Ene 30 2008

No es Tiempo de Pre-Candidaturas

Gerson Rodríguez Q.

Son desafortunadas las noticias de Pre-Candidaturas en Liberación Nacional. Es desalentador, como Liberacionistas y como Costarricenses saber que hay personas que se han lanzado al ruedo electoral desde ya. El Partido Liberación Nacional se recupera silenciosamente de una pasada elección muy fuerte. Aún hay retumbos de dirigentes de barrio que están afectados, “resfriados” y hasta desilusionados de la forma en que se manejó la reciente campaña electoral y de cómo gente que creíamos Amiga y Compañeros de Causa, dieron la espalda y se volvieron contrincantes de nuestro Partido.

Como Liberacionistas siempre nos hemos sentido orgullosos de ser un Partido Político que alrededor de sus principios trabajamos permanentemente, sin necesidad de estar en gobierno, por ofrecer alternativas de desarrollo para el país. Somos diferentes porque no somos una estructura de hacer candidatos y pedir votos. Somos la Corriente de Pensamiento Socialdemócrata con más trayectoria y prestigio a nivel nacional y una de las más reconocidas a nivel mundial. Cuando llega el momento del proselitismo, son Fuerzas de Base las que deben hacer el llamado para escoger a su Pre-Candidato. Debe ser un proceso absolutamente natural, donde los dirigentes que sudan la gota gorda en tiempos de campañas, se sientan identificados y unidos al compromiso y objetivos que han ofrecido quienes aspiren a la Candidatura.

Pero hoy no es tiempo de proselitismo. Liberación Nacional está en gobierno. Somos el Partido Oficialista de Costa Rica. En esta etapa es cuando se conoce a la gente comprometida no solo con los ideales Liberacionistas, sino conocemos también a la gente que se ha casado con la idea de trabajar al lado de quienes les dimos la responsabilidad de Gobernar. Mal hacemos en anunciar Tiendas de Pre-Candidaturas, lo cual refleja ambiciones personales y llegamos a parecernos al dirigente de la oposición que tiene los colores del Club Herediano.

Bien hacemos en pensar en trabajar con las propuestas de este gobierno y sus Municipalidades, en formular proyectos que puedan ir de la mano con llevarlos a cabo en este periodo. Demostrar a los costarricenses que no estamos o volvimos a Liberación Nacional solo por lograr encender una estructura electoral y cumplir sueños personales de llegar a ser Presidentes. Seamos serios y seamos respetuosos de un pueblo que puede cansarse fácilmente de tanta habladuría teniendo en cuenta que en política no hay facturas que queden sin saldar. Las cosas han cambiado y la gente no se deja llevar por caras bonitas y discursos alterados. La gente valora la lealtad, la sinceridad, compromiso con los trabajos de hoy y que su Pre-Candidato, cuando sea el momento adecuado, sea escogido por ellos mismos, sin tener miedo que luego se marchen de Liberación Nacional.

Ene 16 2008

Socialdemocracia y globalización

Saúl Weisleder

Estoy en favor de la globalización por el bien de Bangladesh–P. Krugman, NYT
Diplomático

Soy de los que aún creen que las ideologías políticas siguen siendo importantes. Lo son, para dar estabilidad y continuidad a las opciones políticas. Sin ellas, no solo prevalece el oportunismo, sino que se debilitan las opciones partidarias y el rendimiento de cuentas. Pero, claro, no deben ser una camisa de fuerza mental. Todo lo contrario. Por eso adquiere mucho más sentido una visión remozada de la social democracia (SD), como la que comenzó a surgir a principios de la década de 1980, como respuesta a nuevas realidades políticas y económicas.

Cuando Krugman, pensador fundamental de la izquierda demócrata en EE. UU. escribe lo anterior, lo que está afirmando, además de una línea ideológica, es el carácter universal que debe tener el pensamiento contemporáneo. Universal no en un sentido ahistórico ni despojado de contenidos locales, sino en el de que debe plantearse los problemas en función de un mundo cada vez más integrado como sistema ecológico, económico, cultural y político.

