Rufino Gil Pacheco
El tortuguismo en el Sistema Bancario Público se puso en práctica hace muchos años, en el Banco Nacional de Costa Rica y no había forma de entrarle a su sindicato que lo prohijaba, lo impulsaba y lo sostenía en el banco más grande de la región y casi da al traste con el sistema y despertó los pensamientos, las acciones y las ansias de fundar bancos privados, que ahora se han proliferado como abejones en mayo, hasta decir basta y están forzando a nuestras autoridades a emitir nuevos controles.
Dichosamente los tres bancos nacionalizados, de esos entonces, no se unieron al movimiento.
Ahora se propone una fusión entre los bancos públicos que no tiene razón de ser, pues las fusiones se hacen entre entidades con distintos dueños, lo que debe proponerse son más bien acuerdos que beneficien y consoliden el sistema.
Como en este caso se trata de un solo dueño jurídico, no vemos la necesidad de promover una fusión que a nuestro leal saber y entender sería perjudicial al Sistema Bancario Público, pues sería la creación de un “Dino-paquidermo” (con la participación de entidades que ostentan el mismo género y el mismo dueño) lo cual le quitaría agilidad, presencia varia y competitiva.
Acabaría con la competencia interbancaria estatal, tan necesaria en este campo, con las varias ventanillas que ha permitido a la ciudadanía acercarse con libertad al banco de su preferencia, en busca de sus servicios, donde considera que lo atiendan mejor, les gusta más, se sienten más cómodos, los cuales al tener un cierto sello, que los hace diferenciarse, (se busca la diferencia, lo que se suele llamarse el producto diferenciado) ha hecho que el público, indistintamente, se acerque a ellos.
Excúsenme que insista en este tema, pero es fundamental para un futuro exitoso de nuestro Sistema Bancario Público. ¿Por qué la persistencia de La Nación y sus seguidores, ex funcionarios y actuales altos funcionarios del Sistema Bancario Nacional; por qué se empeñan en que la garantía del Estado para los depósitos en los bancos estatales, debe de eliminarse, sabiéndose que es la única y verdadera garantía que los depositantes tienen de que su dinero no lo van a perder, ya que en los otros bancos no existe, no la tienen? En los bancos privados los dispositantes están al descubierto en este campo, no tienen la seguridad que la banca pública les brinda, por eso insisten supinamente en su eliminación en detrimento de los ahorrantes.
Se propone en cambio, un seguro general para los depósitos, el cual a no dudarlo, lo pagarán los depositantes y no es muy seguro, pues no cubrirá la totalidad de ellos, por ser un riesgo inconmensurable.
Los mismos piden eliminar el “peaje” del 17% de los depósitos efectuados en los bancos privados; lo único que dieron a cambio para obtenerlos y cuyo fin es prestarlos a pequeños y medianos empresarios y que ahora podrían tomarse en cuenta en la banca de desarrollo. Resabios de pensamientos y nostalgias de banqueros del pasado, quizás resentidos, que se albergan en las mentes de algunos, de los nuevos dirigentes de la economía, quienes se atreven a decir que la banca privada está en desventaja, cuando solo privilegios y facilidades se le ha otorgado.
Alguna ventaja han de tener las instituciones cuyos dueños son todos los costarricenses y el Estado debe velar por ello.
Las entidades bancarias públicas deben distinguirse, en primer lugar, y con más razón por ser públicas, en el “Servicio” (como también lo hace y lo deben hacer los entes privados), con la efectividad, la oportunidad, la ayuda necesaria y no deben entorpecer, manear, a una empresa, sino que deben ayudarla, sacarla adelante en sus congojas financieras, cosa que muchas veces no se hace y ha sucedido en el sector privado.
Los acuerdos entre los miembros del sistema bancario público, para agilizar, modernizar, actualizar, ponerlos al servicio del mayor número, para darles una mayor eficacia, eficiencia y seguridad, deben ponerse en práctica lo más pronto posible.
Hay que probar primero todos estos acuerdos de agilización y eficiencia, y no hablar de fusiones ni de especializaciones. Deben mantenerse las múltiples ventanillas a donde poder acercarse libremente y no hacerlas de un solo rostro, sin marca preconcebida y única. Seamos realistas y congruentes.
En la actual feria de entidades financieras (Expo-banca finanzas) que hasta en volantes y volantas anuncian su producto y como obtenerlo con grandes facilidades, (ahora preocupa esta exagerada expansión crediticia), se vería un solo monstruo olímpico, reducido por su ingravidez, su poca agilidad, padeciendo de hinchazón reumática, entre megabancos extranjeros, grandes pequeños, Dinos sonrientes quizás achinados de tanto sonreír exhibiendo su diente de oro, listos pajra mordisquear y engullirse al nuevo “Dino-monstruo” que apareció en la maraña de la selva financiera. Hoy no gana el más grande sino el más hábil y el más flexible. Así sucedió en el mundo animal con los dinosaurios.
Ni el Estado ni nadie, podría acudir en su auxilio, en caso de presentarse una situación crítica. Los nuevos mercaderes en el templo, contemplando al monstruo, harían su agosto adquiriéndolo por unas cuantas y fútiles monedas contando el bien y el mal, con la alegría y aprobación de muchos vende-patrias, como ha sucedido con el ICE y el INS.
Vamos de nuevo con nuestra banca de desarrollo. Parches y más parches aparecen en el horizonte. Va a nacer vendadito el niño, maneado de antemano.
No quieren despegarse de los tiempos de la colonia, de la carreta y pretenden seguir andando por sus angostas y cortas calles con visión de transeúnte vespertino, en vez de transitar por las grandes avenidas, por las anchas y prolongadas vías donde puedan circular los proyectos grandes y chicos, con visión de desarrollo integral e integrado, mañanero, utilizando nuestros recursos financieros y foráneos para nuestro propio desarrollo, con visión de futuro, grandioso, no con miras estrechas puestas solamente en lo pequeño y sectorial. Parches y más parches se mueven en el horizonte.
Pensemos y actuemos a lo grande, con visión de futuro, como lo hicieron nuestros ancestros.
“En la feria de la vida
juega el rico
y juega el pobre,
juega el blanco
y juega el negro,
juega el grande
y juega el chico”
Y al final de la jornada
nadie gana, todos pierden,
pues buscando la ganancia
destrozan lo productivo,
lo construido con visión.
como ayuda a todo
un pueblo, comprometido,
con su propia producción,
con su propia evolución,
guardando sus equilibrios,
la equidad, su dignidad,
y sobre todo, su honor.