Un humanista parte a la eternidad
Oscar Núñez Calvo
Conmovió la noticia de la muerte de uno de los más destacados humanistas e intelectuales del país, la de don Eugenio Rodríguez Vega, educador y abogado, político e historiador. Este distinguido ramonense, de la misma tierra de Julio Acosta, José Figueres, Lisímaco Chavarría, Francisco Orlich y otros tantos, nos deja una impronta de honradez, de lealtad cívico partidaria y de amor a la patria, a la libertad y a la tolerancia.
Nació en San Ramón en 1925, en la época en que las carretas llevaban los productos agrícolas hacia el puerto del Pacífico y regresaban de éste, cargadas de mercaderías que llegaban a Puntarenas desde otros puertos del mundo. De ahí brotó el trabajo tesonero de sus antepasados que heredó para su vida y la de sus descendientes. De ahí brotó su amor por el tema costarricense que trasladó a sus libros, con el mismo empeño y entusiasmo con que el pintor Fausto Pacheco llevara la campiña a sus lienzos y acuarelas y Magón lo hiciera con sus versos.
Don Eugenio fue un polifacético hombre público que igual entrega propinó al desempeño del cargo de abogado del Banco de Costa Rica, como al de profesor de sociología, Secretario General y Rector de la Universidad de Costa Rica, al cargo de Contralor General de la República, al de Presidente Ejecutivo, al de Ministro de Educación o al de miembro de la Junta de la Universidad Estatal a Distancia. Este extraordinario costarricense no solo ejerció cargos públicos con sacrificio y honradez, sino que se dedicó a escribir, para que la juventud costarricense refrescara sus conocimientos, bebiendo de sus textos el agua pura de la historia, de la sociología y de la política. En 1953, se atrevió a escribir los “Apuntes para una sociología costarricense”, cuando esta rama del pensamiento apenas comenzaba a conocerse. Mucho tiempo después, en 1971, publicó “Los días de don Ricardo”, rememorando los gobiernos de quien fuera el único costarricense que ha presidido los tres poderes clásicos de la República.
En 1980, con su obra “Biografía de Costa Rica”, nos invita a realizar un viaje inolvidable por la historia del país, reflexionando sobre los acontecimientos, los hombres y los pueblos. Quiso dejar para la posteridad su visión de los hechos militares del 48 y por eso, escribió “De Calderón a Figueres”, donde expone con singular acierto los hechos que desencadenaron la guerra que mantuvo dividida, por muchos años, a la familia costarricense. Otro de sus aportes lo fue la obra “Siete ensayos políticos”, cuya lectura es obligatoria para todo aquel que sueñe con tener una patria mejor cada día.
Está de luto el país y la academia, está de luto el Partido Liberación Nacional por la partida terrenal de uno de sus fundadores. Está de luto San Ramón porque perdió a uno de sus hijos más preclaros, estamos de luto todos los que lo conocimos, los que recibimos su saludo y su palabra, su ejemplo y su grandeza. Su partida nos compromete a seguir su huella de amor por Costa Rica, su lucha por la libertad y la democracia, su empeño por hacer de cada costarricense, un hombre y una mujer capaces de generar una patria mejor para todos.
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