Realidades. En ese contexto, parece que la SD latinoamericana ha superado ya, en sus corrientes principales, los debates desde los extremos sobre “mercado y Estado” o la necesidad de una adecuada articulación entre políticas fiscales, monetarias y sociales, buscando iguales objetivos, crecimiento económico con generación de empleos decentes y una más equitativa distribución del ingreso. Ni neoliberales ni populistas de izquierda coinciden en esto. Para los primeros, la inflación es “el enemigo número uno” y el resto de las políticas deben subordinarse a ello; para eso, quieren un Banco Central más que independiente, “soberano”. Para los segundos, el grado de subordinación que quisieran del “mercado” respecto del Estado es tal que no solo resulta inviable en las actuales condiciones, sino ineficaz para los propósitos pregonados. Que haya algunos autoproclamados “SD auténticos”, por referencia a “biblias” del siglo pasado, no cambia estas dos realidades de inviabilidad e ineficacia.

Ninguna tendencia SD ha sido más efectiva en remozarse y mantenerse relevante “en las verdes y en las maduras”, que la costarricense. No sin errores ni dificultades. Ha sido exitosa en no ceder a la privatización de las pensiones, por ejemplo, en sobrevivir el embate contra las políticas sociales universales, en “soberanizar” el BCCR, en debilitar los programas sociales desvinculando su financiamiento del crecimiento económico, etc.

Pero no resistió el embate por debilitar la capacidad de planificación del Estado, en general y en áreas como infraestructura, educación, telecomunicaciones y otras. La capacidad de gestión del Estado se redujo ante “reformas estatales” que fueron más el resultado de “soluciones de compromiso” ante los embates desde el exterior y el interior, crisis fiscales y corrupción, que de una concepción visionaria y ordenada ante los nuevos retos económicos y tecnológicos y, sobre todo, de una población más consciente de sus derechos, tanto por los cambios demográficos como por verdaderas revoluciones que fueron brindando al ciudadano nuevas herramientas de información y decisión.

En común. Desafortunadamente, el “debate político e ideológico” nacional no corresponde a la naturaleza de la mayoría de los cambios y retos de Costa Rica, sino que quedan anclados en realidades de países latinoamericanos que recién comienzan a sufrir los cambios que nosotros tuvimos 1 ó 2 décadas atrás. Lo que sí tenemos en común con Latinoamérica en este sentido es el tremendo rezago en equidad, pero no en las bases de nuestra economía ni los avances democráticos. Caer en la trampa de que esos son nuestros desafíos es volver a los “dilemas” que se planteaban en los inicios de 1970: “socialismo (o ‘nueva democracia’) o fascismo”; estatismo o “libre” mercado. No: bien que mal, Costa Rica logró escapar de la mayoría de los extremismos de estas tres décadas y media y supo hacer a tiempo cambios que nos evitaron traumas terribles. Pero ya no pueden esperar más los cambios que consigan reducir la gran desigualdad creada y la ineficacia, por enmarañamiento y por debilitamiento de los sistemas organizativos del Estado. Hay que mejorar las condiciones de reclutamiento y permanencia de los funcionarios públicos en sus distintas categorías, acabar con las grandes desigualdades entre el “sector descentralizado” y el gobierno central (ministerios) y establecer sistemas de motivación y optimización en el empleo de todos los recursos, con rendimiento de cuentas en todos los niveles.

Verdadero cambio. La promoción del empresaliarismo, junto a un verdadero cambio en el mercado de trabajo que, a la par de la flexibilidad garantice protección social y brinde estímulos a la creatividad y la responsabilidad, resultan esenciales. Pero esto debe hacerse tratando de proyectar con ambición y realismo las líneas de nuestras bases económicas a mediano y largo plazo, no como ejercicio voluntarista sino como el resultado de analizar nuestro potencial interno, las tendencias globales y las fuentes y posibilidades de la competencia.

Seguramente hay visiones ideológicas diferentes. Así debe ser en una democracia. Pero, igual que la SD debe remozarse saliendo de trampas retardatorias o meramente ilusorias, los aportes serían más provechosos si desde otras perspectivas, el enfoque también se apoya en realidades y desafíos a partir de lo que somos y hemos sido.

Ene 10 2008

Herbert Simon y la crítica desde la izquierda. Una visión personal.

Luis Fernando Díaz

Debo confesar que me tomó un poco por sorpresa el artículo-crónica del libro de Crowther-Heyck “Herbert Simon: the bounds of reason in modern America“. De la misma forma me sorprendió el contenido atribuido al libro. Una y otro describen un Simon que desconozco.

