EDUCACION, LA AGENDA DEL SIGLO XXI
Luis Alberto Monge Alvarez
Discurso pronunciado con ocasión de la
Cuadragísima Primera Graduación de la
Univerdad Internacional de las Americas (UIA),
el 10 de Julio del 2003, en el Hotel Herradura.
Señor Rector
Señora Vicerrectora
Señores Directores de Carrera
Señores Padres de Familia
queridos graduandos
queridos amigos todosMuchas gracias por esta gentil y honrosa invitación.
Para un Ex Presidente de la República, no hay forma de rehuir el llamado de un Centro de Estudios Universitario. Sobre todo cuando se trata de un acto de graduación y de estar junto a jóvenes que, como resultado de un esfuerzo compartido con sus profesores y tutores, conquistan un grado académico. La alegría de compartir esa importante y meritoria conquista profesional, es también una oportunidad para reflexionar sobre la educación y sobre los retos del proceso educativo en Costa Rica, a todos los niveles y en este particular momento del desarrollo de la humanidad, al iniciarse el siglo XXI.
Quiero, por ello, compartir con ustedes algunas reflexiones y unas propuestas sobre educación que le estoy haciendo al país.
En el informe reciente de las Naciones Unidas titulado "Educación, la agenda del siglo XXI", hay una frase que me parece resume muchas cosas y pone el debate sobre la educación en una perspectiva que comparto y que quisiera hacerla del conocimiento de todos ustedes, en esta fecha de alegría y en que estamos reunidos para celebrar la Cuadragésima Primera Graduación de la Universidad Internacional de las Américas.
Dice así el documento de Naciones Unidas:
"El siglo XX fue el más corto de los siglos. Comenzó, como sabemos, en 1914 y acabó, como también lo sabemos, en 1989. Hay otra cosa que sabemos: el siglo que se nos vino encima, el siglo XXI, será el de la racionalidad científico-tecnológica , el de la sociedad del conocimiento y, por eso mismo, el siglo de la libertad. O para decirlo desde un principio, el siglo XXI será el de la educación".
Los gobernantes de todas las vertientes políticas, desde los orígenes de nuestra República hasta nuestros días, siempre han coincidido en el valor y la importancia trascendental y estratégica de la educación. Esa visión de la vida política y de la acción de gobierno, centrada en la importancia de la educación, ha caracterizado siempre a Costa Rica y es lo que nos ha diferenciado de otros países en nuestra región y lo que nos ha permitido, a pesar de los pesares y de las dificultades que seguimos enfrentado para derrotar la pobreza en nuestro país, singularizarnos y alcanzar índices de desarrollo humano comparables a los de países del primer mundo.
Nuestro Primer Jefe de Estado fue un maestro de Escuela Primaria, mientras en otras nacientes Repúblicas los generales y los militares se alzaron con el poder en los primeros años de la América Latina independizada de la Metrópoli europea. Ese hecho histórico nos marcó para siempre. De eso no nos debe caber la menor duda y los gobernantes de Costa Rica, han sido siempre fieles a ese legado original de nuestra historia: el de colocar a la educación en el centro de las políticas públicas, tal y como lo hizo allá en los orígenes de nuestra República, don Juan Mora Fernández.
Lo que no estoy tan seguro es si todos y especialmente quienes nos han gobernado en los últimos tiempos o han ocupado posiciones de poder en la Asamblea Legislativa, en los partidos políticos y aún en las organizaciones de la llamada sociedad civil, tienen plena conciencia de la magnitud y profundidad de los cambios experimentados por la humanidad a partir de 1989. Esos cambios literalmente nos trajeron un nuevo mundo, una nueva realidad económica y tecnológica, un nuevo sistema de relaciones planetarias y nuevos esquemas de poder mundial y, sobre todo, una nueva dimensión del enorme reto personal y social de la educación. No en vano, en los últimos años, la humanidad ha experimentado la más trascendental revolución en el orden de la información y las comunicaciones y esa revolución, a no dudarlo, ha transformado el sentido de las relaciones entre los países y al interior de todas las sociedades, en el mundo desarrollado y también en el mundo en desarrollo.
Es a esa nueva realidad a la que tenemos que responder hoy y sin derecho a equivocarnos, porque nos va en ello nuestras posibilidades de desarrollo nacional, entendido tanto en el contexto de las expectativas sociales y compartidas por la ciudadanía y el país, como el de las propias e íntimas de todos y todas las costarricenses. Y es que el aspecto crucial y de fondo a las respuestas que tenemos que formular a las ineludibles exigencias del siglo XXI, pasa por una nueva y actualizada revaloración de la educación, como bien lo dice el informe de las Naciones Unidas que he citado. Porque si antes la educación fue prioridad, ahora es exigencia y condición indispensable e imprescindible.
Los países que así lo entiendan y que modifiquen sus políticas públicas y privadas en función de esa nueva realidad mundial, encontrarán y podrán alcanzar oportunidades de desarrollo económico y de mayor bienestar social. Los que no lo entiendan, se irán marginando cada vez más de los beneficios y del impacto transformador de la profunda y dinámica revolución tecnológica de nuestro tiempo: la que transformó el mundo a fines de la década de los ochenta del siglo pasado y sigue transformando, casi día a día, el entorno de las relaciones internacionales en las que nos desarrollamos como país y como seres humanos. Es tal la magnitud de esta dinámica de cambio, que lo único estable ha terminado por ser el cambio mismo.
