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Abr 08 2008

Raíces, dolarización y socialdemocracia

Ocean Castillo Loría

Este comentario lo escribo con motivo de la invitación del economista Jorge Corrales, al programa de radio del grupo Raíces, para tratar el tema de la dolarización.

No queremos llamar a confusión a nuestros lectores, el tema central de nuestro análisis no es el tema de la dolarización sino, algunos aspectos en el intercambio de opiniones que provocó ese tema entre los miembros de Raíces que nos interesa profundizar.

Un primer aspecto a reconocer es que resulta bastante iluso el pensar que todos y todas las socialdemócratas se encuentran agrupados en el PLN. Lo cierto es que otros socialdemócratas se encuentran en otros partidos u otras estructuras sociales, inclusive, puede haber muchos que ni siquiera estén organizados.

En el intercambio alguien se pregunta: “¿Porqué ya no tenemos propuestas socialdemócratas?”, nos vamos a permitir ensayar una respuesta al respecto: Desde mediados de la década de los ochentas, se llegó a la convicción de que la intervención del Estado en la economía provocaba serias distorsiones en la dinámica entre consumidores y comerciantes, lo que incitaba una problemática que solo podía ser combatida por medio de un modelo de liberalización económica que corrigiera las ineficiencias Estatales propias del modelo sustentado por el Partido Liberación Nacional (PLN), hasta tal punto se nutrió esta idea, que el ex presidente del Banco Central de Costa Rica, Dr. Eduardo Lizano Fait, llamó al planteamiento de Estado interventor, “GPP”: Gremialismo – Paternalismo – Populismo.

En esta misma línea, se ha expresado que los tiempos cambian y por lo tanto, hay que cambiar. No podemos olvidar que durante la campaña electoral que llevó a la presidencia al Ing. José María Figueres, se hacía mucha referencia a este tema. Y ni que decir de la llamada “socialdemocracia flexible” en la que se basó la última propuesta político–electoral de nuestro partido.

La respuesta al porqué las primeras administraciones del PLN se ubicaron mejor en la lucha contra la pobreza, es el que fueron leales al principio de la intervención del Estado en la economía y a la construcción y robustecimiento de la clase media en nuestro país. Cosa contraria, de lo que se hizo con la ejecución de los PAES, donde el peso del ajuste recayó en nuestra mesocracia.

La gran pregunta es: ¿Cuándo fue que se introdujeron en el PLN sectores sin conciencia social o lo que es lo mismo socialdemócratas de “paquete”?. Quizás, cuando las campañas políticas dejaron de plantear ideas y se dejaron seducir por la “imagen” y la imperiosa necesidad de recursos económicos para posicionarla. Ya no se valía decir lo que se pensaba sino, decir una cosa y hacer otra. Se citaba a don Pepe Figueres y a don Daniel Oduber en la plaza pública, pero en el gobierno se operaba conforme a los neoliberales.

Las cosas están claras. El negar la intervención del Estado en la economía y el debilitar la clase media no es socialdemocracia.

Pregunta alguien de nuevo: “¿Porqué tenemos que esperar a que la derecha haga una propuesta -ellos si tienen y montones- (dolarización en este caso) y entonces después ver que hacemos?”

Con todo respeto pensamos que la fuerza de las propuestas pasaron de la izquierda democrática a la derecha neoliberal cuando nos dio pereza pensar desde nuestro espacio y tiempo histórico, cuando por razones geopolíticas no tuvimos la capacidad de defender lo logrado y nos “tragamos” la receta de los Organismos Financieros Internacionales.

Es claro que la propuesta de intervención del Estado en la economía queda a la defensiva desde los tiempos de Tatcher y Reagan, pero también porque hay una realidad que no podemos soslayar y es que es innegable la ineficiencia de nuestro Estado. Basta observar nuestras realidades en campos como la atención en salud para saber que si bien nuestras políticas sociales son imprescindibles, la ineficiencia las carcome y quienes sufren son los usuarios que pagan para recibir servicios decentes.

Tal parece que el panorama del habitante de nuestro país es el estar atrapado entre los intereses del gremialismo, y las de un importante sector empresarial que se niega a una necesaria intervención del Estado para una mejor distribución de la riqueza.

Lo cierto es que no hemos podido o no hemos querido aplicar la creatividad política que en el pasado nos caracterizó para reformar de verdad el Estado (no disminuirlo) para que sea eficiente y fuerte.

Compartimos la idea expresada en el intercambio, de que las cosas deberían ser al contrario, como lo fue en el pasado donde la derecha no tenía propuesta articulada y la socialdemocracia sí, eran los tiempos en que Oduber respondía a los editoriales del periódico “La Nación” (hoy nuestro “aliado”, valga decir de paso), eran los tiempos en que Figueres definía la socialdemocracia desde las páginas de su libro “La Pobreza de las Naciones”.

Eran los tiempos en los que, cuando el “antiliberacionismo” tomaba el poder, se frenaban ciertas cosas, pero el gran proyecto político era eminentemente socialdemócrata, valga decir en todo lo que cabe, Liberacionista.