Al mismo tiempo, la verdad, tal vez no lo desconozco tanto. Hace casi treinta años, un compañero de estudios, Brusa, uruguayo, socialista, pero además con notable sensibilidad social (posiblemente la razón principal de las frustraciones de los contestatarios en el gobierno: el Ché en Cuba, Brusa en Nicaragua), comentaba que desde la perspectiva de los estudiantes de administración y los esclarecidos profetas del capitalismo, en una primera etapa de estudios había que poner en un pedestal a Taylor, pues era incuestionable su maestría para racionalizar y justificar la explotación.

Pero, apenas se leía a Fayol, se tomaba conciencia de que a Taylor había que enterrarlo en cajita blanca. La doblez y la astucia con que Fayol hacía funcionar sus “principios de administración”, para que el hombre propiciara su propio sometimiento, era increíble. Y por supuesto, Elton Mayo los superaba a ambos, pues el capitalismo era, en su demostración sociológica, una condición natural de la sociedad. Pero, apuntaba Brusa y creo entender yo ahora, que cuando uno llegaba a leer a Simon, ahí sí que se acababan los podios, porque con la explicación científica que se elabora a partir del desmantelamiento de los principios de la ciencia económica, era capaz de reconstruir la más acabada teoría de la explotación.

Claro que no comparto la totalidad del razonamiento. Pero, no lo menosprecio tampoco.

Herbert Simon obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1978 por sus trabajos en Teoría de la Decisión y por la importancia de ellos en la Economía (valga decir: por ponerla pies en tierra).

Simon explica que la mayoría de las personas son sólo parcialmente racionales y que de hecho actúan en un universo incierto (el fue el primero en usar con absoluta claridad el concepto de incertidumbre en economía y teoría de la decisión). La racionalidad es limitada interna y externamente; en lo interno, por las preferencias –especialmente–. En lo externo, por los costos de recopilar y procesar información, incluido el tiempo. La racionalidad limitada es el principal impedimento de la eficiencia (como optimización): no se pueden conocer todas las consecuencias asociadas a las alternativas de política, tampoco las alternativas, y peor, ni siquiera el recorrido o la causalidad esperada (probabilidad) entre alternativas y consecuencias. No se sabe, en conclusión, cuál es la relación entre los medios y los resultados, y cualquier óptimo es solo una aproximación, un invento o “buenos deseos”. El comportamiento administrativo, económico y político es, por eso, “satisfaciente”, usa el método de las aproximaciones, la heurística y las analogías. Y recurre a estrategias, como el entrenamiento (para suplir información por conocimiento) y la lealtad y la identificación, además de la autoridad, para orientar las decisiones.

Hoy esto suena casi como una perogrullada, pero en los años 50 (e incluso en los sesenta y setenta, cuando yo estudiaba esos temas), sonaba casi increíble.

Sin embargo, todavía se mantienen algunas escuelas de pensamiento y de acción política (y algunos comentaristas despistados en periódicos y en algunas redes informáticas, wikis o blogs) que a veces defienden la viabilidad de la eficiencia en su definición tradicional.

Creo haber leído la mayor parte de los trabajos de Simon del periodo 1947 a 1960, así como algunos posteriores. Tengo en mi biblioteca versiones originales así como traducciones de las dos obras clásicas “Teoría de la Organización” y “El comportamiento administrativo”. También he leído su “Administración Pública” (Simon, Smithburg y Thompson), así como “Ciencias de lo artificial”, “Models of Man”, “The New Science of Decision Making” y varios de los artículos escritos conjuntamente con Newell en ese periodo. En ellos encuentro, sobre todo, gran coherencia en su disputa contra la impecable formalidad de la teoría, especialmente en cuanto se refiere a la fundamentación en valores. Para Simon, toda afirmación y todo juicio tienen dos tipos de componentes basales: valores y hechos, y, así como los segundos aceptan la formulación de principios descriptivos positivos, los primeros, y su consecuencia, la ideología, son parte de los límites a la racionalidad.

Sin embargo, la microeconomía neoclásica ha resistido el embate, se ha refugiado en la formalidad y la cohesión de su lenguaje. Incluso, ha creado modelística para lidiar con universos “parciales”.

En otros campos, desde la izquierda, por ejemplo, la visión ha sido menos complaciente.

