Categoría: Internacional

Abr 12 2008

Musulmanes de Nueva York

Sergio I. Moya Mena

Si la islamofobia es uno de los principales obstáculos para el diálogo entre civilizaciones y religiones, lo es también para la paz, pues como lo dice el teólogo Hans Küng, no puede haber una verdadera paz en el mundo sin paz entre las religiones.

En los Estados Unidos, los neoconservadores han convertido al Islam en el principal enemigo de la civilización occidental.

Desde líderes cristianos como el teleevangelista Pat Robertson, que afirmó que el Islam “es una monumental estafa” y que el Profeta Muhammad era “un fanático de ojos salvajes, ladrón y asesino”, hasta intelectuales como Daniel Pipes, quien afirma que los musulmanes de Estados Unidos “son una amenaza y todos son sospechosos”, el discurso contra el Islam ha tenido un impacto significativo en la población.

Según una encuesta del diario The Washington Post, el 46% de los norteamericanos tiene opiniones desfavorables sobre el Islam y el 32% cree que esta religión promueve la violencia contra los no creyentes. De acuerdo con otra encuesta elaborada para el diario US Today, el 22% ni siquiera querría a un musulmán como vecino.

La islamofobia también ha alimentado las políticas del miedo en la presente campaña electoral: algunos de los precandidatos republicanos, como Rudolph Giuliani o Mike Huckabee, hicieron comentarios contra los musulmanes en reiteradas ocasiones.

Los islamófobos la han emprendido ahora contra Barack Obama, cuyo segundo nombre es Hussein y a quien acusan de haber asistido a una madraza (escuela coránica) en su niñez, lo cual sería “suficiente para cuestionar su lealtad a los Estados Unidos y descalificarlo como presidente del país”.

Que estos hechos se presenten en una nación que desde sus orígenes fue un faro de libertad para aquellos perseguidos por sus ideas religiosas, resulta muy desconcertante. Sindicar a los seis millones de musulmanes de los Estados Unidos como extremistas, esconde una actitud marcadamente racista. Según Jack Levin de la Universidad del Noroeste de Boston, quien es experto en el estudio del odio en los discursos políticos, el sentimiento antimusulmán que se vive actualmente, es similar a las actitudes hacia los japoneses americanos durante la Segunda Guerra Mundial.

Convencido de la necesidad de tender puentes, me acerco a tres comunidades musulmanas de Nueva York.

Esta ciudad es quizás la urbe más multicultural de todos los Estados Unidos y posiblemente de todo el mundo.

Desde tiempos coloniales ha sido un espacio de pluralismo religioso que ha posibilitado que convivan judíos, católicos, protestantes, musulmanes, hindúes y budistas. Pero no se puede obviar que aquí se llevó a cabo parte de los atentados del 11 de setiembre, lo cual indispuso a mucha gente contra el Islam. ¿Cómo son realmente los musulmanes de esta ciudad?
Primero, visito la mezquita Imam Al-Kohei, el más grande centro chiíta de la costa este estadounidense (los chiítas son aproximadamente el 14% de los musulmanes de Estados Unidos).

Allí me recibe el director de la biblioteca, a quien le preocupa que en nombre del Islam se cometan actos de violencia que son expresamente censurados por el Corán.

El terrorismo -me dice- no puede justificarse de ninguna manera en el Islam, que “valora la vida y considera la destrucción de una sola vida como la destrucción de toda la humanidad”.

Por la noche participo en una ceremonia de la Nur Ashki Jerrahi, una orden sufí.

Los sufíes son místicos y constituyen la rama más pluralista del Islam.

La ceremonia transcurre entre una recitación extática de poemas de amor y la lectura de diversos suras del Corán. Me sorprende ver a tantas mujeres y así se lo hago ver a Tom, uno de mis anfitriones, quien me mira asombrado y me dice: “¿qué tiene de particular? Todos somos iguales y uno en Dios”.

De hecho, quien dirige las oraciones no es un Sheik, un varón, sino una mujer, la Shaykha Fariha al Jerrah.

Al día siguiente, visito la mezquita sunita del Centro Cultural Islámico de Nueva York, la más grande del alto Manhattan.

