nov 03 2007

Ser de izquierda ahora

Enrique Obregón Valverde

Quiero comenzar este pequeño comentario con una afirmación: soy un hombre de izquierda; lo fui antes y lo continúo siendo ahora. Como existe una amplitud de interpretaciones conceptuales en cuanto a la izquierda, me ubico dentro de la izquierda democrática; es decir, en la socialdemocracia.

La socialdemocracia es un método de interpretación de la realidad política en un momento histórico determinado. No es una doctrina con valores absolutos y dogmas que sujetan y mediatizan. En consecuencia, lo que se pensó y expuso en 1950 no es lo que se puede pensar y exponer hoy. Como las condiciones cambian y la realidad es distinta, la interpretación que se da ahora es diferente de la que se dio a mediados del siglo XX. La socialdemocracia, como método, no cambia, solamente varían las condiciones sociales.

La realidad. Por ejemplo, pienso que el poder concentrado que tiene la globalización sufrirá variantes -como consecuencia de la presión de la izquierda democrática-, para convertirse en un comercio y en un sistema financiero de mayor libertad y control, con tendencia a diluir las consecuencias negativas sobre los sectores más desvalidos de los pueblos. Pero, por el momento, ese poder se mantiene. Esa es la realidad en la que estamos viviendo.

Como las sociedades se transforman, la izquierda debe cambiar. Esa es la obligación de la socialdemocracia: encontrar la forma de convivir críticamente con nuevos y poderosos obstáculos, manteniendo en alto las banderas eternas de justicia, solidaridad y paz. Pero lo que no debe hacer la izquierda es sostener una posición conservadora, porque solo tiene la alternativa de ajustarse a las nuevas épocas o de convertirse en
reaccionaria.

Única posibilidad. La izquierda socialdemocrática define el único socialismo posible porque está en capacidad de defender, en la más opresora e injusta de las realidades, el cambio que puede influir en la historia, reduciendo desigualdades y protegiendo a los más necesitados. De esta manera la izquierda, como la entiendo hoy, es una lucha dentro del proceso democrático, respetando las leyes de la democracia, para denunciar los fríos mecanismos del mercado y un tipo de capitalismo que, entre la avaricia y la moral, escogió la avaricia.

El progresismo continúa; solamente tiene la socialdemocracia que modernizarse o, como sostiene Anthony Giddens, está obligada a “elaborar políticas que nos ayuden a preservar y profundizar los valores de izquierdas en la era de la globalización”. Finalmente, recordar que, a pesar de los cambios y variaciones estratégicas, hay un concepto que mantiene firmeza a través del tiempo: no puede haber progreso sin un Estado fuerte que garantice derechos y libertades fundamentales, un Estado democrático y social.

nov 03 2007

Jugar así no se vale

Mayi Antillón *

Bajo el título “La gradería de sol frente al palco de los corruptos” (LA PRENSA LIBRE, 30 de octubre de 2007), el autor arremete contra mi persona con una serie de descalificativos a partir de una lamentable visión polarizada que maneja de la sociedad, que encasilla de partida que todos los ricos son corruptos y van a palco y que todos los pobres están vacunados contra ese mal y van a gradería de sol.

Aunque no voy a caer en la trampa de los insultos que me hace el autor, una faceta que para ser sincera no le conocía, por respeto a los costarricenses voy a ampliar el contexto en que di estas declaraciones a la prensa, ya que sobre éstas es que este ex asesor del Partido Acción Ciudadana (PAC), desarrolla una cátedra de mi alejamiento del pueblo al estar, según él, “en una oficina blindada en la Asamblea Legislativa”.

El verdadero fondo de mis declaraciones a los medios de comunicación es que el PAC se ha caracterizado por utilizar un doble discurso ya que ante determinados acontecimientos mantiene una posición, pero dependiendo de la coyuntura cambia o se acomoda. De ahí que mencionara que esta agrupación responde a la gradería de sol. Un ejemplo de ellos es su reciente comportamiento en el Congreso, con tesis muy radicales, consecuentes con la asistencia de un grupo enardecido que insulta y amenaza desde las barras legislativas a los 38 diputados que apoyamos el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. En esa misma línea, queriendo demostrar su solidaridad con los Comités Patrióticos, que tenían su sesión el fin de la semana pasada, ha presentado 1.097 mociones a un solo proyecto de ley de la agenda de implementación. Eso sin profundizar en los múltiples rompimientos de quórum, algo que está dejando de ser noticia.

Pero esto ya es común en el PAC, recordemos la actitud de don Ottón subido en la tarima de los líderes del No, la noche del 7 de octubre, tras los resultados del referéndum, desconociendo la decisión de Costa Rica, frente a “una gradería de sol” que pedía sangre y un día después sus declaraciones ante un medio de comunicación que al cuestionar su posición, sencillamente decide acomodarse y asegurar que sí va respetar la voluntad popular.

Doña Elizabeth Fonseca también utiliza la misma receta: en una reunión con el Presidente de la República menciona que el PAC no obstaculizará la agenda de implementación y al día siguiente pide a los medios de comunicación la grabación de sus declaraciones porque tiene que hacer algunas aclaraciones en el sentido de que a ellos el tiempo para aprobar la agenda no les preocupa. A los hechos me remito.

Es sobre este tipo de actuaciones que van dirigidas mis denuncias y en ese contexto es que he utilizado la frase que también don Alberto Cañas utiliza con frecuencia y que es bien entendida por los ticos, pero no por la persona que escribe el artículo de marras, que crítica cada una de mis actuaciones porque, según él, se me olvidó que la gradería de sol me nombró.

