Jul 15 2008

Ingrid, eres libre, Colombia serás libre

Ocean Castillo Loría.

Gran alegría ha causado en el mundo entero la liberación de Ingrid Betancourt.

Con esta liberación se revive la esperanza de Colombia, esperanza que siempre compartió Ingrid en sus luchas políticas, esperanza que si bien es cierto se oscureció en algunos momentos, hoy brilla fulgurante para Latinoamérica.

Ya en la vida política de Ingrid se podían observar las intimidades de una madre y esposa que sentía la presión de las amenazas de un aparataje corrupto que busca intimidarla y hasta eliminarla. La cúspide de esas presiones se concretarán en el secuestro que la separará de su entorno por largo tiempo.

Desde su niñez y adolescencia Ingrid cultiva el más profundo amor por su país.

En la historia de Colombia llegará un momento en que las esperanzas de su pueblo, se cifran en un hombre: Luis Carlos Galán. Desgraciadamente, esas esperanzas se apagan bajo el sonido de las balas y su asesinato.

Vendrán las administraciones de Gaviria y sus indecisiones en torno al tema del narcotráfico y la guerrilla, y de Samper, rodeado por una atmósfera de corrupción. Comienza la clara lucha de Ingrid por alcanzar el poder para cambiar las cosas. Ella llega a la Cámara de Representantes con altísima legitimidad.

Su voz de denuncia debe ser acallada, comienzan los montajes y las amenazas.

Se confirma una triste realidad, la campaña de Samper fue financiada por el narcotráfico. La cúpula gobernante busca a toda costa mantenerse en el poder. Ingrid escribe un libro donde denuncia sus conjuras, por las amenazas, Betancourt se ve obligada a enviar a sus hijos al exterior. El precio por denunciar la corrupción es muy alto.

El espacio de la Cámara Baja ya no es suficiente para alcanzar los objetivos que Ingrid se ha propuesto… la escala siguiente es el Senado. La crisis del sistema de partidos políticos tradicionales es evidente, Betancourt funda su propio partido: Oxígeno. Y con él, da la gran sorpresa de vencer contra todos los pronósticos.

De cara a un nuevo proceso electoral, será el candidato Conservador Andrés Pastrana quien busca a Ingrid, luego de un estira y encoge, firman un pacto de reforma política. Una vez más resurge la esperanza. Pero de nuevo aparece la desilusión. Pastrana gana las elecciones y la politiquería derrota las intenciones de cambiar las cosas.

Betancourt no se rinde, y busca la paz, descubre que en apariencia los distintos grupos en pugna también la desean. En el corazón de Ingrid, surge de nuevo la ilusión de un rescate de Colombia.

En el 2001 Betancourt renuncia al Senado y postula su nombre como candidata a la presidencia de La República de Colombia, pese a su lucha, al momento de ser secuestrada su apoyo no llega al 1%.

Un año después, la candidata viaja a San Vicente de Caguán, con el objetivo de apoyar al Alcalde del lugar, quien era militante de su partido, ya que este sitio estaba siendo retomado por el gobierno luego de que formara parte de la llamada zona de distensión, cuyo objetivo era tratar de facilitar las condiciones de negociación con las FARC. Es en este momento que Ingrid es secuestrada junto a su inseparable compañera de luchas, Clara Rojas.

En julio de 2002, se presenta un video en el que Ingrid hace una fuerte crítica al desinterés del gobierno por el tema de los secuestrados. El resto es historia conocida, en noviembre del año pasado se dan a conocer evidencias de que Betancourt esta con vida, entre ellas una carta.

En esta misiva hay tristeza… una profunda tristeza.

Ingrid describe un lugar de muerte en vida, donde el mayor esfuerzo es mantener la esperanza. Un lugar donde conforme a sus palabras, pondera la incertidumbre y la precariedad, un lugar donde nada puede ser propio.

“La felicidad es triste. El amor alivia y abre heridas nuevas… es vivir y morir de nuevo”, dice Betancourt, quien expresa que la única luz es Dios en quien confía. La lectura de esta carta llenó de lágrimas los ojos de mucha gente e hizo estallar la rabia de muchos. Rabia por la impotencia, por la violencia, por la injusticia.

