mar 18 2008

Un humanista parte a la eternidad

Oscar Núñez Calvo

Conmovió la noticia de la muerte de uno de los más destacados humanistas e intelectuales del país, la de don Eugenio Rodríguez Vega, educador y abogado, político e historiador. Este distinguido ramonense, de la misma tierra de Julio Acosta, José Figueres, Lisímaco Chavarría, Francisco Orlich y otros tantos, nos deja una impronta de honradez, de lealtad cívico partidaria y de amor a la patria, a la libertad y a la tolerancia.

Nació en San Ramón en 1925, en la época en que las carretas llevaban los productos agrícolas hacia el puerto del Pacífico y regresaban de éste, cargadas de mercaderías que llegaban a Puntarenas desde otros puertos del mundo. De ahí brotó el trabajo tesonero de sus antepasados que heredó para su vida y la de sus descendientes. De ahí brotó su amor por el tema costarricense que trasladó a sus libros, con el mismo empeño y entusiasmo con que el pintor Fausto Pacheco llevara la campiña a sus lienzos y acuarelas y Magón lo hiciera con sus versos.

Don Eugenio fue un polifacético hombre público que igual entrega propinó al desempeño del cargo de abogado del Banco de Costa Rica, como al de profesor de sociología, Secretario General y Rector de la Universidad de Costa Rica, al cargo de Contralor General de la República, al de Presidente Ejecutivo, al de Ministro de Educación o al de miembro de la Junta de la Universidad Estatal a Distancia. Este extraordinario costarricense no solo ejerció cargos públicos con sacrificio y honradez, sino que se dedicó a escribir, para que la juventud costarricense refrescara sus conocimientos, bebiendo de sus textos el agua pura de la historia, de la sociología y de la política. En 1953, se atrevió a escribir los “Apuntes para una sociología costarricense”, cuando esta rama del pensamiento apenas comenzaba a conocerse. Mucho tiempo después, en 1971, publicó “Los días de don Ricardo”, rememorando los gobiernos de quien fuera el único costarricense que ha presidido los tres poderes clásicos de la República.

En 1980, con su obra “Biografía de Costa Rica”, nos invita a realizar un viaje inolvidable por la historia del país, reflexionando sobre los acontecimientos, los hombres y los pueblos. Quiso dejar para la posteridad su visión de los hechos militares del 48 y por eso, escribió “De Calderón a Figueres”, donde expone con singular acierto los hechos que desencadenaron la guerra que mantuvo dividida, por muchos años, a la familia costarricense. Otro de sus aportes lo fue la obra “Siete ensayos políticos”, cuya lectura es obligatoria para todo aquel que sueñe con tener una patria mejor cada día.

Está de luto el país y la academia, está de luto el Partido Liberación Nacional por la partida terrenal de uno de sus fundadores. Está de luto San Ramón porque perdió a uno de sus hijos más preclaros, estamos de luto todos los que lo conocimos, los que recibimos su saludo y su palabra, su ejemplo y su grandeza. Su partida nos compromete a seguir su huella de amor por Costa Rica, su lucha por la libertad y la democracia, su empeño por hacer de cada costarricense, un hombre y una mujer capaces de generar una patria mejor para todos.

mar 17 2008

1948 – 2008: ¡Viva Pepe, vivan sus hombres!

Ocean Castillo Loría.

Por estas fechas se conmemoran los 60 años de la revolución del 48.

Figueres tenía claro que el Calderocomunismo no iba a dejar el poder por la fuerza de las urnas sino, por la fuerza de las armas. Esto se le confirmó con su expulsión del país en 1942, fue el momento que en aquel encendido discurso contra el gobierno Don Pepe resumió la solución para los problemas del país: “Lo que el gobierno tiene que hacer es irse”.

Los tiempos imponían el camino de las armas, Figueres era conciente que estaba llamando a la guerra a un pueblo pacífico, pero ya no quedaban alternativas, era el momento de: “Tosca herramienta en arma trocar”.

Murieron los “glostoras y medallitas” del Ejército de Liberación Nacional, murieron los calderocomunistas, dentro del heroísmo de aquel momento, el mismo Figueres reconocería el valor del escritor comunista Carlos Luis Fallas. Por ese heroísmo de Costa Rica toda, Don Pepe levanta un monumento en su finca para homenajear a los caídos de ambos bandos.

Pero él hace una homenaje mayor: abolir el ejército, ya lo diría el hoy presidente de la República Dr. Oscar Arias Sánchez, quien proclama a Figueres primer Comandante del nuevo Ejército Libertador de las Américas: “… Es hora de rendir honores a los comandantes que desarman a sus pueblos para que sean libres y trabajen por el desarrollo, y no a los que acumulan armas y se tornan insensibles ante el hambre y la sumisión de sus ciudadanos”.