Mi condición de cristiano no resulta ningún impedimento para que me inviten a participar en la Jumuah, la oración del viernes, y llego justo cuando el imán ha empezado su sermón o khutbah.

El tema del mismo son las responsabilidades éticas del musulmán.

En ninguno de estos tres encuentros hallé intolerancia, dogmatismo o, mucho menos, odio.

Fue apenas una pincelada de un fenómeno que es sumamente diverso en ese país como en todo el mundo pero, al menos, reafirma mi convicción de que tanto el Cristianismo como el Islam comparten valores e intereses comunes en el mundo contemporáneo y que entendiendo qué nos hace iguales y qué nos hace diferentes, podemos ayudar a trascender las barreras del prejuicio y fortalecer los lazos de convivencia.

Hace ocho siglos el místico sufí Ibn Arabi dijo: “Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía.

Ahora, mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas religiosas: es pradera de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, Tablas de la Ley y Pliegos del Corán, porque profeso la religión del amor y voy a donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el amor es mi credo y mi fe.”

Ene 10 2008

Álvaro Colom: un Presidente con dos nahuales

Álvaro Colom: un Presidente con dos nahuales

Por Mauricio Castro Salazar

De acuerdo con nuestras más arcanas tradiciones cada persona al nacer tiene el espíritu de un animal que se encarga de protegerlo y guiarlo: un nahual. (también se dice nagual o nawal). Los nahuales son los que los católicos llamamos ahora “ángeles de la guarda”. La tradición dice que “…usualmente se manifiestan sólo como una imagen que aconseja en sueños, o con cierta afinidad al animal que nos tomó como protegidos.”

Se dice también que una persona con un nahual lobo, tendría un excelente olfato. Una persona con un nahual jilguero cantaría “angelicalmente”. Una persona con un nahual halcón tendría una visión excepcional de conjunto.

El pueblo maya mantiene sus tradiciones oralmente. Una de las más importantes es precisamente el reconocimiento de los nahuales. Existe un sacerdote –hombre o mujer– que los identifica y pone en contacto al nahual con su “protegido”.

Alvaro Colom durante muchos años recorrió Guatemala en forma permanente. No creo que alguna comunidad afectada por la guerra quedó sin su visita y sin una posible solución proveniente de su lado y mucho menos sin un gesto amable o una sonrisa sincera y quizás hasta recibió un chiste de esos que se requieren para tomar aire al final de una jornada y se debe iniciar otra. En muchas de esas visitas Don Cirilo acompaño a Alvaro Colom.

Don Cirilo, el “lobo errante”, es uno de los que mantiene la tradición oral del pueblo maya. Es uno de los sacerdotes miembro del Consejo de Ancianos. Don Cirilo, en uno de los tantos viajes en que acompañó a Alvaro, le indicó al piloto del helicóptero que los transportaba –Alvaro Colom en ese entonces era Presidente de FONAPAZ, hace ya más de 10 años– que aterrizará “en aquel clarito”, el piloto con la venia de Álvaro hizo lo que se le indicó.

El sabio anciano, con agilidad juvenil, saltó del helicóptero y de quién sabe dónde sacó dos palos y se dedicó a trazar la Cruz Maya. El piloto con esas brújulas tecnológicamente avanzadas, comprobó –con gran incredulidad– la precisión del trazo: los puntos cardinales fueron dibujados con precisión ingenieril (¿o con exactitud milenaria maya?)

Cruz Maya
cruzmaya1.jpg

La ceremonia empezó.

Don Cirilo encendió el fuego sagrado, quemó copal, cantó, oró, pidiendo al Corazón del Cielo y al Corazón de la Tierra por el nahual del “ingeniero Colom”. Fue tirando aguardiente y las velas de 6 distintos colores al fuego y agradeciendo:

Rojo, al oriente, donde nace el sol. Se agradece el nuevo día.
Negro, al poniente, donde muere el sol. Se agradece la oscuridad, la noche, lo oculto.
Blanco, al norte, la salida del aire. Se agradece a los que no están y solo nos acompañan con su recuerdo, se agradece a los difuntos.
Amarillo, al sur, el aire que respiramos, la energía. Se agradece a la vida.
Azul cielo, en el centro hacia el oriente. El cielo. Se agradece al Corazón del Cielo.
Verde, en el centro hacia el poniente. La naturaleza. Se agradece al Corazón de la Tierra.