Es ese nuevo contexto el que debemos entender y valorar y al que debemos responder, como país, de una forma inteligente, sin miedo, potenciando nuestras fortalezas nacionales y nuestros recursos humanos por medio de más y mejor educación para todos nuestros ciudadanos. Una educación integral, moderna y abierta a las exigencias de los nuevos tiempos. Una educación para el Siglo XXI.
Estoy convencido que Costa Rica todavía está en un positivo nivel de oportunidades. Desde que sabiamente, en el vértice del siglo XX, decidimos invertir prioritariamente en educación y en salud pública, comenzamos a diferenciarnos y a singularizarnos en el contexto de América Latina. Atrás, hace más de cincuenta años, dejamos el absurdo de invertir en armas y en militarismo. Mucho hemos avanzado y complace que, aún en estos días, los medios de comunicación colectiva informen de que nuestro país es el tercero en nuestra región en índices de desarrollo humano, después de Argentina y Uruguay y muy por encima de los otros países de Centro América. Pero no podemos dejar de señalar, sin embargo, que hemos descendido notablemente en el puntaje y calidad de esos índices, como igualmente se señala en el reporte más reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
La razón de ese descenso todos la conocemos: tenemos más de tres lustros de estancamiento y de confusiones a nivel nacional. Hace más de quince años que el país no avanza con la determinación y la fuerza que lo hizo en la segunda mitad del siglo XX. De alguna forma, como proyecto nacional, hemos perdido el norte de nuestras metas. No hay, en el escenario del debate político nacional, ideas fuerza capaces de aglutinar e impulsar al país para seguir hacia adelante, reforzando y consolidando lo obtenido por nuestro pueblo en décadas pasadas e impulsando, a la vez, los cambios cualitativos imprescindibles y sin los cuales no nos será posible una inserción inteligente y exitosa en las nuevas realidades del siglo XXI. Hay que decirlo con toda franqueza: como país, los costarricenses no estamos viendo suficientemente hacia el futuro y, mucho menos, trabajando correctamente en el presente.
El resultado ha sido un deterioro en la educación y en la salud pública y un índice de pobreza estancado, desde hace tres o cuatro gobiernos, en el 20% de nuestra población. Esa verdad nos recuerda, por lo que esta realidad significa de grave en la vida nacional, que no estamos avanzando y que estamos estancados, que estamos mal y que el tiempo que vivimos en el presente, antes de ser un tiempo para vanagloriarnos de los avances y los progresos logrados en el pasado y otros tiempos, debería ser un tiempo de reflexión y de análisis, de búsqueda de nuevas alternativas y de redefinición de objetivos y metas nacionales. Eso sí, siempre, a partir de la educación, como eje central de nuestro proyecto nacional. De otra forma no estaríamos siendo responsables ni consecuentes con Costa Rica.
En esa línea de pensamiento, con motivo del 30 aniversario del Fondo Nacional de Préstamos para la Educación (el CONAPE), en el salón de Ex Presidentes de la República, en la Asamblea Legislativa, en fecha reciente , hice propuestas que transcribo textualmente:
"A comienzos del siglo XXI, se presenta una oportunidad única para dar un salto cuantitativo y cualitativo en la marcha por el camino de la educación. Hay ahora un millón 300 mil niños y adolescentes entre los 5 y los 19 años de edad. Es la generación de relevo para las dos primeras décadas del nuevo milenio. Esta joven Costa Rica en un 56.4% pertenece a las áreas urbanas y en un 43.6% a zonas rurales. De acuerdo con el censo más reciente, 24% de esta nueva Costa Rica no asiste a la educación regular, mientras que el 76% sí lo hace. Hago mía la propuesta de focalizar la mayor atención y los mejores recursos en este precioso don de Dios, que representa esa muchachada, capacitándolos al más elevado grado de excelencia y creándoles prósperas oportunidades de empleo. Nos se trata de un objetivo difuso y difícil de medir, sino de una meta real para costarricenses de carne y hueso, alma y espíritu que ya están con nosotros.
Sugiero dos acciones paralelas dirigidas a esta juventud que conforma la nueva Costa Rica: el ahorro escolar y el crédito informático. Son dos programas específicos para enfrentar sendos problemas serios. Primer problema: la deserción escolar. Uno de cada cinco estudiantes se retira de la secundaria antes de finalizar el primer año. Solamente uno de cada cuatro estudiantes que comienzan la primaria, aprueba el último año de secundaria. El 23% se retiran porque no pueden pagar los estudios, el 32% porque no están interesados en el aprendizaje formal. Las mujeres tienen que ayudar en los oficios domésticos o se embarazan, mientras que los varones tienen que trabajar. Segundo problema: la brecha digital. Siete de cada diez hogares con acceso a un teléfono fijo y a un computador pertenecen a la clase alta o media alta, es decir, el 40% de los hogares que perciben más del 71% del ingreso total, La disponibilidad de un teléfono fijo en el área urbana duplica la cobertura en la zona rural, mientras que el acceso a Internet es cinco veces mayor en el área urbana. Uno de cada cinco hogares tiene computador en la región central, pero en el resto del país los porcentajes son 4 veces más bajos.