En este tiempo hay que recordar a los “hombres de Figueres”, muchachos que ya no estaban dispuestos a soportar los desmanes del Calderocomunismo. Queremos recordar a todos ellos en un solo nombre: Don Antonio Blanco Solís, hombre humilde pero valiente que supo tomar las armas, que siempre estuvo al servicio de nuestro partido y de las causas más nobles del país. Es indudable que el espíritu de solidaridad y desprendimiento del 48 se encarnó en este buen hombre, ejemplo de los “hombres de Figueres”.

Don Pepe tenía claro que más allá del retorno de la pureza electoral y de dar el poder a Don Otilio Ulate, era necesaria esa revolución que hoy tantos intelectuales quieren negar: “…juramos por la sangre vertida, construir una patria sin miseria”.

Una revolución que a pesar de los ataques que sufrió en el pasado, de los que sufre en el presente por aquellos que de un modo u otro, han traicionado las banderas por las cuales se luchó, y las que sufrirá en el futuro, es que no podemos olvidar: “Allá en la Lucha y en San Cristóbal, un estandarte yo vi flotar, el estandarte Pepe Figueres que no ha caído y nunca caerá”.

El Movimiento de Liberación Nacional inicia un proceso de desarrollo socio – económico, se permite el sufragio de la mujer, la nacionalización bancaria, la fundación del Instituto Costarricense de Electricidad y la abolición del ejército. A Figueres corresponde la creación y fortalecimiento de la clase media. Correspondió a Figueres hace 60 años, defender su visión política frente a aquellos que apoyaban el Caldero – Comunismo y frente a los opositores que pensaban que las vías políticas desgastadas permitirían una salida negociada a la crisis.

A Figueres, se le debe reconocer que pudiendo quedarse en el poder, lo entrega a quien legítimamente había ganado las elecciones. ¿En qué país de Latinoamérica se había dado esto?

Don Pepe no era un Stalin ni un Adam Smith. Don Pepe no era comunista como dijeran muchos de sus enemigos ni un liberal o neoliberal. Figueres era un socialdemócrata y su obra lo es. Esta es la realidad de la Segunda República.

Este reencuentro con los hechos bélicos de 1948 nos debe servir para hacernos la promesa de defender los pilares del Estado Social de Derecho, de defender los pilares propios del régimen de justicia social que tantos frutos nos ha dado.

Este aniversario debe permitirnos avanzar en el convencimiento de que el mero capitalismo y el liberalismo no son eficientes en la distribución de la riqueza. El capitalismo no ha eliminado la miseria ni logrado la justicia. Por el contrario, ha permitido la concentración de la riqueza en pocas manos.

Por tal razón los socialdemócratas que tomaron las armas no destruyeron lo mucho (Y en esto no podemos ser mezquinos) que de positivo tiene la reforma social propiciada por el Calderocomunismo.

Mucho se podría decir de este 60 aniversario, lo cierto es que debe constituirse en una llamada de atención, para que desde nuestro partido se siga luchando por el bienestar del mayor número.

mar 11 2008

Me siento orgulloso de ser hijo de mi padre

Carlos Roberto Martinez Ulloa

Me siento orgulloso de ser hijo de Oscar Humberto Martínez Escalante, salvadoreño, que hace sesenta años, junto con muchos costarricenses, y extranjeros, se unieron al movimiento del Ejercito de Liberación Nacional.

Me siento orgulloso de él por que durante mi niñez, me hablara de los principios de la Socialdemocracia, y que me dijera que en lugar de leer los pasquines que se vendían en los puestos de revistas, leyera los libros que tenía en su biblioteca.

Me siento orgulloso de él por que en lugar de pemitirme leer las revistas de moda, me dijera que tenía que leer la Revista Combate.

Me siento orgulloso de él por que cuando en mi juventud, tuve desviación hacia la extrema, me reclamara diciéndome, que para que un movimiento armado se diera en cualquier país, primero tenían que existir las condiciones, no era obligando la historia, como ellas se darían.

Costa Rica, tuvo su momento histórico, la sociedad estaba preparandose para ello, Liberación Nacional, fue el detonante. Las circunstancias lo pedían. No fue la guerra civil, fueron las circunstancias. Todo estaba preparado para iniciar una revolución. La revolución no es el movimiento armado, la revolución es la gestación de todos los cambios que conllevan a una sociedad mas justa. No son las armas las que consiguen ello. Son la ideas, son los hombres.

