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LA LUZ DE NUESTRO TIEMPO


Exposición ante el grupo Raíces en el acto de
entrega del libro La preocupante tercera vía, el
día 29 de mayo del 2003.

Enrique Obregón Valverde


He dicho en el pequeño ensayo que se entrega a ustedes en este momento, que lo que se está llamando ahora "tercera vía" por el teórico inglés Anthony Giddens, es un error histórico, si lo catalogamos como algo novedoso, ya que ese término fue empleado por los fundadores de la socialdemocracia, en Alemania, como una tercera opción política entre el liberalismo y el marxismo. En la actualidad, aun cuando ha desaparecido casi en su totalidad la vigencia política del marxismo, sigue teniendo posibilidades muy concretas la socialdemocracia que, por el desplazamiento del marxismo y el resurgimiento del liberalismo, se convierte, más que en una tercera vía, en la alternativa con los planteamientos liberales.

Como de lo que se trata es de encontrar una forma de hacer gobernable la democracia -en nuestro tiempo- es procedente hacer alguna reseña histórica de las dos grandes doctrinas políticas que han existido: liberalismo y socialismo.

PRIMERO: Como principio general, el liberalismo creó la democracia política y subrayó muy claramente los derechos del hombre. Pero el socialismo completó esa democracia. El sufragio, base de la democracia política, fue reducido por el liberalismo a grados extremos, ya que las masas populares, las mujeres, los pobres y los ignorantes, no gozaban de ese derecho. Fue el socialismo el que impuso el sufragio universal, reconoció los derechos para todas las personas, suprimió la esclavitud, dando así los primeros pasos para que comenzara a funcionar la democracia de los pueblos en sustitución de la democracia de una élite.

SEGUNDO: El liberalismo creó el estado de derecho, el socialismo lo transformó en el estado social de derecho. El liberalismo organizó y sistematizó los procedimientos para garantizar la protección del individuo ante otros individuos y ante el Estado. El socialisrno transformó esa garantía individual en colectiva. La libertad o es del pueblo o no es libertad, manifestó. El Estado protege la libertad de la sociedad y no solamente la de un individuo en particular. El liberalisrno enfatiza en la primacía de lo privado sobre lo público; para el socialismo, es al revés, lo público está por encima de lo privado.

TERCERA: El concepto de democracia, para el liberalismo clásico, es totalmente distinto al que se tiene en la actualidad. El principio es el mismo, pero los procedimientos y resultados son diferentes. Antes, hace doscientos años, la democracia era política; hoy, es una máxima preocupación por el ambiente, es cultural, científica, humanística. El liberalismo creó el capitalismo y piensa que las leyes del mercado, desarrolladas con una libertad completa, son el fundamento esencial de la democracia. Para el socialismo democrático, el capitalismo de la actualidad necesita -como lo dice el tratadista italiano Umberto Cerroni-, "de un gran esfuerzo teórico innovador para alcanzar, sobre las bases de las adquisiciones pasadas, una diagnosis adecuada de los nuevos caracteres, no solo del capitalismo, sino también del Estado representativo nacional, de las estructuras socioeconómicas planetarias y de las nuevas necesidades comunitarias.

"Una perspectiva de largo alcance y de cooperación mundial resulta esencial para la política en una época como la nuestra, y todo aquello parece posible si se logra conformar una alianza sólida y no ambigua entre las tres grandes fuerzas que han dejado su sello en nuestro siglo: el trabajo, la democracia y la ciencia". En la actualidad el socialismo no trata de destruir al capitalismo, pero si quiere humanizarlo.

CUARTA: Debemos terminar con la confrontación directa y desplazante entre el liberalismo y el socialismo y encontrar un punto de unión entre los conceptos positivos de estas dos únicas doctrinas políticas que han existido, creando así, como lo han llamado algunos teóricos, el socialismo liberal. Recuérdese que la confrontación liberalismo-socialismo comenzó en 1848 con la publicación paralela del Manifiesto comunista de Marx y Engels, y de los Principios de Economía política de John Stuart Mill, quien condenaba todos los planteamientos socialistas, considerándolos como contrarios a la libertad y a los derechos esenciales del hombre. Pero es conocido lo que sucedió después. Para la segunda edición de sus Principios, Stuart Mill cambió radicalmente su pensamiento, suprimió los ataques más fuertes al socialismo y confesó que la visión de los socialistas era colectivamente "uno de los más útiles elementos para el mejoramiento humano que actualmente existen". Desde aquel momento, Mill se consideró "socialista y liberal", reduciendo magistralmente su pensamiento de esta manera: "Considero que el problema social del futuro es el siguiente: de qué modo combinar la máxima libertad de acción individual con la propiedad común de las materias primas de la Tierra y con una, participación igualitaria de todos los beneficios del trabajo colectivo". Esto, dicho en 1849, adquiere actualidad ahora.

Sin ir más lejos, sin quemarse las pestañas leyendo lo que entienden por tercera vía los teóricos ingleses, tal vez solamente tenemos que volver nuestros ojos a un clásico como Mill. Nada más tenemos que agregar que, entre la propiedad común de todas las materias primas están, ahora, los productos de la ciencia y la tecnología que han transformado radicalmente las formas de vivir de las personas.

Para comenzar la discusión con el objeto de encontrar, en nuestro país una orientación ideológica dentro de la dimensión socialdemocrática, debemos olvidarnos de rechazar a ultranza, todos los planteamientos liberales, porque el liberalismo tiene una larga historia de resultados positivos en cuanto a libertades y derechos se refiere, y olvidarnos también de radicalismos en la lucha por conquistas máximas que expone el socialismo histórico. Encontrar un punto de concordancia y equilibrio entre lo positivo de una y otra doctrina, sabiendo que lo que entendemos por democracia en la actualidad, y el conocimiento que tenemos por el avance científico y humanístico, en gran medida, son el resultado de la aplicación de esas dos doctrinas. Para iniciar esta aventura, de llegar a esa tercera vía, deberíamos comenzar meditando, como Norberto Bobbio, que para lanzarse al mar de la política activa, hay que tener plena conciencia de que "somos depositarios, para custodiarlos, de los frutos más sanos de la tradición intelectual europea, la inquietud por la investigación, el aguijón de la duda, la voluntad del dialogo, el espíritu crítico, la mesura del juicio, el escrúpulo filológico, el sentido de la complejidad de las cosas", para terminar diciendo: "Los años son buenos consejeros y los acontecimientos arrojan nueva luz sobre los hechos".

Estoy convencido de que el método socialdemócrata continúa teniendo plena vigencia para avanzar lo adecuado hacia una nueva etapa democrática en nuestro país. Solo debemos tener presentes los principios éticos en los cuales nos fundamentamos, libertad, justicia y solidaridad, y saber, como queda expuesto, que cada acontecimiento histórico arroja una nueva luz. Necesariamente tenemos que encontrar el resplandor de nuestro tiempo.

Mayo 29 del 2003