Después de un rato de ceremonia, cuando los niveles de concentración ya iban llegando a su climáx, dos halcones bajaron de la nada y se posó uno en cada hombro de Alvaro Colom.

¡Sorpresa para todos! Don Cirilo y Alvaro esperaban un nahual, ¡solo uno! Algunos no esperaban nada. ¡Dos nahuales!¡Dos nahuales! ¿Qué significa que una persona tenga dos nahuales? ¡Solo los escogidos tienen dos nahuales!, dijo alguién….

Ese es Alvaro Colom. El nuevo Presidente de Guatemala, electo por la mayoría de los guatemaltecos para dirigir su destino a partir del 14 de enero del 2008. Un Presidente con dos nahuales. Un Presidente con dos ángeles de la guarda. El halcón como nahual da a su protegido una excepcional visión de conjunto, ¿Qué darán dos halcones?

Nov 21 2007

Lo que está en juego en el Kurdistán

Sergio Moya Mena

Aunque los orígenes del pueblo kurdo se remontan 5 mil años atrás, esta comunidad de 30 millones de seres humanos es el pueblo sin Estado más grande del mundo. A lo largo de su historia han sido invadidos por muchos pueblos, pero ni siquiera Alejandro Magno pudo someterlos completamente. Kurdo era el genial Saladino, vencedor de los cruzados en la Batalla de Hattin y conquistador de Jerusalén en 1187. Indómitos y celosos de su cultura, los kurdos nunca han dejado de luchar por su libertad.

El Kurdistán comprende un área de 580 mil km2, distribuido entre lo que es actualmente Turquía, Iraq, Irán y parte de Siria y Armenia. El anhelo de independencia ha sido una aspiración que los kurdos han defendido siempre, muchas veces frente a la represión sanguinaria de sus vecinos o frente a la traición de las grandes potencias. Después de la I Guerra Mundial, el Tratado de Sèvres dispuso la creación de un Kurdistán independiente, lo cual fue rechazado por Turquía, que no solo se opuso violentamente a este proyecto, sino que prohibió la lengua y la cultura kurda en 1923 y más adelante llevó a cabo una cruenta persecución contra los kurdos que desembocó en la matanza de miles de campesinos en 1938. La represión turca se intensificó en los años setenta y la ley marcial fue impuesta en la región en 1978.

En los últimos meses y como uno de los muchos problemas irresueltos de Medio Oriente, el tema kurdo vuelve a los titulares en ocasión del inminente ataque del ejército turco contra posiciones del separatista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Irak. El PKK, una organización que 40 países consideran como terrorista, inició en 1984 una guerra por la autodeterminación en el sureste de Turquía. Esta rebelión fue brutalmente reprimida por las fuerzas de seguridad turcas, que destruyeron al menos 3.200 aldeas kurdas y llevaron a cabo numerosas matanzas que ocasionaron un éxodo de al menos tres millones de kurdos. Después de que el líder del PKK, Abdullah Öcalan, fuera capturado en 1999 y que las fuerzas de seguridad turcas inflingieran al PKK una serie de certeros golpes militares, el partido decidió abandonar la lucha armada, reanudándola cinco años más tarde, pero con menos capacidad operativa. Mientras esto ocurría en el Kurdistán turco, los kurdos iraquíes, liberados del yugo de Sadam Hussein y con el apoyo de Estados Unidos, constituían en 2003 el Gobierno Regional del Kurdistán, que incluye algunas de las regiones más ricas en petróleo.

