el dueño de la Imprenta Vargas, todos de grata memoria.
¡Que tiempos aquellos! de seguridad, honradez acrisolada, principios éticos y morales, máxime en un comité como el que estábamos integrando.
¡Que profunda y gran diferencia con las épocas actuales!, y ¡como se rigen ahora esos movimientos!
Luego constituimos don Jaime, don Raúl y este servidor el grupo de asesores económicos del Gobierno de don Chico, -ad honorem- ¿cuántos son ahora?. Nos desplazamos a Washington, D.C. Raúl y yo para emprender desde allá, la financiación del país para el desarrollo, tal como lo habíamos concebido. Junto con Chalo Facio como Embajador y Daniel Oduber como Ministro de Relaciones Exteriores emprendimos la tarea, creo que la hicimos bien.
Estando allá, en funciones del desarrollo iatinoamericano ocurrió la muerte de don Chico. Un merecido homenaje se le brindó en la Catedral de Saint Matthews, en Washington D.C.
Francisco J. Orlich fue un hombre bondadoso, profundamente humano, un sembrador de afectos que hacia germinar la buena semilla aun en los campos cubiertos por la cizaña y sabía, como el que mas apartar la buena cosecha de la mala hierba.
Sembraba no solo en las almas, sino también en nuestra fértil campiña. Llegó a distinguirse como un gran empresario, como un gran trabajador en las actividades del campo y en la conducción de un pueblo.
Se dice que la voz del pueblo es la voz de Dios. Vox Populi Vox Dei. Dios estaba presente cuando quiso que la votuntad popular, la determinación de los pueblos, lo llevara a la mas alta magistratura de su país. Ocupó el solio presidencial con dignidad y altura, fue justo, bondadoso y leal. Supo interpretar como el que más nuestra modalidad tan tica.
Los que tuvimos el privilegio de laborar en su administración, siempre lo recordaremos como un amigo integro, sin dobleces, franco a la vez que discreto, con un gran tacto de político y de gobernante, que supo ganarse el aprecio de todos sus conciudadanos. Nunca uso la maledicencia ni aun como arma política. En su derrota en el primer combate por el solio presidencial, se creció al revelarse en ella su gran calidad humana, su gran dignidad que conmovieron las fibras íntimas de muchos costarricenses. Se postuló de nuevo y su triunfo fue absoluto e incuestionable frente a Don Otilio Ulate y el Dr. Calderón Guardia. Su administración soportó la dureza de los aciagos días grises de la ceniza lanzada por el Volcán Irazú, y cuando comentábamos que se estaba haciendo difícil salir adelante, no se por que sentimiento de seguridad en su mano conductora, siempre manifestamos que Chico saldría con gloria de su administración, y con el aprecio de sus connciudadanos. Al final de su administracíón en un diciembre nevado, quizas pensando en nuestros alegres vientecillos navideños, le envié desde Washington D.C. donde laboraba, algunas frases de afecto. Su respuesta fue lacónica, sencilla, de agradecimiento, característica muy suya, y de gran sentido práctico.
Terminaba así: "Considero que si no cometemos algún error, al final saldremos con la simpatía del pueblo de Costa Rica, y esos son mis mejores deseos". No cometió errores, había sembrado con la buena semilla en el alma de su pueblo, y en la entraña de su tietra, y la cosecha fue óptima. Nos quedó la alegría de abrazarlo en su lecho de enfermo y la congoja se prendió en nuestro pecho al presentir que ese sería nuestro último abrazo.
Hoy lo vemos con su mirada bondadosa sentado en un sitial preferente a la par de nuestros grandes patricios: el viejo Tartufo de Irazú, el ilustre anciano de Barba, el guayacán de Alajuela, el teósofo y filósofo ramonense coterráneo suyo, conductor también de una revolución purificadora de prácticas y políticas viciadas, todos forjadores de nuestra civilidad, de nuestra nacionalidad tan característica y tan propia, que nos ha colocado en sitios de primacia en el concierto de las naciones civilizadas, ejemplarizante en este convulsionado mundo.
¡Francisco J. Orlich! Tu corazón no solo reposa en tu ciudad natal, sino en la profunda entraña de tu tierra a la que serviste con amor y con entusiasmo. Como el primer servidor de los costarricenses, tu nombre lo recogerá la historia y lo grabará con caracteres límpidos como limpida fue tu vida.
Finalmente y para terminar mi intervención, debo felicitar cordialmente a los compañeros de la "Instancia Socialdemócrata" al propiciar este homenaje a los Fundadores del Partido Liberación Nacional, todos hombres de primera línea. Cada uno en su campo le ha dado al país lo mejor de sus esfuerzos y contribuido a su progreso, desarrollo y cambios profundos, en lo Económico y Social.
Dichosamente aun los tenemos presentes, para que, con su vigilancia y su accionar, sigamos construyendo una patria más prospera y feliz, equilibrada, social y demócrata.