Las posiciones críticas más elaboradas (y tal vez más profundas) de la Teoría de la Organización las encontramos en Braverman (“Trabajo y Capital Monopolista”) y en Mouzelis (“Organización y Burocracia”). Ambos libros son ya viejitos, pero la creación de categorías y la meticulosidad del análisis, así como la riqueza del escenario ideológico y las categorías que les sirven a cada uno de fondo, son condiciones que previenen deslices y que las dotan de gran coherencia. Estas virtudes, me parece, no han sido superadas en críticas posteriores, más allá de la decadencia de la crítica misma tanto como de las ideologías –la económica y la marxista- que la soportan.

Mackenzie –en “Política y Ciencia Social”– hace un excelente resumen de la teoría de la organización elaborada y expuesta por March y Simon. Este libro se usó por varios años en los cursos introductorios en Ciencias Políticas en la UCR. A Florisabel y a mí nos tocó trabajar con el cuando fuimos asistentes de Ronald Fernández. En su capítulo 15, este autor hace un recorrido memorable por toda la Teoría de la Organización, desde Taylor hasta Woodward, incluyendo a Barnard, Etzioni y muchos más. Ese breve texto es un verdadero compendio de dicha teoría y podría fácilmente ser la base para un curso en el campo. No entra en la discusión sobre la eficiencia, pero provee el lenguaje básico para una iniciación en la disciplina, explica la oposición entre lo axiomático tradicional y la idea de los ámbitos de tolerancia aportada por Simon. Describe correctamente la oposición entre maximización, en un lado, y homeostasia y funcionalidad, en el otro. Cuando Mackenzie dice “cada subsistema y el sistema en su conjunto solo necesitan obtener lo suficiente para funcionar…” “es un alivio para las organizaciones que no necesitan saberlo todo, siempre y cuando sepan lo bastante para obtener ganancias al final del año.”…”se trata de una expresión moderna formal de un copioso acervo de antigua sabiduría en torno al conocimiento de las propias limitaciones.”, entonces, con él, se entiende, se acepta y se coincide con las ideas de Simon.

Ene 10 2008

Álvaro Colom: un Presidente con dos nahuales

Álvaro Colom: un Presidente con dos nahuales

Por Mauricio Castro Salazar

De acuerdo con nuestras más arcanas tradiciones cada persona al nacer tiene el espíritu de un animal que se encarga de protegerlo y guiarlo: un nahual. (también se dice nagual o nawal). Los nahuales son los que los católicos llamamos ahora “ángeles de la guarda”. La tradición dice que “…usualmente se manifiestan sólo como una imagen que aconseja en sueños, o con cierta afinidad al animal que nos tomó como protegidos.”

Se dice también que una persona con un nahual lobo, tendría un excelente olfato. Una persona con un nahual jilguero cantaría “angelicalmente”. Una persona con un nahual halcón tendría una visión excepcional de conjunto.

El pueblo maya mantiene sus tradiciones oralmente. Una de las más importantes es precisamente el reconocimiento de los nahuales. Existe un sacerdote –hombre o mujer– que los identifica y pone en contacto al nahual con su “protegido”.

Alvaro Colom durante muchos años recorrió Guatemala en forma permanente. No creo que alguna comunidad afectada por la guerra quedó sin su visita y sin una posible solución proveniente de su lado y mucho menos sin un gesto amable o una sonrisa sincera y quizás hasta recibió un chiste de esos que se requieren para tomar aire al final de una jornada y se debe iniciar otra. En muchas de esas visitas Don Cirilo acompaño a Alvaro Colom.

Don Cirilo, el “lobo errante”, es uno de los que mantiene la tradición oral del pueblo maya. Es uno de los sacerdotes miembro del Consejo de Ancianos. Don Cirilo, en uno de los tantos viajes en que acompañó a Alvaro, le indicó al piloto del helicóptero que los transportaba –Alvaro Colom en ese entonces era Presidente de FONAPAZ, hace ya más de 10 años– que aterrizará “en aquel clarito”, el piloto con la venia de Álvaro hizo lo que se le indicó.

El sabio anciano, con agilidad juvenil, saltó del helicóptero y de quién sabe dónde sacó dos palos y se dedicó a trazar la Cruz Maya. El piloto con esas brújulas tecnológicamente avanzadas, comprobó –con gran incredulidad– la precisión del trazo: los puntos cardinales fueron dibujados con precisión ingenieril (¿o con exactitud milenaria maya?)