La política de Estados Unidos hacia los kurdos ha sido muy ambigua, variando de acuerdo a sus intereses inmediatos: Durante los años ochentas, proveyeron a Turquía -su socio en la OTAN- de abundante equipo bélico -incluidos Helicópteros Cobra- que se utilizó para llevar a cabo la represión en las áreas kurdas. Después de la primera guerra del Golfo en 1991, los abandonó (junto a los chiítas del sur de Iraq), pese a haberlos instigado para que se rebelaran contra Hussein. Ahora, Estados Unidos hace uso de los kurdos iraquíes para legitimar la ocupación militar de Iraq y según el periodista Seymour M. Hersh de la prestigiosa revista New Yorker, apoyan a la guerrilla kurda iraní del Partido para la Vida Libre en Kurdistán (PJAK), contra el gobierno de Teherán.

Esta veleidosa política podría resultarle muy cara a Washington, amenazando con hacer “explotar” algunas de las alianzas mutuamente contradictorias que tiene en la región. Por un lado, el gobierno turco del primer ministro Recep Tayyip Erdo?an, presionado por el ultranacionalista Estado Mayor del Ejército, amenaza con un ataque masivo contra las posiciones del PKK en el norte de Iraq. El motivo inmediato son los recientes ataques del PKK contra tropas turcas en el sudeste del país, pero resulta imposible obviar el hecho de que Turquía siempre ha mantenido una reivindicación sobre la zona aledaña a las ciudades de Kirkuk y Mosul. El pretexto es la existencia allí de una comunidad de turcomanos a la que se empeña en “proteger”, pero es evidente que el interés tiene que ver con petróleo. Esta situación pone en aprietos a Estados Unidos que no puede ser insensible a las demandas turcas para obtener “luz verde” y actuar contra el PKK. Turquía es uno de sus principales socios estratégicos en Asia Central y tan sólo desde la base de la OTAN en Incirlik, en el sur del país, Estados Unidos recibe el 60% del aprovisionamiento para sus tropas en Iraq. Por otro lado, Estados Unidos se ve obligado a proteger a los kurdos de Iraq, que han demostrado ser “aliados eficaces”, especialmente para combatir a la insurgencia. El Gobierno Regional del Kurdistán constituye la región más estable de Iraq y vive un verdadero apogeo económico gracias al petróleo. Tan solo el pasado 4 de noviembre el gobierno regional anunció siete nuevos contratos de explotación petrolera con compañías norteamericanas y europeas. Los kurdos iraquíes aspiran a la creación de un “Gran Kurdistán” y una invasión turca naturalmente despertaría la solidaridad de todos los kurdos distribuidos en los países aledaños, creando una situación políticamente volátil que podría afectar los planes de Estados Unidos para la región.

Nov 07 2007

Guatemala: Después de la larga noche

Marcelo Prieto Jiménez

Dedico este envío a
Manuel Carballo Quintana y a la
memoria de Héctor Oquelí Colindres.

Creyeron matar la razón,
los que mataron a Meme Colom.
Pero Manuel anda en las calles,
exigiendo libertad.

Así dice una vieja canción protesta guatemalteca, y al contemplar la victoria luminosa de Alvaro Colom y la Unidad Nacional de la Esperanza, recuerdo muy bien esos días de oscuridad y de miedo.

Hoy, que la luz brillante de la democracia comienza iluminar con vigor a Guatemala, que hace más bellos sus volcanes y sus lagos, que alienta a su pueblo generoso y fraterno, estoy obligado a hacer recuerdos personales que nunca he hecho, por dolorosos, sobre la larga lucha librada por el pueblo guatemalteco contra la tenebrosa noche de la dictadura y la opresión.

Esos recuerdos comienzan hacer casi 29 años, en diciembre del 1978, cuando en mi condición de diputado socialdemócrata y en ese momento Presidente de la Juventud Liberacionista, fui invitado por el naciente Partido Socialista Democrático de Guatemala a brindar una exposición sobre los principios de la socialdemocracia, dentro del programa de su Primer Congreso Regional de Capacitación Política, que se realizaría en Quezaltenango.