Propongo el establecimiento del Plan de Ahorro Escolar - un PAE bueno- como programa del Estado surgido del principio de solidaridad, destinado a padres de familia y estudiantes. En primer lugar, el gobierno entregará un salario mínimo a cada familia trabajadora que mantenga en la escuela a sus hijos entre los 7 y los 19 años de edad. En segundo lugar, el Estado otorgará a cada estudiante de familia trabajadora un depósito anual equivalente a cien dólares en una cuenta individual de ahorros: si gana el curso lectivo, el alumno puede retirar la mitad y el ahorro completo es suyo al concluir el colegio. Ya lo han logrado Brasil con el programa Bolsa Escola y México con el Programa de Educación, Salud y Alimentación (Progresa). El Banco Mundial y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) seguramente apoyarán a Costa Rica en este programa que coloca a la niñez y a la juventud en el centro de las prioridades del desarrollo.
Propongo asimismo la creación del Plan de Crédito Informático, que permita a cada una de las 900 mil familias costarricenses adquirir el equipo indispensable para posibilitar la inserción de sus hijos a la Sociedad de la Información. El gobierno, a través del ICE y de RACSA, tendrá la obligación de proporcionar conectividad en banda ancha a costo social para cada familia beneficiaria del Plan de Crédito Informático en cualquier punto de la geografía nacional. Brasil ya tiene un computador popular de cien mil colones, pagaderos a cinco mil colones mensuales; la India tiene el "símputer", un computador simple de 75 mil colones. La brecha digital se cierra con acciones prácticas, no con palabras y promesas. El Banco Interamericano de Desarrollo y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) ciertamente apoyarán a Costa Rica en este programa de crédito popular para dominar las nuevas tecnologías de infocomunicación, elevar la competitividad y la eficiencia del sector productivo, fortalecer los valores fundamentales de la sociedad y asegurar el desarrollo integral de la persona.
El Conape no ha resuelto todos los problemas financieros de todos los estudiantes en todo lugar del país. Pero hay casi 40.000 testimonios de éxito académico y realización profesional, gracias a aquella iniciativa pionera. El Plan de Ahorro Escolar y el Plan de Crédito Informático tampoco resolverán todas las necesidades de todas las familias y de todos los estudiantes, pero al cabo de veinte años, serán millares y millares los compatriotas que bendigan la memoria de quienes tuvieron la visión y el valor de adoptar decisiones positivas desde la esfera pública".
Señor Rector
Señora Vicerrectora
Señores Directores de Carrera
Señores Padres de Familia
queridos graduandos
queridos amigos todosAspiro a que estas ideas y propuestas concretas, sean parte de un amplio debate sobre la educación. Un debate que a mi juicio es imprescindible y urgente realizar en nuestro país, como parte de los esfuerzos que debemos hacer para retomar el rumbo y el norte de nuestro destino nacional, elevando a Costa Rica, como debe ser y como lo podemos perfectamente hacer, a índices de desarrollo humano comparables a los de los países desarrollados del llamado primer mundo. Ese y no otro es el lugar en el que debemos estar en los informes de las Naciones Unidas.
Para alcanzar esa meta sólo hay un camino: hacer todo lo que sea necesario hacer para fortalecer la educación en Costa Rica.
Desde el punto de vista social y económico, la educación es el mejor instrumento de movilidad social que existe en una sociedad que, como la costarricense, aspira cada vez a mejores y mayores niveles de vida. Solo por la vía de la educación, invirtiendo en educación, haciendo de la educación la primera y la más importante de los políticas públicas y privadas, nuestro país estará a la altura de las exigencias que el cambio tecnológico y la revolución de la información y las comunicaciones, nos imponen en el siglo XXI que estamos viviendo. Hagamos, por ello, de la educación la agenda nacional de Costa Rica. Ese es el camino. No hay ninguno otro. Solo por medio del camino de la educación llegaremos a ser un país desarrollado y del primer mundo.
Mis felicitaciones a todos quienes hoy culminan con éxito un trecho de esfuerzos y sacrificios, a fin de prepararse y ganar las batallas que les esperan en la interminable marcha hacia la superación intelectual, espiritual y material. Aquí no ha terminando la lucha. Esta es solo una estación de donde parten mejor apertrechados para las luchas del futuro. Y en agradecimiento por haberme invitado y por la paciencia de haberme escuchado, me permito darles un consejo, desde la cumbre bien alta de mis años, y desde la también elevada y escarpada montaña de mis infortunios y desgracias, que no me dejaron amarguras, sino grandes enseñanzas. El consejo que quiero darles es para que nunca luchen por odio, rencor o envidia. Luchen siempre por amor. Por amor al prójimo. Por amor a Dios. Por amor a la libertad. Por amor a la justicia. Por amor a la paz.
Mil gracias. Mil gracias a todos.