Cruz Maya
cruzmaya1.jpg

La ceremonia empezó.

Don Cirilo encendió el fuego sagrado, quemó copal, cantó, oró, pidiendo al Corazón del Cielo y al Corazón de la Tierra por el nahual del “ingeniero Colom”. Fue tirando aguardiente y las velas de 6 distintos colores al fuego y agradeciendo:

Rojo, al oriente, donde nace el sol. Se agradece el nuevo día.
Negro, al poniente, donde muere el sol. Se agradece la oscuridad, la noche, lo oculto.
Blanco, al norte, la salida del aire. Se agradece a los que no están y solo nos acompañan con su recuerdo, se agradece a los difuntos.
Amarillo, al sur, el aire que respiramos, la energía. Se agradece a la vida.
Azul cielo, en el centro hacia el oriente. El cielo. Se agradece al Corazón del Cielo.
Verde, en el centro hacia el poniente. La naturaleza. Se agradece al Corazón de la Tierra.

Después de un rato de ceremonia, cuando los niveles de concentración ya iban llegando a su climáx, dos halcones bajaron de la nada y se posó uno en cada hombro de Alvaro Colom.

¡Sorpresa para todos! Don Cirilo y Alvaro esperaban un nahual, ¡solo uno! Algunos no esperaban nada. ¡Dos nahuales!¡Dos nahuales! ¿Qué significa que una persona tenga dos nahuales? ¡Solo los escogidos tienen dos nahuales!, dijo alguién….

Ese es Alvaro Colom. El nuevo Presidente de Guatemala, electo por la mayoría de los guatemaltecos para dirigir su destino a partir del 14 de enero del 2008. Un Presidente con dos nahuales. Un Presidente con dos ángeles de la guarda. El halcón como nahual da a su protegido una excepcional visión de conjunto, ¿Qué darán dos halcones?

Ene 10 2008

De izquierda democrática

Ocean Castillo Loría

Con mucho interés hemos dado lectura al artículo: “De la derecha o de la izquierda”, autoría del inestimable compañero don Carlos Manuel Vicente, quien sirviera a la causa del Partido Liberación Nacional y ante todo del país, como ministro y diputado.

Comienza su reflexión don Carlos recordando su pertenencia al Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, y definiendo este grupo como de izquierda, en el tanto, creía en programas sociales dentro de la lógica de gobiernos de tipo liberal.

Esto es cierto, y aquí es donde cabe una distinción que muy oportunamente ha hecho con claridad el compañero don Enrique Obregón Valverde y que, consiste en distinguir entre la izquierda democrática y la izquierda marxista. Entre las múltiples diferencias entre una y otra, lo fundamental es que el marxista procura la destrucción del capitalismo mientras que la izquierda democrática o socialdemocracia busca la reforma del capitalismo de cara a alcanzar la justicia y la igualdad, dentro del sistema democrático.

La reflexión de Vicente se encamina a ilustrar como el triunfo revolucionario y el gobierno de Don Pepe inaugura un periodo de construcción socialdemócrata que lleva a concretar el ideario del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales. Valga decir, que la discusión ideológica de ese momento era: ¿Cuánto Estado debe intervenir en la dinámica económica para lograr una mejor distribución de la riqueza y por ende, una mejora social?

Don Carlos rememora su candidatura para la Constituyente de 1949 por el Partido Socialdemócrata y debe tenerse presente que dentro del ideario de este partido se planteaba una reforma Estatal de cara a una mayor intervención de éste en la economía.

Es por eso que como lo relata el autor que comentamos, fue considerado por el Sr. Sanderson como comunista. Esto, por cuanto en ese momento, no era entendible que una intervención Estatal respetara el sistema democrático. Un recuerdo más fresco de esa actitud es la campaña electoral de 1966 donde Daniel Oduber es acusado de comunismo.