La invitación la gestionó un hermano de luchas muy querido, Mario Solórzano, a través de Manuel Carballo. Acepté de inmediato, y viajé a Guatemala a los pocos días, en compañía de Jorge Vargas Roldán. Fuimos recibidos por Mario y por el fundador y principal dirigente del nuevo partido, ya una verdadera leyenda política en América Latina: Alberto Fuentes Mohr. Su libro testimonial, Secuestro y Prisión, se había convertido ya en un clásico de la literatura política latinoamericana. Con Alberto y Mario viajamos a Quezaltenango, y participamos emocionados en un acto político extraordinario: intelectuales, obreros, campesinos, indígenas, estudiantes, empresarios, hermanados todos en el esfuerzo por construir un movimiento político socialdemócrata en Guatemala. Procuramos un acercamiento del nuevo partido con el Frente Unido de la Revolución (FUR), de Manuel Colom Argueta, Meme, entonces Alcalde de la ciudad de Guatemala.

De ese viaje nació una sólida amistad con Alberto, desde luego con Mario Solórzano, y con muchísimos dirigentes guatemaltecos. Conservo en mis recuerdos de oro una foto de la mesa principal de ese congreso regional: de una gran mesa pletórica de dirigentes, solo Jorge Vargas y yo estamos con vida. Todos los demás, salvo dos -Mario Solórzano y Mario Aníbal González-, fueron asesinados por el Ejército. El primero de todos, Alberto, y muy pronto, Marco Antonio Cacao, un periodista de vigoroso esfuerzo democrático. Detrás de ellos, todos los demás, fueron cayendo en la implacable cadena de muerte que la oligarquía guatemalteca había impuesto desde décadas atrás. No hay ni uno vivo.

Mi amistad directa y personal con Alberto Fuentes Mohr había de ser sólida pero muy corta. Un mes y medio después de nuestro viaje, Alberto fue perseguido y asesinado en las calles de Guatemala por un comando paramilitar, el 24 de enero de 1979. Al día siguiente de su asesinato, como para restregarle su burla en la cara al pueblo guatemalteco y a nosotros sus amigos internacionales también, en un acto de verdadera burla sangrienta y tenebrosa, las autoridades guatemaltecas autorizaban con bombos y platillos la inscripción electoral del Partido Socialista Democrático de Guatemala, negada reiteradamente una y otra vez antes del día del asesinato.

Después de la muerte de Alberto, con Manuel Carballo, y con Jorge Vargas, comenzamos a trabajar para fortalecer el naciente partido, y continuamos el esfuerzo para procurar su acercamiento con el otro movimiento político de izquierda democrática que había surgido en Guatemala: el Frente Unido de la Revolución, dirigido por Manuel Colom Argueta. No pude viajar al entierro de Alberto, pero el entonces diputado Tobías Vargas, que representó a la Fracción Legislativa y al Partido en esas dolorosas exequias en Quezaltenango, llevaba un mensaje de solidaridad y de respaldo para Meme Colom, ya también amenazado de muerte.

La Catalina, con Manuel Carballo, se convirtió, como siempre, en un punto de encuentro solidario. La Juventud Liberacionista fue anfitriona de las juventudes del PSD y del FUR, y el camino de la unidad y la cooperación fue creciendo. Meme fue invitado a venir a Costa Rica, y con Mario Solórzano y otros compañeros trabajamos para fortalecer esa unidad socialdemocrática esencial para la lucha en Guatemala.

Muy pronto, otra vez hincó su sucia garra el chacal: el 22 de marzo de 1979, a poco menos de dos meses de la ejecución de Alberto, Manuel Colom Argueta fue asesinado también en la ciudad de Guatemala. Un comando militar liquidó a sus dos compañeros guardaespaldas y lo persiguió por las calles de Guatemala, en una persecución dirigida desde un helicóptero militar por representantes del alto mando del Ejército. Acribillaron a Meme y segaron otra vida esencial para el progreso democrático de Guatemala. El PSD y el FUR no sobrevivieron duraderamente al asesinato de sus líderes, a pesar del esfuerzo y el martirio de tantos y tantos compañeros.

Seguí ayudando a la lucha de los compañeros de Guatemala en lo que pude. Desde Costa Rica, desde México, desde Guatemala, a donde fui muchas veces. Suspendí mis viajes cuando Mario Solórzano, entonces Ministro de Trabajo de Vinicio Cerezo, me advirtió que no le podíamos jalar tanto el rabo a la ternera, que había recibido informaciones alarmantes, y que debía dejar de ir a Guatemala por un tiempo.

