Abr 28 2008

La dignidad no es negociable

Rolando González Ulloa

El caso del Jefe del Ministerio Público en EUA.

Todos los días se alaba de un modo u otro la operación conjunta con el gobierno estadounidense en la lucha contra el narcotráfico.

Por nuestra parte, sin duda alguna un bastión en este ámbito es el Jefe del Ministerio Público, cuya participación es fundamental en los progresos obtenidos en los últimos años. En la afrenta ocurrida en el aeropuerto de Miami, es imposible suponer que hubiera alguna confusión, especialmente tratándose de este funcionario.

Su personalidad y sus acciones pueden hacerlo compatible o no con nuestros puntos de vista; no obstante, su investidura no es personal, es nacional, lo que convierte el agravio en una ofensa a una autoridad de Costa Rica, debidamente identificada, fácilmente verificable en cuanto a sus calidades , invitado por su colega estadounidense y ejerciendo su labor.

Desde mi perspectiva, estamos frente a un abuso y un evidente exceso de autoridad. Solo para comparar, ¿qué pasaría en un caso similar pero a la inversa, en cuanto a agraviado y ofensores? ¿De qué magnitud serían las sanciones?

No argumento en procura de coincidencias con mi punto de vista, sino de atender mis percepciones y razones en un caso típicamente violatorio de la buena vecindad que se supone existe entre ambos gobiernos. En el pasado discrepé con don Francisco sobre el proceder aplicado a los ex-presidentes Calderón y Rodríguez, no en cuanto a su eventual juzgamiento, sino a la forma como se manejaron ambas detenciones y demás actos mediáticos a su alrededor. Simplemente no callo ante lo que me parece impropio e injusto.

Hoy recuerdo cuando un relevante senador republicano nos envió una asesora de muy altos vuelos a advertirnos, que si no se cancelaban las expropiaciones de tierras en el Pacífico Sur, Costa Rica pagaría muy caro, con las sanciones que él podía impulsar. Ese día, acompañado de otros dos diputados le indiqué que su jefe era en EUA lo que éramos cada uno de nosotros en Costa Rica y que la recibíamos por la cortesía y amistad entre ambas naciones, aunque nuestra visión era dispar, por lo cual no le aceptaba sus amenazas o ultimátumes y en todo caso, si quería plantearlos, que viniera él a nuestro país y hablaríamos entre iguales. Ella tomó su bolso y se retiró de la jefatura de fracción del PLN sin siquiera despedirse. Cada parte definió cuánto estaba dispuesta a ceder, por dignidad y respeto a su investidura. El senador no volvió a insistir.

Hoy creo que el Jefe del Ministerio Público actuó como debía. Quedarse en Estados Unidos habría sido minimizar el exceso sufrido, que no por repetido en otras autoridades nacionales menos enérgicas debe disimularse.

Cada vez que una autoridad nacional sea sujeta de una afrenta o tan solo de un intento, debe darse una reacción concordante con los hechos. No se trata de vanidades, sino de exigir un trato igual entre iguales, cuando se refiere a gobiernos amigos.

Y reitero la pregunta ¿si los hechos hubieran ocurrido a la inversa, cuáles serían las consecuencias?

Por si las dudas, en una situación menos grave pero también ofensiva, ya no a su autoridad, sino a su nacionalidad, por parte de la Compañía COPA en un vuelo a Nicaragua, fui testigo de otra actuación de Francisco Dall’anesse. Entonces, reivindicando junto con Francisco Antonio Pacheco, Presidente de la Asamblea legislativa, el trato igualitario para los pasajeros nacionales, frente a la evidente discriminación planteada en beneficio de un grupo de pasajeros de otra nacionalidad. Con la misma firmeza que lo hizo ahora actuó en esa ocasión. El cargo de ambos funcionarios era suficiente para resolver su problema personal, pero fueron voceros de la “costarriqueñidad” vejada por una línea aérea. Su firmeza -no altanería ni berrinche-, fue determinante para corregir la ofensa en curso.

En el fondo no importa si lo ocurrido fue en Estados Unidos o en otro país. La dignidad no se negocia y la actuación del jefe del Ministerio Público es conteste con esta afirmación.

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