El oscuro encanto de la mala fe
Enrique Gomariz
Como he apuntado en otras oportunidades, si algo me parece despreciable es la mala fe, la falta de honradez intelectual, la tendencia gratuita a la destrucción.
Pues Rodolfo Cerdas, el columnista mas reaccionario de La Nación nos
vuelve a dar una muestra contundente de todo eso en en su columna Ojo Crítico de este domingo.
Cualquier visitante que leyera su columna pensaría que su autor es una persona preocupada por el mantenimiento de la pureza de las ideas socialdemócratas o figueristas, que el actual presidente Oscar Arias estaría traicionando por completo.
Obviamente, no se trata de eso. Desde su posición integrista, el nunca hubiera firmado el documento de Nicaragua, cantando las bellezas del ALBA, ni concuerda con nada que tenga que ver con preocupaciones de tipo socialdemocrata. Su apoyo es al ala mas derechista del movimiento libertario.
Dicho en breve, su intención no es otra que sembrar cizaña en el campo enemigo, confundir, destruir, inyectar veneno y mala fe en el campo contrario. Y lo lamentable es que algunos encontrarán eso incluso simpático y divertido.
Sin embargo, como sucede con frecuencia, la mala fe suele estar acompañada por la ignorancia, la verdad a medias y la simplificación del pensamiento. La primera tesis de nuestro reaccionario, es ahora que el figuerismo no tiene nada que ver con la socialdemocracia. Esta última buscaba un socialismo democrático apoyado en la clase obrera, mientras que el liberacionismo original queria un capitalismo
nacional, apoyado en la clase media.
Nuestro constructor de mentiras quiere hacernos pasar gato por liebre y confundir la socialdemocracia decimonónica y de entreguerras, con la socialdemocracia posterior a la segunda guerra mundial.
Esta última buscaba subordinar los criterios del mercado al Estado de Bienestar, apoyado no sólo en la clase obrera sino también en la clase media, y para muchos eso no significó otra cosa que el desarrollo de un capitalismo democrático y social. Es decir, algo muy similar a lo que supuestamente pretendía Figueres por esas mismas fechas. En realidad, si hay algo que podría distinguir a los grupos socialdemócratas latinoamericanos de los europeos, es precisamente su énfasis en lo nacional, precisamente porque la socialdemocracia de aca se enfrentaba no sólo a la derecha interna sino al hecho de pertener a la periferia del sistema mundial. Por eso no es extraño que el partido se denominara de Liberación Nacional y que, sin embargo, ello no le despistara respecto de su ubicación ideológica en el mundo, incorporandose a la Internacional Socialista.
La segunda tesis simplificadora es que, quien defienda el libre comercio, está rompiendo ineluctablemente con la socialdemocracia (como sería el caso de Oscar Arias). Como suele suceder, los extremos se tocan y nuestro reaccionario argumenta ahora como un izquierdita radical: no existe un debate en la sociademocracia sobre el uso del libre comercio, no existe una propuesta de socialdemocracia renovada, que plantea el uso del libre comercio para mejorar las condiciones de vida de la población y, en primer lugar, de los mas pobres; no hay diferencia alguna entre quienes usan el libre comercio independientemente de si ello causa diferencias sociales (propuesta neoliberal) y quienes lo quieren usar para acortarlas (propuesta socialdemocrata).
Todo esto no tiene la menor importancia. Nuestro reaccionario, que defiende a muerte la propuesta neoliberal, simplemente hace las cosas simples: la socialdemocracia que quiera usar el libre comercio para mejorar la vida de los pueblos no merece tal nombre. Varias décadas de debate en la Internacional Socialista o propuestas como las del PNUD acerca de “Como usar el libre comercio en beneficio de la gente”, son minucias baladies sin la menor importancia.
Estoy convencido que estos intentos por causar cizaña en el campo contrario, son demasiado evidentes para que los socialdemócratas por estos pagos le presten la menor atención. Y ojalá logremos despreciar cada vez más ese oscuro encanto que tiene la inclinación a la
mala fe.