Del embalse La Cueva y otros ataques
Señor
Freddy Pacheco
Durante muchos años he tolerado pacientemente los malintencionados comentarios, textos y correos masivos con los que usted ha atacado mi trayectoria profesional –tanto nacional como internacional—en los temas de agua, de los que usted presume ser experto. Me he rehusado a contestar esos ataques en parte porque entiendo que quien asume una posición pública está expuesto a la crítica y en parte porque pensé que la limitada coherencia de sus comentarios y la reducida respetabilidad de la fuente no ameritaban una respuesta.
Eso tiene un límite. Con sus últimas descargas – correos masivos ostensiblemente dedicados a criticar mi participación en la gestión del proyecto del Embalse de La Cueva y encabezado con las frases “O acabamos con la corrupción, o la corrupción acaba con nosotros” y “La Cueva, el negocio del agua”— usted ha traspasado una línea tan crucial como sagrada. No le permitiré a usted ni a nadie utilizar una legítima discusión sobre política pública para lanzar sombras sobre mi integridad personal. No le permitiré a usted ni a nadie utilizar en mi contra el manido expediente de sugerir la presencia de actos de corrupción sin ofrecer la menor prueba de ellos. Si su intención, como creo, es enlodar mi nombre, entonces le pido que tenga al menos la elemental gallardía de hacerlo transparentemente y sin ambages. No lo sugiera, don Freddy, dígalo y pruébelo. De lo contrario, no quedará más que concluir que o no tiene prueba alguna o no tiene hombría alguna o, lo que es más probable, no tiene ninguna de las dos cosas.
En el texto que ha enviado masivamente, usted me pide explicaciones sobre el Proyecto de La Cueva. No tengo problema alguno en darlas, como lo hago con todos los actos y gestiones que realizo como diputada.
He defendido la construcción de la represa de La Cueva y del embalse de Río Piedras, ambos en Guanacaste, desde hace muchos años, bastante antes de ser diputada. Considero que ambos proyectos mejorarían la oferta de agua en una provincia que, a pesar de tener una buena dotación hídrica, no ha contado con la inversión pública ni privada necesaria para regular las escorrentías, aprovechar eficientemente el agua y convertirla en lo que debe ser, un motor de desarrollo. La concepción que anima estos proyectos es la de fortalecer el uso múltiple del agua, donde se privilegie el acceso del recurso por parte de las comunidades, pero asimismo se permita su uso por todos los sectores usuarios y, al mismo tiempo, se prevenga la desastrosa repetición de inundaciones en comunidades de la parte media y baja de la cuenca del Río Tempisque, como Paso Tempisque, Bolsón, Ortega, Corralillo, Filadelfia, entre otras muchas. Esta concepción la defendí antes y la continúo defendiendo ahora, no sólo por elemental coherencia, sino porque en su defensa va la protección de intereses vitales para las ciudadanas y los ciudadanos que me honraron haciéndome su representante ante la Asamblea Legislativa.
Para mi sorpresa, me veo en la posición de aclararle que el proyecto de La Cueva no es, como usted lo afirma, un proyecto de ley. Excepto cuando requieren de empréstitos externos, los embalses o las obras de infraestructura no entran a la corriente legislativa. La más elemental diligencia de su parte le hubiera revelado esto. La Cueva es un proyecto de inversión, que requiere, para empezar, estudios de prefactibilidad (que ya ha elaborado el SENARA) y, posteriormente, de factibilidad. Es esta última etapa la que se busca emprender ahora. Es obvio que sin estos estudios previos no se puede saber con certeza si la obra inundará o no 400 hectáreas del Parque Nacional Santa Rosa, o si habrá de requerir la desviación de 4 km de la Carretera Interamericana Norte o cuál pueda ser la magnitud de los impactos ambientales que genere. Al día de hoy, todos los potenciales desastres que usted atribuye a este proyecto no tienen fundamento técnico alguno. No son más que un producto de la especulación o la ignorancia, o de los estudios, nunca de factibilidad, de una cooperación internacional (Japón) de hace casi una década atrás, donde la situación no es la actual.
Debo decir que me sorprende, en particular, el curioso cuestionamiento de que yo haya utilizado papel membretado de la Asamblea Legislativa para hacer gestiones relativas a este proyecto. Eso es simplemente desconocer cuál es el trabajo de un diputado. Este proyecto, le repito, es de importancia central para el desarrollo futuro de la provincia de Guanacaste, provincia que represento. Lo exótico sería que, formando parte de mi trabajo como representante popular, hiciera gestiones para la realización del proyecto utilizando cualquier otro papel que no fuera el de la Asamblea Legislativa.
Si el uso de papel membretado es de lo único que me puede acusar con pruebas, entonces no tiene sentido continuar esta discusión. Porque todas sus otras insinuaciones ni siquiera ameritan una respuesta, excepto decirle que no tengo problema alguno de que cualquier persona revise mis cuentas bancarias y movimientos financieros. Venderme para defender posiciones no es mi estilo, don Freddy. Tengo una trayectoria profesional limpia y una historia de compromiso con las causas ambientales en la que no hay ejemplos, como en la suya, de cambios inexplicables de opinión que terminan por poner en peligro un área silvestre protegida, como el Parque Nacional Baulas. Esa hoja profesional incluye, a mucha honra, mi trabajo para la Asociación Mundial del Agua (GWP) y otras instancias internacionales, trabajo que, además, ha sido reconocido internacionalmente. Si esta es otra de sus “acusaciones”, sepa que la acepto con agrado y que dice más de usted, que de mí.
Como diputada de Guanacaste voy a seguir defendiendo e impulsando lo que crea mejor para todos los habitantes de mi provincia. No me voy a amedrentar ante insinuaciones o calumnias. Mal que le pese a usted, voy a seguir buscando los recursos necesarios para los estudios de factibilidad y la construcción de los embalses de La Cueva y Río Piedras. Si usted quiere oponerse a mis gestiones, hágalo con datos e información técnica. Y si quiere que debatamos públicamente los méritos de estos proyectos, con gusto lo podemos hacer. No será la primera vez que debatamos. Le pido, eso sí, que no lo hagamos en la comodidad y la seguridad del correo electrónico. Si quiere polemizar –y sobre todo si quiere cuestionar mi integridad— hágalo como los hombres: a plena luz del día, de frente, viendo a los ojos y dándole la cara a los guanacastecos. Ni yo, ni Guanacaste, estamos dispuestos a aceptar menos.
Atentamente,
Ing. Maureen Ballestero Vargas
Diputada a la Asamblea Legislativa por la Provincia de Guanacaste
Presidenta de la Comisión de Ambiente de la Asamblea Legislativa