Y yo que creía que era un derecho…
Mauricio Castro Salazar
La energía al igual que la salud y la educación son derechos y no privilegios.
Durante la campaña del Si y el No se dijo que uno de los riegos mayores que tendríamos los costarricenses si se aprobaba el TLC era que podíamos perder algunos derechos fundamentales, entre varios, como el acceso a la educación, a la energía y a la comunicación (celular, fija o por Internet).
Vi como una gran mayoría de funcionarios del ICE, sindicalistas, dirigentes de ONG, y en general opositores al Tratado argumentaban sobre la posible pérdida del derecho a la energía y la comunicación.
Por supuesto que siempre me pareció que esa campaña era un poco “mentirosa y exagerada” porque en este “país de derecho”, eliminar derechos no se hacía de un plumazo y además, claramente ninguno de los costarricenses aceptaríamos perder esos derechos. ¡Ninguno!
Sin embargo, con sorpresa he visto en los últimos días que la campaña para promover el ahorro de energía se basa en que la energía es un privilegio…
Y yo que creía que era un derecho….
¿O será que con la simple aprobación del TLC la energía pasó de la noche a la mañana a ser un privilegio?
La energía debería de ser considerada como un derecho básico para que los costarricenses podamos satisfacer nuestras necesidades básicas, respetando el derecho de las generaciones de futuros costarricenses que tienen derecho a gozar de las condiciones necesarias y básicas para una vida en sociedad de calidad.
El producir energía renovable se convierte en una obligación para todo país que aspira a un desarrollo sostenible, a tener paz con la naturaleza. Por eso sorprende cuando vemos que generaremos 200 Mw más de energía quemando combustibles fósiles, ¿y el estímulo a las energías renovables?
Luchemos por garantizar que la energía, la educación, la comunicación, la salud y la alimentación sean verdaderos derechos de todos los costarricenses.