Ene 10 2008

Herbert Simon y la crítica desde la izquierda. Una visión personal.

Luis Fernando Díaz

Debo confesar que me tomó un poco por sorpresa el artículo-crónica del libro de Crowther-Heyck “Herbert Simon: the bounds of reason in modern America“. De la misma forma me sorprendió el contenido atribuido al libro. Una y otro describen un Simon que desconozco.

Al mismo tiempo, la verdad, tal vez no lo desconozco tanto. Hace casi treinta años, un compañero de estudios, Brusa, uruguayo, socialista, pero además con notable sensibilidad social (posiblemente la razón principal de las frustraciones de los contestatarios en el gobierno: el Ché en Cuba, Brusa en Nicaragua), comentaba que desde la perspectiva de los estudiantes de administración y los esclarecidos profetas del capitalismo, en una primera etapa de estudios había que poner en un pedestal a Taylor, pues era incuestionable su maestría para racionalizar y justificar la explotación.

Pero, apenas se leía a Fayol, se tomaba conciencia de que a Taylor había que enterrarlo en cajita blanca. La doblez y la astucia con que Fayol hacía funcionar sus “principios de administración”, para que el hombre propiciara su propio sometimiento, era increíble. Y por supuesto, Elton Mayo los superaba a ambos, pues el capitalismo era, en su demostración sociológica, una condición natural de la sociedad. Pero, apuntaba Brusa y creo entender yo ahora, que cuando uno llegaba a leer a Simon, ahí sí que se acababan los podios, porque con la explicación científica que se elabora a partir del desmantelamiento de los principios de la ciencia económica, era capaz de reconstruir la más acabada teoría de la explotación.

Claro que no comparto la totalidad del razonamiento. Pero, no lo menosprecio tampoco.

Herbert Simon obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1978 por sus trabajos en Teoría de la Decisión y por la importancia de ellos en la Economía (valga decir: por ponerla pies en tierra).

Simon explica que la mayoría de las personas son sólo parcialmente racionales y que de hecho actúan en un universo incierto (el fue el primero en usar con absoluta claridad el concepto de incertidumbre en economía y teoría de la decisión). La racionalidad es limitada interna y externamente; en lo interno, por las preferencias –especialmente–. En lo externo, por los costos de recopilar y procesar información, incluido el tiempo. La racionalidad limitada es el principal impedimento de la eficiencia (como optimización): no se pueden conocer todas las consecuencias asociadas a las alternativas de política, tampoco las alternativas, y peor, ni siquiera el recorrido o la causalidad esperada (probabilidad) entre alternativas y consecuencias. No se sabe, en conclusión, cuál es la relación entre los medios y los resultados, y cualquier óptimo es solo una aproximación, un invento o “buenos deseos”. El comportamiento administrativo, económico y político es, por eso, “satisfaciente”, usa el método de las aproximaciones, la heurística y las analogías. Y recurre a estrategias, como el entrenamiento (para suplir información por conocimiento) y la lealtad y la identificación, además de la autoridad, para orientar las decisiones.

Hoy esto suena casi como una perogrullada, pero en los años 50 (e incluso en los sesenta y setenta, cuando yo estudiaba esos temas), sonaba casi increíble.

Sin embargo, todavía se mantienen algunas escuelas de pensamiento y de acción política (y algunos comentaristas despistados en periódicos y en algunas redes informáticas, wikis o blogs) que a veces defienden la viabilidad de la eficiencia en su definición tradicional.

Creo haber leído la mayor parte de los trabajos de Simon del periodo 1947 a 1960, así como algunos posteriores. Tengo en mi biblioteca versiones originales así como traducciones de las dos obras clásicas “Teoría de la Organización” y “El comportamiento administrativo”. También he leído su “Administración Pública” (Simon, Smithburg y Thompson), así como “Ciencias de lo artificial”, “Models of Man”, “The New Science of Decision Making” y varios de los artículos escritos conjuntamente con Newell en ese periodo. En ellos encuentro, sobre todo, gran coherencia en su disputa contra la impecable formalidad de la teoría, especialmente en cuanto se refiere a la fundamentación en valores. Para Simon, toda afirmación y todo juicio tienen dos tipos de componentes basales: valores y hechos, y, así como los segundos aceptan la formulación de principios descriptivos positivos, los primeros, y su consecuencia, la ideología, son parte de los límites a la racionalidad.

