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SENCILLAMENTE DON PEPE
Carlos Manuel Vicente Castro
* Discurso pronunciado el 11 de mayo de 2004
en el Homenaje de la Instancia Socialdemócrata
a los Fundadores del Partido.
Se puede afirmar, que la democracia costarricense no hubiera alcanzado etapas superiores de desarrollo, en la educación, en la salud, en el fortalecimiento de la necesaria clase media, en lo político, sin la presencia y participación de José Figueres Ferrer.
Esto no quiere decir, que Figueres fue el que construyó nuestra democracia. Eso jamás. Gran cantidad de hombres, políticos, intelectuaies, hombres sencillos del pueblo, intervinieron desde 1821 para crear un sistema democrático y una patria libre y soberana. Pero hay hombres que se dedicaron a perfeccionarla, que entregaron su vida entera a colaborar por mejores condiciones espirituales para los pueblos.
Uno de ellos fue José Figueres quien logró adelantar nuestra democracia en un corto tiempo. Este es talvez el mayor mérito suyo y el que los costarricenses le reconocemos.
No existe una etapa histórica en Costa Rica en que se hayan realizado tantas conquistas en los campos: político, económico y social, como en los treinta años que van de 1948 a 1978. La transformación institucional que logró don Pepe es sencillamente impresionante.
Don Pepe fue a la lucha armada para defender y consolidar el derecho de sufragio, tan pisoteado históricamente en nuestro país. Antes de 1948 solo lo ejercían los hombres mayores de 21 años, pero era frecuente que ese derecho no se respetara y el fraude electoral se apreció con mucha frecuencia.
Figueres sabía que sin respeto al derecho del pueblo a escoger libremente sus gobemantes, nunca podría existir una democracia verdadera. Para comenzar a construir un país libre, lo primero es respetar ese derecho a la libre elección.
Esa fue la conquista fundamental de don Pepe y la base de la paz que hemos vivido durante más de cincuenta años. Por eso podemos decir con toda propiedad que "José Figueres no es tanto el político, el hombre destacado que transformó la institucionalidad de Costa Rica, sino el estadista sabio que enseñó la forma de salvar la democracia respetando el derecho del pueblo a elegir a sus gobemantes libremente y que es, a través del ejercicio de ese derecho, como hemos conquistado la justicia y la paz".
Lo que verdaderamente nos ha heredado don José Figueres es la paz. Nos ha costado comprenderlo. No es sino hasta muy recientemente que hemos aprendido a actuar como hombres de paz, como seres humanos que dejamos atrás las pasiones de luchas fratricidas, para comenzar a pensar como un pueblo unido por la paz y la democracia.
Nuestra verdadera unión nacíonal la estamos encontrando en la vida pacífica y en la costumbre de cambiar cada cuatro años de gobemantes como la cosa más natural del mundo.
En cuanto a la democracia política , don Pepe no solamente aseguró que se respetara el voto popular sino que llevó a cabo la segunda gran conquista al universalizar el sufragio. Le otorgó el voto a las mujeres y bajó la edad para votar, de 21 años a 18.
Esta universalización despojó, de todo su poder, a la oligarquía tradicional de nuestro país, que gobernó hasta 1948.
Esta revolución política, unida a la revolución en la educación, que también fue universalizada por don Pepe, consolidó una democracia verdadera. Antes de 1948 solamente el uno por ciento de los egresados de la escuela pública en las zonas rurales podia ingresar a la escuela secundaria. Pero en la escuela primaria solo el 10 por ciento de los hijos de los campesinos podía terminar el ciclo completo.
A la pequeña universidad que teniamos en i 948 -con escasos mil alumnos en su totalidad- por cada cincuenta alumnos hijos de comerciantes y profesionales, ingresaba el hijo de un campesino o de un obrero.
En 1970, había un centro de educación secundaria en cada cabecera de cantón, vanos colegios agropecuanos, la gran institución de formación profesional y, para 1980, un centro universitano se instaló en los cantones alejados, además, de la Universidad de Educación a Distancia que dio oportunidad a todos los que trabajaban y no podían asistir regularmente a las aulas universitanas.
Hoy vemos con orgullo que los magistrados y demás jueces de la República, son hijos de campesinos, así como los profesores universitanos y, en general, los que dirigen este pais en todas sus actividades.
En una época se decía que en Costa Rica había más maestros que soldados. Hoy, sin ejército, podemos afirmar que tenemos más centros educativos que policías. Y esto es cierto.
Esta gran revolución, esta democratización de nuestro país, es producto de todo el planteamiento social y político de don Pepe, un hombre sencillo que supo tempranamente darle el nrmbo preciso a la democracia, diciendo que la libertad se conquista con un ciudadano que tiene seguro un puesto de trabajo y que siente la necesidad de marchar por la vida con un libro en sus manos.
Resumiendo esta preocupación en nuestro país, simplemente la confirmó y la universalizó Don Pepe --como la electricidad, las cañerías, los caminos y la salud-- la trasladó de los centros de población a todos los rincones del país.
Don Pepe no creó nuestra democracia, simplemente la universalizó. Le dio a la hija y al hijo del campesino y a la hija y al hijo del obrero una herramienta, una oportunidad que antes no tenían.
Don Pepe no inventó. Llegó y dijo: la casa democrática costarricense tiene muchas goteras, los horcones están flojos, el interior destartalado. Puso orden. Arregló el techo, los horcones y las paredes, y hasta colocó algún bombillo de lujo para disfrute y regocijo de sus moradores.
Hoy, nuestra democracia se nos está otra vez derrumbando. Si pensamos en don Pepe y queremos seguir su ejemplo, debemos otra vez remendar el techo, afianzar los horcones y decir todos conjuntamente y armónicamente: esta democracia no se nos caerá porque un hombre, hace más de cincuenta años, nos enseñó a luchar plenamente por el derecho de comer todos los días con libertad, disfrutando de derechos fundamentales y seguros de un futuro cada vez mejor.
Don Pepe, ese hombre sencillo que nos heredó la paz y quien, al final de su vida, bien pudo decir como José Martí: "Aquí estoy para oír cargos contra mi. Si mi vida no me defiende, mal podrían defendeme mis palabras".