Me siento orgulloso de mi padre por que de él he recibido grandes lecciones, por que me ha pedido insistentemente, que lleve el mensaje de Liberación Nacional ha las juventudes actuales, en cualquier lugar del mundo. Por que lo que se hizo en Costa Rica, no se ha repetido, ya que muchos aún creen que en las armas esta la revolución.

Me siento orgulloso de mi padre, porque gracias a él soy producto del 48, hijo de la revolución más justa que se conoce en la historia.

Me siento orgulloso de mi padre, por que es un excombatiente del glorioso movimiento de Liberación Nacional, que el 12 de Marzo de 1948, inicio, la nueva Costa Rica.

¿Te sientes tu orgulloso de tu padre?

mar 04 2008

Hace 60 años: 1ero de Marzo de 1948

Jorge Alfredo Robles

La gente de menos de cincuenta y cinco años no vivió aquellas épocas del 48 y cree que los derechos y garantías electorales que hoy disfrutamos vinieron como regalo de San Nicolás envuelto en papel de seda con lazos.

El primero de marzo de 1948 fue un día negro para la patria. La ambición de un grupo liderado por el Dr. Rafael Angel Calderón Guardia, torció brazos y conciencias para anular las elecciones que le habían dado el triunfo al candidato de la oposición, don Otilio Ulate Blanco. Fueron días de terrible tensión en el país. Don Otilio fue encarcelado, aunque liberado poco después por intervención del Arzobispo de entonces, Monseñor Víctor Manuel Sanabria Martínez.. Con un pretexto cualquiera y como parte de la misma tensión existente, la casa del Dr. Carlos Luis Valverde, donde estaban reunidos algunos distinguidos elementos de la oposición -incluido el propio señor Ulate Blanco- fue rodeada por la soldadesca jefeada por un mercenario cubano de apellido Tavio. Hubo cambio de disparos y así fue muerto el Dr. Valverde, distinguido joven médico de la época. Un disparate más de las fuerzas del gobierno. He hablado de la ambición de un grupo, no del partido Republicano ni del partido Vanguardia Popular. Muchos y valiosos elementos de estas agrupaciones políticas no estaban ni estuvieron nunca de acuerdo con la anulación de las elecciones de febrero de aquel año. Manuel Mora, jefe del partido Vanguardia Popular (comunista) y Francisco “Paco” Calderón, hermano del Dr. Calderón, hicieron todo lo posible por disuadir al grupo intransigente. No fue posible, el grupo siguió en sus tesis “transaccion es traicion”, fue su lema.

Fue la ambición y la intransigencia de unos pocos -que pesaban mucho- lo que condujo a la declaratoria trágica del Congreso, y con ello, Calderón y su grupo arrastraron al abismo político a su propio partido y a sus aliados, que fueron las primeras víctimas de sus desenfrenados deseos de detentar el poder. Don Otilio ofreció transar, renunciar a su legitimo triunfo y ofrecer la silla presidencial a un tercer ciudadano que fuera de aceptación de las fuerzas en pugna. Varios nombres se barajaron, pero nada detuvo a Calderón y sus incondicionales.

Y así, en aquella tormentosa tarde de marzo hace sesenta años, el Congreso constitucional de la República, en el viejo Palacio Nacional, construido por don Juanito Mora, ubicado donde hoy está el Banco Central, resolvió anular las elecciones que hacían Presidente a don Otilio Ulate Blanco.

Esa fue la chispa que hizo estallar el conflicto armado en las montañas del sur de San José. José Figueres Ferrer, hasta el momento un casi desconocido activista político, agricultor e industrial, estaba incubando la insurrección armada. Desterrado violentamente del país por Calderón Guardia -Presidente entonces-. Luego de pronunciar un discurso por radio contra el gobierno, Figueres se contactó con elementos de la región y comenzó a fraguar su plan revolucionario. Nunca creyó que por la vía legal las cosas podían cambiar -solo por las armas alegaba él-. La estupidez de Calderón y su gente le dio la razón.

Lo que comenzó en la finca “La Lucha” con un puñado de muchachos, se agigantó con la repulsa popular ante la declaratoria del Congreso. Y la gente fue a pelear por Ulate, por Figueres pero también simplemente contra el gobierno.

En un mes la rebelión se impuso y Figueres entró triunfante a la capital. Vino un conflictivo gobierno de facto de dieciocho meses y nació la Segunda República, nueva constitución, un sistema electoral fuerte e institucional dirigido por un tribunal independiente y soberano. El resto… es historia conocida hasta el día de hoy.

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