En ese entonces, las cosas se estaban endureciendo todavía más, si eso fuera posible. Y lo era: el secuestro y asesinato en Guatemala de otro queridísimo hermano de lucha, Héctor Oquelí, dirigente salvadoreño del MNR, exViceministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, y Coordinador del Secretariado Latinoamericano de la Internacional Socialista, ocurrido el 12 de enero de 1990, me confirmó las advertencias de Mario.

Dejé de ir a Guatemala por años. Solo volví muy recientemente, invitado por la Fundación Ebert, a una reunión regional de la izquierda democrática centroamericana, patrocinada por ellos. Pero siempre mantuve a Guatemala en el corazón y seguí pendiente de las luchas de su pueblo en su largo ascenso hacia la libertad. Le doy gracias a la Fuerza que gobierna mi destino, que hace varios meses me permitió ayudar un poquito para que la Unidad Nacional de la Esperanza lograra una rápida y fluida conexión con el CALCIS y con la Internacional Socialista.

Hoy, que vencimos en Guatemala, y que el gran pueblo guatemalteco vuelve a habitar en la esperanza, debemos rendir homenaje a los miles de demócratas, socialistas democráticos, socialdemócratas, o simplemente luchadores de la libertad, caídos en la larga noche de la represión aplicada sistemáticamente en Guatemala desde 1954, después del derrocamiento del Presidente Jacobo Arbenz.

Hoy debemos rendir un cariñosísimo recuerdo de solidaridad, homenaje y agradecimiento histórico a Alberto Fuentes Mohr y Manuel Colom Argueta, artífices históricos de este resultado, mártires de la democracia, asesinados por la oligarquía guatemalteca para decapitar el movimiento popular democrático, único medio de mantener en la opresión, en el vasallaje, y de rodillas, al gran pueblo guatemalteco, a las grandes mayorías populares, que hoy ya se pusieron de pie.

Doy gracias a los lectores amigos porque me han permitido compartir con ellos recuerdos y emociones. Otros dirán lo de siempre, como siempre.

Solo lamento profundamente y me duele en el alma, el informe que me brindaron ayer algunos amigos guatemaltecos: quien fue recibido hace algunos días por el gobierno costarricense y por nuestras autoridades, fue el candidato de la derecha guatemalteca, el general Otto Pérez Molina.

Fue él y no Alvaro Colom quien se reunió con nuestro Presidente, durante el proceso de la campaña electoral guatemalteca. Muy doloroso.

Pero eso debe dejarse de lado en medio del triunfo y la alegría. Hoy, quisiera transmitir al pueblo guatemalteco y a los socialdemócratas un mensaje de esperanza y de optimismo. La izquierda democrática llega por primera vez al poder en Guatemala, teniendo como abanderado a un militante de larga y probada trayectoria democrática: el compañero Alvaro Colom. Por primera vez en la historia de Guatemala, la socialdemocracia pura, la socialdemocracia clara, precisa y definida, gana las elecciones nacionales.

Alberto y Manuel están vengados.

Un abrazo especial a Luis Zurita, y a Olmedo España, en la UNE. Un abrazo especial a los compañeros Eduardo Núñez y Hazel Alpízar, verdaderos embajadores socialdemócratas costarricenses en Guatemala. Un abrazo a Manuel Carballo Quintana, que vivió todo esto.

Hoy solo me resta decir:

¡ Viva el pueblo guatemalteco ¡

¡ Viva Guatemala socialista y democrática¡

¡ Arriba Alvaro Colom ¡

Alberto Fuentes Mohr: ¡ presente ¡

Manuel Colom Argueta: ¡ presente ¡

Nov 03 2007

Noruega: de cómo el pueblo recobró la voz y la socialdemocracia tuvo que virar a la izquierda