Hoy, ni Figueres ni Oduber están con nosotros, pero, aunque suene pretensioso, estamos quienes bebimos, bebemos y beberemos de su pensamiento, quienes estamos obligados a actualizar sus ideas caminando con nuestros propios pies y pensando por nuestra propia cabeza, sin despreciar el aporte de agrupaciones hermanas.

Desde esta perspectiva compartimos la idea de Raíces: no tenemos el monopolio de la socialdemocracia.

Punto seguido haremos alguna referencia de la llamada “Tercera Vía”, que se supone, según dijo en su momento el candidato Oscar Arias al semanario “OJO”, era la base de nuestra propuesta electoral.

A partir de aquí, analizaremos el artículo del compañero Guillermo Paz Cárcamo “Anthony Giddens y la Tercera Vía”

Un primer aspecto que resulta cierto es que tanto el Socialismo Real como el Capitalismo Salvaje no han funcionado y de ahí el surgimiento de la llamada “Tercera Vía”.

Asimismo (Como segundo aspecto), resulta cierto que, tanto Blair, Clinton e inclusive G. Schröder, aplicaron las tesis de la Tercera Vía en sus respectivos gobiernos. Adicionalmente, debe anotarse que de las sendas seguidas por Clinton es que surge dentro del Partido Demócrata, el sector de los denominados: “Nuevos Demócratas”.

Tercer aspecto, resulta cierto que esta alternativa es, más que una renovación de la izquierda democrática un acercamiento de ésta a la derecha, esto basado en su característica de “flexibilidad”.

Aquí hay que tener claro lo que decía el ex presidente Monge, cuando expresaba que el PLN no puede ser víctima de ortodoxias ideológicas y de dogmatismos, pero tampoco podemos disfrazar con “eclecticismo” o “flexibilidad” la renuncia a banderas básicas que siempre se han defendido. El pragmatismo no es oportunismo político, renovación no es renunciar a la raíz socialista y democrática.

Ya lo dijo el hoy presidente Arias durante su primer mandato: “Yo no fui elegido para aplicar un modelo económico irrespetuoso de nuestras tradiciones…”

Esta aclaración es necesaria, ya que cuando se habla de estos temas se tiende a defender la derechización diciendo: “La socialdemocracia es ecléctica y por lo tanto, el giro hacia un énfasis en el libre mercado es válido”.

Ahora bien, no es cierto como lo dijera el ideólogo de la “Tercera Vía” A. Giddens, que la socialdemocracia había agotado sus temas y por lo tanto, se debe tomar “prestados” los tópicos de la derecha.

Desde nuestra ideología tenemos retos: ¿Cómo volver a poner énfasis en las políticas universales por encima de las focalizadas?

¿Cómo hacer eficientes los servicios del Estado para bien de sus habitantes?

¿Cómo volver a constituir el PLN en el brazo político de las clases medias (tanto de aquellas que se han “colgado” de la globalización, como de las que no)?

¿Se puede congeniar el Libre Comercio con la Justicia Social, Cómo?

En esta lógica, el PLN debe propiciar la democracia económica, apoyar la reforma educativa de cara a ocupar mejores empleos, pero también, para crear nuevos propietarios en el marco de la revolución científico – tecnológica, así como proteger el ambiente y conservar la naturaleza.

El PLN debe ser un abanderado del tema de la competitividad, pero su compromiso principal debe ser con la solidaridad, que debe concretarse en la expansión y robustecimiento de una gran clase media, ejemplo de la calidad de vida a la que aspiramos todas y todos los costarricenses.

Por supuesto que estas ideas nos deben llevar a reflexionar echando mano de toda creatividad política: ¿Cómo concertar los intereses del importador con los del productor nacional?, ¿Cómo no cejar en la lucha contra la corrupción pública y privada?, ¿Cómo combatir la inseguridad sin coartar la libertad individual?

Indudablemente. Este tipo de intercambios son utilísimos para preguntarnos y repreguntarnos: ¿Qué es ser socialdemócrata hoy?. Nos atreveríamos a decir que serlo es estar convencido de que la lucha contra la pobreza no puede correr por cuenta de la mano invisible y artrítica del mercado ni por un Estado totalizante.

Es saber que debe existir un equilibrio entre la producción y la distribución de la riqueza; es luchar por tener mejores empleos y empleadores sin renunciar al anhelo de ser propietarios; es promover una fuerte inversión en capital físico y humano, de manera que quedemos resguardados de algunos efectos nocivos que pueda traer el libre comercio; es no abandonar la profunda reforma educativa que tenga como objetivo un mejor ser humano; es no perder de vista que la lucha contra la inseguridad no puede olvidar el valor de la dignidad humana; es reformar el Estado sin renunciar a su intervención en la economía de cara a distribuir mejor la riqueza; es ir de la apertura al mundo a la integración con éste.

En resumen, ser socialdemócrata hoy, es defender la vida y promover la vida, es como lo diría don Pepe, luchar por: “Proveer los medios para que a medida que avanza el tiempo, más y más ciudadanos nuestros, libres de la miseria, puedan modelar mejor su personalidad”.

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