Sin embargo, la microeconomía neoclásica ha resistido el embate, se ha refugiado en la formalidad y la cohesión de su lenguaje. Incluso, ha creado modelística para lidiar con universos “parciales”.

En otros campos, desde la izquierda, por ejemplo, la visión ha sido menos complaciente.

Las posiciones críticas más elaboradas (y tal vez más profundas) de la Teoría de la Organización las encontramos en Braverman (“Trabajo y Capital Monopolista”) y en Mouzelis (“Organización y Burocracia”). Ambos libros son ya viejitos, pero la creación de categorías y la meticulosidad del análisis, así como la riqueza del escenario ideológico y las categorías que les sirven a cada uno de fondo, son condiciones que previenen deslices y que las dotan de gran coherencia. Estas virtudes, me parece, no han sido superadas en críticas posteriores, más allá de la decadencia de la crítica misma tanto como de las ideologías –la económica y la marxista- que la soportan.

Mackenzie –en “Política y Ciencia Social”– hace un excelente resumen de la teoría de la organización elaborada y expuesta por March y Simon. Este libro se usó por varios años en los cursos introductorios en Ciencias Políticas en la UCR. A Florisabel y a mí nos tocó trabajar con el cuando fuimos asistentes de Ronald Fernández. En su capítulo 15, este autor hace un recorrido memorable por toda la Teoría de la Organización, desde Taylor hasta Woodward, incluyendo a Barnard, Etzioni y muchos más. Ese breve texto es un verdadero compendio de dicha teoría y podría fácilmente ser la base para un curso en el campo. No entra en la discusión sobre la eficiencia, pero provee el lenguaje básico para una iniciación en la disciplina, explica la oposición entre lo axiomático tradicional y la idea de los ámbitos de tolerancia aportada por Simon. Describe correctamente la oposición entre maximización, en un lado, y homeostasia y funcionalidad, en el otro. Cuando Mackenzie dice “cada subsistema y el sistema en su conjunto solo necesitan obtener lo suficiente para funcionar…” “es un alivio para las organizaciones que no necesitan saberlo todo, siempre y cuando sepan lo bastante para obtener ganancias al final del año.”…”se trata de una expresión moderna formal de un copioso acervo de antigua sabiduría en torno al conocimiento de las propias limitaciones.”, entonces, con él, se entiende, se acepta y se coincide con las ideas de Simon.

4 Comentarios

  • Por Eliana, Mayo 7, 2008 @ 10:48 am

    Me parece reaburrido, pero bueno lo tenemos que estudiar, así que, ¡que se le puede hacer! Mejor que se muera ese viejo, así no hay más drama y ya fue.

  • Por David, Septiembre 1, 2008 @ 6:05 am

    Para comenzar, me parece ridículo el comentario de Eliana… ojalá lea lo que estoy escribiendo porque tengo un consejo para ella: NO HAGAS ABSOLUTAMENTE NADA QUE NO TE APASIONE… ESO NO ES SOSTENIBLE.

    En cuanto al comentario al artículo de Luis Fernando, apropiado, completo y muy bien informado… por demás, bastante aclarador. Muchas Gracias.

  • Por Agostina, Septiembre 8, 2008 @ 4:47 pm

    Tengo que felicitar a David por lo que le dijo a Eliana, y al autor por su articulo, me sirvio mucho.. Me gusto que lo haya escrito en forma de “relato”, ayuda mucho a la comprensión del tema y ademas a interesarse y querer aprender más! Saludos..

  • Por robertoc, Junio 9, 2009 @ 7:22 am

    A veces uno tiene que hacer lo q no le gusta para ser lo que le gusta. Por ejemplo los que estudiamos ingenieria y vemos que hay cosas mucho mas lindas como las maravillas q realiza la ingenieria y no en la plata, y en ves de eso tenemos q estar viendo como ustdes se matan por un billete mas o uno menos, QUE ABURRIDO, QUE MATERIALISTA, y por eso el mundo esta como esta…escriben libros para como ganar mas, que verguenza, si los viera Aristoteles. Yo estoy a favor de Eliana

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