Odd Anders

“Sólo en un clima tal de movilización popular podía hacerse entrar en razón a la socialdemocracia. Todavía a mediados de 2004, un año antes de las elecciones parlamentarias, su dirección se negaba categóricamente a considerar siquiera la posibilidad de formar una coalición con el partido de la izquierda socialista (escindido del partido madre en 1975 por desavenencias respecto de la entrada de Noruega en la OTAN). Pero, en la medida en que los sindicatos no estaban dispuestos a tolerar ese boicot, en la medida en que los presidentes del partido de la izquierda socialista y del partido de centro eran invitados en calidad de oradores a los congresos sindicales en pie de igualdad con los dirigentes socialdemócratas, las bases de éstos se negaron en redondo a seguir aceptando la negativa. El cambio culminó a pedir de boca cuando comenzó una campaña electoral en la que los sindicatos actuaron por propia cuenta, presentando durante meses –junto con Attac Noruega y otras organizaciones— a los partidos políticos catálogos reivindicativos de todo punto concretos (articulados en una lista de 54 entradas): el pueblo cobró subitáneamente voz, y pudo decir lo que quería y lo que no quería. La alianza de sindicatos y sociedad civil tomó abiertamente partido por la izquierda.”

Lección noruega para los países meridionales de Europa: también la socialdemocracia puede moverse, y a veces, hacia la izquierda.

Gracias al petróleo, al gas y a las granjas piscícolas, Noruega es uno de los países más ricos de la tierra. En términos de renta per capita, sólo los luxemburgueses y los estadounidenses son más ricos que los noruegos. El Estado septentrional es, tras Arabia Saudita y Rusia, el tercer exportador mundial de petróleo y disfruta desde hace años de un tesoro público que no para de crecer. Ello es que el grueso de los ingresos petroleros (incluidos los ingresos fiscales derivados del petróleo) se coloca en el extranjero; sólo un 4% anual va a parar al presupuesto estatal. Estadísticamente, cada noruego dispone de una fortuna en el extranjero rayana en los 34.000 euros, casi tanto como la renta per capita anual.

Sin embargo, las plagas del neoliberalismo visitaron también a los 4,5 millones de noruegos. Es verdad que su Estado social resulta perfectamente financiable merced a la abundancia de petrodólares, pero la asediante ideología de la “modernización” dominó la política gubernamental de los años noventa. Con gobiernos socialdemócratas en minoría apoyados por el centro derecha (liberales, conservadores y cristiano-populares), se liberalizó y se desreguló de forma tal, que el Estado social no quedó intacto. Se empezó privatizando las fuentes de la riqueza nacional que son el petróleo y el gas (entre otras, las empresas petroleras otrora puramente públicas). Lo mismo ocurrió luego con la red de ferrocarriles y los servicios hasta entonces públicos. Tras haber allanado el camino varios gobiernos socialdemócratas minoritarios, irrumpió luego un gobierno burgués igualmente minoritario que continuó la labor con vehemencia.

El primer gobierno mayoritario desde hace 20 años

Desde 2005 han cambiado las cosas, con un gobierno formado por la socialdemocracia (Det Norske Arbeiderparti/ DAN), el partido de centro ( Senterpartiet/SP) y el partido de la izquierda socialista (Sosialistik Venstreparti/SVP), una coalición que se propuso explícitamente un cambio, reparar los destrozos neoliberales e inaugurar una era post-neoliberal.

Que los socialdemócratas fueran a parar a la oposición tras las elecciones de 2001, significó un aldabonazo de tal envergadura para el partido, que propició el giro a la izquierda y facilitó la despedida de los dogmas neoliberales. Por vez primera en su larga historia, pareció abierto a una alianza con otros partidos de izquierda –el partido de la izquierda socialista y el partido de centro—. Con eso logró el Arbeideparti recuperar una parte de los electores perdidos. Y aunque la coalición burguesa-conservadora prometió en la campaña electoral de 2005 rebajas de impuestos por más de tres mil millones de euros, la socialdemocracia se avilantó a anunciar un incremento moderado de la presión fiscal, a fin de que el Estado pudiera ser más activo en lo social y en la educación, así como la creación de 10.000 nuevos puestos de trabajo en el cuidado de ancianos. También anunció que, caso de ganar las elecciones, revisaría las privatizaciones y volvería a financiar generosamente a los municipios, que ahora prestaban el grueso de los servicios públicos.

