Janina del Vecchio y el perfil del Ministro de Seguridad
Marcelo Prieto Jiménez
Cuando hace poco más de dos meses la diputada Janina del Vecchio fue designada como nueva Ministra de Seguridad Pública y Gobernación, se levantaron voces críticas desde diversos ángulos del espectro político nacional.
Para algunos grupos de izquierda y algunos sectores del PAC, ese nombramiento era la confirmación de que, lejos de su discurso oficial, el Gobierno no había pasado la página del TLC, ni mucho menos. La designación de la distinguida diputada que había presidido la Comisión de Asuntos Internacionales de la Asamblea -órgano que tuvo a su cargo dictaminar el Tratado- al frente de un Ministerio que está en el centro de la polémica pública y que maneja uno de los temas electorales más críticos, se interpretó como un ejemplo más de que todavía a estas alturas, para el Gobierno, las decisiones esenciales, los nombramientos y los vetos se toman a través del lente monocular del TLC.
Para esos sectores, el Gobierno no ha podido arrancarse ese monóculo y no puede ver con mayor amplitud e inteligencia el panorama político nacional, al inicio de la época de las vacas flacas y con la pirotecnia electoral asomando ya en el horizonte cercano. Cuando precisamente más necesita ampliar su ámbito de relaciones y su capacidad de maniobra, según ellos, el Gobierno todo lo mide todavía con el criterio de quién estuvo y quien no con el bendito Tratado, y por eso no le importó el “perfil” idóneo del nuevo titular del Ministerio de Seguridad Pública, que seguramente requería, expresaron, al menos de un abogado “que supiera de derecho penal y seguridad pública”.
Para los grupos de derecha conservadora, el nombramiento de doña Janina en ese cargo fue también un error, pues en su criterio, la Ministra elegida no contaba con la experiencia, la calificación o la especialidad necesaria para enfrentar lo que consideran una emergencia nacional de inseguridad ciudadana. La imagen colectiva defendida por esos sectores, y sustentada en una campaña mediática de muchos años, es que en materia de seguridad pública, Costa Rica está a punto del colapso -en una situación cercana a la de Colombia, el México fronterizo, o Guatemala-. Por ello, creen que al frente del Ministerio de Seguridad Pública se requiere un militar de mano dura y entrenamiento especializado para “comandar” la “guerra” contra el hampa. También desde los reductos de la derecha, por esas otras razones, se criticó la falta de correspondencia con el “perfil” del puesto, inmediatamente después del nombramiento de doña Janina. Muy pronto arreciaron los ataques en su contra, satanizando relaciones perfectamente normales derivadas de su gestión diplomática, o distorsionando el sentido certero de sus primeras, serenas y correctas declaraciones -aunque quizá no del todo oportunas- referidas al clima de miedo e inseguridad que se magnifica cotidianamente en los medios, que se complacen en conceder espacio desbordante a los sucesos de la página roja.
Yo no coincido en modo alguno con ninguna de esas críticas, y me parece, por el contrario, que el nombramiento de la Ministra de Seguridad fue excelente, ampliamente meritorio y conveniente para el país. Estimo, en primer lugar, que el nombramiento de Janina no obedece en modo alguno a que el Gobierno todavía tenga puestas a estas alturas del proceso político nacional, las anteojeras del TLC, y todavía imponga a unos y vete a otros con ese criterio, en modo alguno. Me parece que el nombramiento de Janina del Vecchio responde ni más ni menos que a sus méritos propios, derivados de una larga trayectoria de servicio público. Surge de la constatación simple y clarísima de que, a lo largo de su vida pública, ha sido una funcionaria capaz de enfrentar exitosamente muy variados retos, en muy variados ámbitos, con una singular responsabilidad, con seriedad, con capacidad analítica lúcida unida a una efectiva capacidad de gestión práctica.
En el ámbito de la administración académica del más alto nivel, en la gestión diplomática, en el laberinto legislativo, Janina del Vecchio ha demostrado inteligencia, capacidad, sagacidad, seriedad, y responsabilidad. Coincidamos o no con ella -yo recientemente coincidí en la lucha por crear la Universidad Técnica Nacional, y discrepé sustancialmente con relación al TLC- tenemos que reconocerle su inteligencia innegable, su tenaz capacidad de trabajo, y su responsabilidad ante los retos que asume. Por eso hizo bien el Presidente en ignorar los sabihondos cantos de los que se consideran con derecho a definir el “perfil” de los puestos públicos, y en este caso, el del Ministro de Seguridad.
