¿Elites sin moral, cómo los capitalistas debilitan la sociedad?
Juan Jaramillo Antillón
El título de este artículo no lo hizo un periódico comunista, sino el semanario alemán Stern hace unos días según la revista Newsweek del 10 de marzo del presente año. La revista alemana Manager pregunta ¿Está el supercapitalismo destruyendo la democracia? Y el periódico Der Spiegel saca una fotografía de un presidente ejecutivo alemán y lo califica de “Enemigo del estado: Evasor de impuestos”. Todo lo anterior al descubrirse que capitalistas no solo de Alemania sino de todo el mundo tienen depositados enormes fondos en un banco de Liechtenstein que no pagaron impuestos, lo que despertó una caza de capitalistas evasores en Alemania y ya 160 han tenido que pagar grandes multas. En Alemania se ha despertado la ira del pueblo contra “los ricos” y la naturaleza misma del sistema económico actual. Se señala ahí que las élites están destruyendo la economía y el sistema democrático y existe la inquietud no solo en Alemania sino en toda Europa, de cómo les irá en esta era globalizada del capitalismo, donde parece haber un aumento injusto y desproporcionado en los ingresos de los ricos como se está viendo.
En todos los países aparecen escándalos financieros provocados por los grandes bancos, en especial, en Estados Unidos donde para dar un ejemplo, el quinto banco de inversiones, Bear Stearn, al que de manera súbita se derrumban sus acciones en Wall Street por falta de liquidez, por prestar sin control y especulando el dinero para la compra de viviendas sin garantías adecuadas. Al no poder miles de compradores de casas cancelar sus deudas, el banco quiebra causando grandes pérdidas a los accionistas y a los empleados, que se quedan sin trabajo. Y algo extraño, le vende a otro banco, JP Morgan en $326 millones la empresa y sus activos, a sabiendas de que solo su edificio en Nueva York, vale $1.200 millones. Además se descubrió que hace un año, al retirarse el CEO de la compañía le dieron como premio más de $300 millones, pese a estar ya la firma en crisis.
En Gran Bretaña se ha despertado la ira de los ciudadanos al saber que un estudio económico reciente, descubrió cómo la brecha entre los ingresos más altos de los súper ricos en relación a lo bajo de los salarios de los trabajadores, aumenta, sin compensar al igual que en Costa Rica, los costos de la vida que se elevan día a día. El problema que está surgiendo en Europa es la idea de que el rico es más rico solo porque le quita al pobre. El desastre de los préstamos de alto riesgo para la compra de casas para personas que al final no ha podido pagar sus cuotas y las pierden, hecho por diferentes bancos en forma especulativa en Estados Unidos y que afecta ya a 9 millones de hogares, es un ejemplo del abuso del capitalismo que termina favoreciendo solo a unos pocos y arruinando a muchos. El escándalo en Alemania del soborno de Siemens por 1.000 millones de marcos para ser favorecida con una compra del Estado, es similar a lo sucedido en Costa Rica con transnacionales y altos directores y políticos del ICE y la CCSS.
Se está ya hablando en Europa de aumentar hasta en un 80% los impuestos a los ejecutivos corporativos de la tasa actual del 47% que tienen. Las fallas y la corrupción al descubierto de las transnacionales y el Estado cuando realizan negocios están a punto de provocar un proteccionismo anticapitalista que amenazaría las políticas económicas que han permitido progresar a Europa en las últimas décadas.
El liberalismo supone que en la vida social hay leyes naturales que funcionan por si mismas y el Estado no debe intervenir porque las alteraría. “Dejad hacer, dejad pasar”, es la ley de la oferta y la demanda y supuestamente los problemas económicos van encontrando sus propias soluciones. Pero en muchos sentidos, esa ley dejada abierta condujo a abusos increíbles antes y en la actualidad. Los liberales no están de acuerdo en la fijación de precios de los productos básicos por el Estado, pero sí están de acuerdo en que el Estado fijara los salarios de los trabajadores y los aumentos salariales anuales, mientras que los productores y comerciantes tienen libertad para vender sus productos al precio que mejor les pareciera o que la competencia les permitiera.
La experiencia lograda hasta el momento con la globalización de la economía y sus consecuencias, han ido creando poco a poco un consenso mundial de que dentro de esta globalización o apertura mundial y libre de mercados, el Estado debe funcionar mediante la creación de leyes reguladoras, impuestos justos y una política social compensadora, donde sus esfuerzos deben ir dirigidos hacia la educación, la asistencia social, los servicios básicos de salud el mejoramiento de la infraestructura y la protección del ciudadano, haciendo que estos programas cubran bien a la población, en especial a la de escasos recursos y dejar el resto a la empresa privada.
Por fin el Fondo Monetario, el Banco Mundial y el BID reconocen que para lograr el desarrollo económico en una nación es indispensable a la vez tener cierto grado de desarrollo social en diferentes campos como los señalados. Reconocen también que es imposible la pretensión de eliminar todo control del Estado sobre los negocios privados y los del Estado con la empresa privada, por lo que se hace necesario mantener la función de tutela del Estado en muchos sentidos para controlar la evasión fiscal y la corrupción y al mismo tiempo ofrecer un marco adecuado a las empresas para reactivar el desarrollo económico del país y así obtener fondos para el desarrollo social.
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Por Julian Solano, abril 19, 2008 @ 3:25 pm
Esa debe ser la diferencia entre la derecha corrupta y concentradora y los socialdemócratas adaptados al nuevo mundo globalizado. Un estado -y grupo de estados- regulando los movimientos de capitales, cobrando los impuestos -como lo está haciendo Gmo. Zuñiga- y redistribuyendo la gran riqueza creada por la apertura de mercados y las inversiones. También, retomando a nivel más micro,la actividad del estado, no tanto fijando precios pero si haciendo los estudios para verificar los márgenes de utilidad de las empresas de la cadena de distribución, como lo ha anunciado después de más de 8 años de abandono de esa práctica, el jerarca del Ministerio de Economía Marco Vargas, provocando por cierto, una furibunda reacción de la ANFE y de algunos jerarcas del gran Comercio. No solo nuestros precios en materiales de construcción, pesticidas y electrodomésticos son los más altos de la región centroamericana (a pesar de la drástica baja del tipo de cambio), sino que, en el caso de la línea blanca, multiplican sus ganancias jugando de banqueros prestamistas a intereses del 60% o más por año (pese a que la tasa básica ya va por el 4%), y metiendole el diente inmisericordemente a los más pobres que son los que más utilizan esas líneas de crédito. Estados más fuertes (no más grandes) y manejados con alta capacidad técnica de gestión y con claridad ideológico política de sus jerarcas, políticos honestos que no mezclen acción pública con negocios propios (paradigma berlusconni) y una lucha permanente por la redistribución de la riqueza y las oportunidades así como la protección del oro verde, deben ser las armas para no ceder a la derecha poder y hegemonia ideológica.