Los electores no se dejaron amedrentar por el alboroto propagandístico generado al respecto por las derechas, y otorgaron a la previsible coalición de gobierno de la izquierda una clara mayoría. Al partido de la izquierda socialista el giro a la izquierda de la socialdemocracia no le fue muy bien –perdió votos, y sólo llegó esta vez al 8,8%—, aunque la izquierda en su conjunto quedó visiblemente robustecida.

Apenas llegada al gobierno, la coalición tripartita de izquierda –la primera mayoría gubernamental del país en 20 años— empezó a poner por obra las sorprendentemente radicales promesas de su programa común. La privatización de los ferrocarriles fue cortada en seco, y lo mismo ocurrió con el avance de las escuelas privadas. Se dio cerrojazo a ulteriores desregulaciones, miles de millones de coronas fueron a parar a los servicios públicos municipales, y los soldados noruegos regresaron de Afganistán y de Irak.

Los sindicatos no permiten que el partido de la izquierda socialista quede fuera

Ese cambio de orientación de la socialdemocracia no salió de ella misma: el partido de la izquierda socialista, los sindicatos y los movimientos sociales tuvieron una participación decisiva. Por lo pronto, en 2001 la Unión Sindical Nacional de Albañiles Tejadores decidió no financiar sólo a la socialdemocracia, sino también al partido de la izquierda socialista, manifestándose abiertamente, además, a favor de una alianza parlamentaria de ambos partidos de izquierda. Algunos sindicatos se lanzaron a la campaña a favor del Estado de bienestar, a la que se sumaron pronto varias asociaciones de jubilados, campesinos, mujeres y estudiantes. Su protesta no pudo ser ya desoída cuando estaban en campaña por todo el país no menos de 20 organizaciones capaces de movilizar a más de un millón de afiliados (en un país de 4,5 millones de habitantes). Sólo el movimiento popular a favor de los servicios públicos alcanzó a una cuarta parte de todos los municipios noruegos.

Sólo en un clima tal de movilización popular podía hacerse entrar en razón a la socialdemocracia. Todavía a mediados de 2004, un año antes de las elecciones parlamentarias, su dirección se negaba categóricamente a considerar siquiera la posibilidad de formar una coalición con el partido de la izquierda socialista (escindido del partido madre en 1975 por desavenencias respecto de la entrada de Noruega en la OTAN). Pero, en la medida en que los sindicatos no se mostraron dispuestos a tolerar ese boicot, en la medida en que los presidentes del partido de la izquierda socialista y del partido de centro eran invitados en calidad de oradores a los congresos sindicales en pie de igualdad con los dirigentes socialdemócratas, las bases de éstos se negaron en redondo a seguir aceptando la negativa. El cambio culminó a pedir de boca cuando comenzó una campaña electoral en la que los sindicatos actuaron por propia cuenta, presentando durante meses –junto con Attac Noruega y otras organizaciones— a los partidos políticos catálogos reivindicativos de todo punto concretos (articulados en una lista de 54 entradas): el pueblo cobró súbitamente voz, y pudo decir lo que quería y lo que no quería. La alianza de sindicatos y sociedad civil tomó abiertamente partido por la izquierda.

En 2009 se celebrarán las próximas elecciones parlamentarias. El impulso del invierno 2005/6 parece agotado. Mas la izquierda no se ha quedado quieta: Noruega dispone del más ambicioso programa contra el cambio climático –aun si desinhibidamente fiado a la compra de derechos de emisión—; tiene una generosa ayuda al desarrollo; la exploración de las reservas de petróleo y de gas en el extremo norte prosigue resueltamente; el Estado de bienestar vuelve a construirse, no a desmontarse. Se ayuda a la familia con medidas no ideológicas, pero efectivas. Gracias a inversiones consecuentes en prestaciones públicas de servicios, el desempleo está claramente por debajo de la media de la UE.

Disputas como la de la entrada en la UE o la de la salida de la OTAN, que podrían hacer estallar a la coalición en las próximas elecciones, han sido hasta ahora evitadas. Lección para los países meridionales de Europa: también la socialdemocracia puede moverse, y a veces, hacia la izquierda.

Odd Anders es un analista político noruego.

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