Porque es necesario destacar que ha florecido en la fauna política de nuestro país una especie nefasta: la de los “perfiladores”, cortesanos que, sin responsabilidad directa ni vela en el entierro, se dedican a “construir” o sugerir interesadamente el “perfil” del posible titular de cualquier puesto público que haya que llenar. Le susurran con dulzura cortesana al oído a Ministros y jerarcas, le pintan de colores a periodistas interesados, y le dibujan con regla y compás a quienes se mueven en el entorno presidencial, los rasgos del “perfil” que deben llenar quienes aspiren a cualquier cargo vacante Definiendo según ellos “técnicamente” el perfil de los cargos que deben llenarse, intentar influir en la designación de todos los que se pongan a su alcance, desde Ministros hasta directivos, desde gerentes de instituciones hasta jerarcas académicos y diplomáticos. Y lo que terminan intentando ejercer, en el fondo, es un ilegítimo poder de veto: “Fulano es muy bueno, es muy capaz, pero no se ajusta al perfil”. “Es que no es ese el perfil que se necesita”, oímos todos los días en las oficinas y los pasillos. Y ese perfil ha sido diseñado siempre con un rampante amiguismo, con el propósito evidente de favorecer a un advenedizo de su intimidad, mediante la descalificación a priori de funcionarios públicos de probada capacidad y experiencia, de larga y limpia trayectoria, porque “…no se ajustan al perfil”. El que se ajusta siempre al “perfil” como un guante hecho a la medida es su íntimo, que duda cabe.
Por dicha en el caso de Janina del Vecchio esos oráculos de opereta no pudieron ejercer su influencia. Afortunadamente el Presidente los ignoró, y designó para bien del país a una persona que no se ajustaba en lo más mínimo al “perfil” del Ministro de Seguridad que los nuevos mandarines habían definido. En lugar de un militarote, muy macho y entrenado en West Point o mejor aún en Fort Gulick, y en lugar de un abogado penalista de rompe y rasga, “especialista en seguridad ciudadana”, el Presidente nombró a una mujer, a una académica, a una profesora, a una destacada matemática. Por dicha.
La nueva Ministra sabrá, con amplia y rica visión académica, visualizar el complejo contexto económico y social en que se nutre la inseguridad ciudadana, su caldo de cultivo pernicioso en lo económico, lo social, lo cultural y lo moral. En ese campo, el sociológico y el moral, Janina conoce también axiomas y teoremas. Sabe que cuando los pobres no comen, los ricos no duermen; y que cuando los de arriba pierden la vergüenza, los de abajo pierden el respeto. Por ello, sabrá articular con equilibrio geométrico una estrategia nacional eficaz y coherente para enfrentar los retos que nos lanza la delincuencia, organizada o no, de cuello azul, de cuello blanco o despechugada, de adentro o de afuera, rica o pobre. Sabe que dura lex ex lex, y sabrá enmarcar con rigor matemático, dentro de las coordenadas precisas del multifacético, secular y creciente irrespeto nacional a la ley y su cumplimiento debido, las acciones drásticas que se requieren para erradicar la sensación de impunidad que debe extirparse con urgencia. Sabrá aplicar con lógica y precisión aritmética, las medidas correctivas que requiere el Ministerio de Seguridad para convertirlo en un eficaz instrumento de acción preventiva y punitiva que garantice, enlazado con toda la comunidad nacional, niveles aceptables de seguridad, de tranquilidad y de respeto.
Y todo ello, estamos seguros, dentro de un marco de civilidad, de respeto escrupuloso a los derechos fundamentales que tanto ha costado mantener vivos y vigentes en el mundo, y que son factores imprescindibles en nuestra convivencia política. Para eso el Presidente reafirmó con el nombramiento de Janina del Vecchio, la sagrada tradición de civilidad de nuestro país, que arranca desde que se escogió a un maestro de escuela y no a un militar como primer Jefe de Estado, en los albores de la independencia. Por eso nombró precisamente como Ministra de Seguridad a una educadora y no a un soldado.
Por dicha el Presidente no hizo mayor caso de los oráculos, y lanzó al basurero el “perfil” de Ministro de Seguridad que le susurraban al oído en los despachos, le gritaban en los medios, o le proponían las nuevas sibilas en las reuniones de análisis. Si les hubiera hecho caso a los “perfiladores” sin vela en el entierro, no hubiera podido nombrar jamás en ese cargo a una académica brillante, y el país hubiera perdido la oportunidad de contar con la capacidad, la habilidad y la inteligencia de Janina en una posición esencial para asentar el futuro de la convivencia social de los costarricenses todos, y para sustentar el desarrollo ordenado y seguro del país, de cara a los nuevos retos. Sabemos que el éxito de su gestión está garantizado de antemano, dicho sea con precisión…matemática.
1 Comentario
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Por brenda, junio 3, 2010 @ 6:34 pm
definitivamente apesar de ser criticada demostro q siendo mujer pudo manejar el problema de inseguridad en el pais mis felicitaciones para ella demostro inteligencia