Pero ahora todo ha cambiado, se cumplieron las palabras de Anastasia, quien en unos versos a su querida Tía le dijo: “Por un golpe de suerte, por un golpe de magia o un golpe de Dios, en tres años o 3 días estarás de vuelta con nosotros…”.

Resulta cierto que fue un verdadero golpe lo que se ejecutó con la liberación de Betancourt y de otros 14 rehenes. Ha quedado al desnudo la debilidad de las FARC, que ahora parece un “tigre de papel”. Y es que hay que tener claro que ese golpe a puño cerrado, fue significado por la gran movilización que en Occidente provocó la imagen secuestrada de Ingrid.

También es verdad que las bases de poder del Presidente Uribe se han fortalecido sobremanera, y esto significa que la derecha ha encontrado un importante bastión en un continente en el que los proyectos de izquierda democrática y los bolivarianos, habían venido tomando auge.

Este fortalecimiento de Uribe puede ser aprovechado por su gobierno para cubrir con un manto las objeciones a la reelección presidencial que se hicieron hace poco y que, contemplaban clara corrupción.

Es indudable que otro actor que puede fortalecerse indirectamente es Estados Unidos y quedando así, muy bien abiertas las puertas para impulsar el TLC entre los cafeteros y los gringos.

Mucha gente hubiese querido que Ingrid, después de su liberación, despotricara contra el Presidente Colombiano, de hecho, en una entrevista con el reconocido periodista Jorge Ramos, éste le pregunta a Ingrid, después de citarle unas palabras suyas contra Uribe en plena campaña electoral, cuál era su actual criterio sobre el gobernante, a lo que ella responde: “Uribe representa la voluntad de los Colombianos”.

¿Cómo puede esperarse que un ser humano que ha vivido el trauma del secuestro no se muestre prudente en sus opiniones?

¿Cómo va a lanzar la liberada un furibundo ataque contra quien, aunque no le guste a mucha gente, fue fundamental para que ella alcanzara la libertad?

Es claro que deberemos esperar un tiempo, un tiempo razonable para que Betancourt “recargue” sus baterías y regrese aquella mujer capaz de enarbolar las banderas de la restauración democrática y moral que necesita, no solo Colombia, sino, muchos otros países postrados por la corrupción.

Pero no solo eso, cuando las experiencias negativas son asimiladas con sabiduría, aparecen los profundos cambios positivos. Ingrid ha dicho que será menos impulsiva ya que por ello, ha hecho cargar una pesada cruz a sus familiares.

Betancourt podría ser una política con la fuerza y la mística que siempre la ha caracterizado, pero también más consciente de las ventajas del diálogo y con la virtud de la solidaridad con los secuestrados, no fruto de una pose discursiva sino, como consecuencia de estos tormentosos años en la selva.

Ingrid es un símbolo, y es de esperarse que fortalezca una visión propicia a la cultura de paz en un mundo como el del presente siglo, donde la “guerra preventiva” y la violencia asientan cada vez más sus garras. Es en esta línea que ella ha convertido su larga cabellera como forma de hacer sólido el recuerdo de lo que le ha pasado y su obligación de seguir luchando por la paz. Y esa lucha por la paz no conoce barreras en sus aliados, Betancourt habla de paz tanto a Uribe como al Presidente Venezolano Hugo Chávez.

La acción política de la colombiana es no permitir que los que quedan en las selvas sean olvidados por los actores políticos nacionales e internacionales que colaboraron con su propia liberación.

Hemos dicho que ahora las bases de poder del Presidente de Colombia se han fortalecido, lo que está por verse es por donde irá a presentarse el futuro político de Ingrid Betancourt. Lo que resulta cierto es que en la palestra político – electoral se marcarían más las diferencias entre ella y el “Uribismo”. Esto, por no sumar un posible premio Nóbel de la paz.

Ingrid es libre, Colombia puede ser libre, pero la libertad y la paz no es solo cuestión de la ausencia de conflictos armados. Ella puede ser pilar fundamental en la construcción de un proyecto de democracia social del que tanto urgen importantes sectores en ese país.

Colombia será libre si se actúa de manera racional, alejando el triunfalismo y la venganza. Colombia será libre si se es realista y se emprende de manera definitiva el camino de la negociación y la paz.

Por lo pronto, las esperanzas son altas: “Ingrid eres libre, Colombia serás libre”.

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