Lleva razón Vicente al decir que Figueres Ferrer conduce al país por el recto sendero Socialdemócrata, las medidas a las que se hace referencia tienen como norte la intervención del Estado en la economía: La nacionalización bancaria permite el paso de los bancos del sector privado al Estado con un claro objetivo social; la regulación de precios al productor y al consumidor, donde ya no es la oferta y la demanda la que establece los importes que deben pagarse por los bienes, inclusive, debe recordarse que la ley de protección al consumidor propiciada por Oduber establecía a los inspectores de precios y la creación del ICE permite al Estado entrar en el tema de los mercados de electricidad y telecomunicaciones. Los resultados quedan patentes conforme lo asegura Don Carlos, una disminución de la pobreza de 60 al 20 por ciento.

También es cierto que muchos de esos pilares del programa Socialdemócrata de Don Pepe desaparecieron. La nacionalización bancaria es un recuerdo, hoy los bancos privados entran en el negocio de las cuentas corrientes y no es ocioso recordar que cuando se discutía el rompimiento de ese monopolio, se propuso a los bancos privados el que aportaran un porcentaje de sus ganancias para el desarrollo nacional. Al final, se rompió el monopolio sobre las cuentas corrientes y del aporte se olvidaron casi todos los sectores involucrados. Tampoco es en balde recordar, que esto sucedió bajo el gobierno verdiblanco de Figueres Olsen.

La desarticulación del Consejo Nacional de Producción (CNP) golpeó la estabilización de precios para el productor y la actual ley de protección al consumidor, pone énfasis en el libre mercado. Asimismo, hoy se discute la apertura del monopolio en telecomunicaciones al grado que hasta se habló en algún momento de la apertura de la telefonía fija.

Resulta cierto que el aumento de las exportaciones, las nuevas inversiones y el turismo ayudaron a la reactivación económica del país, pero también es cierto que en ese proceso el Estado ya no organiza e integra la vida social, sino, se fortalece al mercado en esos roles.

Esto quiere decir que en estos momentos y por cerca de 25 años, la discusión ideológica es: ¿Cuánto mercado debe controlar la dinámica económica para ser más competitivos? El problema ha sido que en esa discusión se ha olvidado o subyugado el tema de la distribución de la riqueza.

Hoy se escucha a muchos decir que sea la mano invisible la que distribuya la riqueza, otros piensan que el tema de la competitividad tiene implícito el tema de la solidaridad. Hasta hoy, hay evidencia de dos cosas: la primera, que la mano invisible es artrítica para distribuir la riqueza y la segunda, que la solidaridad está tan implícita en el tema de la competitividad que se subraya más la primera que la segunda.

Enumera Vicente un conjunto de medidas del actual gobierno que son positivas en lo que valen, pero que también nos permiten abrir nuevos escenarios para el mejoramiento de la política social. primero, debemos contemplar que la baja de la pobreza no es cuestión de porcentajes, o de unos cuantos colones más o menos para pasar de un rango estadístico a otro, la baja de la pobreza debe cubrir una visión más integral. Nuestra alegría es a medias cuando se disminuye porcentualmente la pobreza a costa del aumento de la desigualdad.

Segundo, si bien puede reconocerse el esfuerzo del gobierno por bajar la inflación, en este mes de enero queda claro que esa cifra macroeconómica tiene dos dígitos y que, la cuesta propia de este tiempo será más dura para la gente por los aumentos en el valor de bienes o servicios básicos.

Tercero, ciertamente es digno de profundizar el esfuerzo que en materia de salud y pensiones ha hecho esta administración y que, es hasta reconocida por nuestros opositores.
Debe aceptar Don Carlos que nuestro partido ha venido abandonando políticas universales a las que aspiraba el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, no porque los problemas a los que apuntaban hayan desaparecido, sino, porque se dejó de confiar en el Estado como distribuidor de la riqueza.

Resulta interesante el que Vicente refiera a una socialdemocracia neoliberal. Lo veraz es que en nuestro último congreso ideológico se habló de “socialdemocracia flexible”. ¿Es que acaso la socialdemocracia del Centro, la de Don Pepe, Don Chico y Don Daniel era inflexible? No. El razonamiento de flexibilidad es que se acepte más mercado y menos Estado. ¿Es esto lo que quería el Centro al que perteneció Don Carlos Manuel Vicente?

No hay que aborrecer a los ricos ni a los gringos. Hay que permitir a la mano visible del Estado orientar a la mano invisible del mercado por medio de políticas universales que favorezcan al mayor número, esta tesis de la izquierda democrática o socialdemocracia, fue el pensamiento de Don Pepe.

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