No señor, a mí me eligieron muchos ticos y ticas de diferentes sectores y regiones, pobres y ricos, de gradería y de palco. De Tirrases, donde con mucho orgullo trabajo por sus angustiantes necesidades, como de Cascajal, de San José centro y de muchos otros lugares. Me eligieron empresarios y trabajadores de la actividad productiva nacional con quienes me he vinculado durante 15 valiosos años de mi vida; con jóvenes como mis hijos, que necesitan creer en alguien con ideas, compromiso y ante todo valiente a la hora de enfrentar cambios sin cálculos políticos.

Me encanta asistir al estadio. Con mucho orgullo asisto con regularidad y me siento feliz al vitorear con la Ultra al equipo de mi preferencia. Pero ni en gradería la gradería de sol, donde he estado, ni en palco, donde también he asistido, he compartido asiento con los corruptos que parece ver este señor por todas partes. Lo que sí puedo decirle a los costarricenses con todo respeto y lo saben perfectamente quienes me conocen, es que estoy en la Asamblea Legislativa jugando el partido más importante de mi vida y lo hago con gran mística y compromiso, por que tengo la oportunidad de estar en este Primer Poder de la República defendiendo lo que creo, luchando por los costarricenses que se esfuerzan día a día y que necesitan oportunidades para mejorar su calidad de vida.

Creo en la democracia y por ello pido respeto a las instituciones que solidifican a este tesoro que tenemos los ticos. Lo que no se vale es que utilicemos instrumentos y pongamos las reglas del juego y después no las respetemos. Esto es similar a un partido de fútbol, en el cual el perdedor se enoja, no acepta el resultado, desacredita a los árbitros y luego se lleva la bola para que no se pueda volver a jugar.

*Jefa de fracción del PLN

nov 03 2007

No perdamos la fe

Hilda González Ramírez

La Organización de Estados Americanos (OEA) convocó en el mes de septiembre del año en curso, a los representantes de los Poderes Legislativos de Centroamérica y República Dominicana a una reunión con el fin de deliberar sobre los mecanismos que la región está aplicando para combatir la corrupción desde los poderes públicos.

Fue un asamblea exitosa. Quedó claro que la región requiere de una cirugía mayor para modernizar más la legislación actual de modo que las instituciones contraloras creadas para ese fin, ejerzan efectivos seguimientos a posibles estructuras paralelas de corrupción creadas en los Poderes del Estado en complicidad con el ingreso de capitales extranjeros de dudosa procedencia.

No es tarea fácil la ahí encomendada. Existe poca fe en los ciudadanos de que los poderes legislativos puedan hacerle frente a estos retos.

Los ahí presentes adquirimos el compromiso de fortalecer valores morales y democráticos como la honradez; la rendición de cuentas, la lealtad a la Patria y la decencia como valores irrenunciables de los servidores públicos y de la sociedad. Lamentablemente, la corrupción constituye una afrenta grave a los sistemas democráticos y a la dignidad humana, sin embargo no debemos perder la fe, porque cada día el ser humano busca dignificarse en todas sus acciones, y eso permite mejores condiciones para atacar un mal que se ha institucionalizado y que atenta con la convivencia pacífica de los Estados que resguardan y preservan sus recursos para el bienestar de todos sus habitantes. El bien ser debe estar siempre sin condicionamientos sobre el bien tener. Los diputados que participamos en la República Dominicana, suscribimos documentos de compromiso de no tolerancia al vandalismo de cuello blanco o narcotráfico que ha encontrado aliados en funcionarios públicos para penetrar en los Poderes del Estado.

No perdamos la fe en esta lucha donde Costa Rica ha dado pasos concretos con la implementación de la Ley Contra el Enriquecimiento Ilícito del año 2004.

En este encuentro, el país fue ejemplo al hacer efectiva la aplicación de una ley dura donde el Poder Judicial ha procesado y castigado a altos funcionarios y jerarcas de menor rango que han incumplido la ley. Esta ley ha devuelto a los costarricenses la credibilidad en el sistema y en sus funcionarios.

No perdamos la fe. Los países no desisten del sueño de alcanzar sociedades más sanas y menos violentas, libres del saqueo de los recursos públicos.

El compromiso está en agilizar los mecanismos existentes, darlos a conocer a los ciudadanos para que los utilicen y puedan denunciar sin miedo a represalias cualquier acto indecoro del que tengan conocimiento.

Tenemos los instrumentos.

Se requiere la acción coordinada, los recursos y el serio compromiso de parte de las instituciones y la sociedad civil para avanzar en la probidad y transparencia del ejercicio de la función pública de los gobiernos de la región.

nov 03 2007

Noruega: de cómo el pueblo recobró la voz y la socialdemocracia tuvo que virar a la izquierda

Odd Anders

“Sólo en un clima tal de movilización popular podía hacerse entrar en razón a la socialdemocracia. Todavía a mediados de 2004, un año antes de las elecciones parlamentarias, su dirección se negaba categóricamente a considerar siquiera la posibilidad de formar una coalición con el partido de la izquierda socialista (escindido del partido madre en 1975 por desavenencias respecto de la entrada de Noruega en la OTAN). Pero, en la medida en que los sindicatos no estaban dispuestos a tolerar ese boicot, en la medida en que los presidentes del partido de la izquierda socialista y del partido de centro eran invitados en calidad de oradores a los congresos sindicales en pie de igualdad con los dirigentes socialdemócratas, las bases de éstos se negaron en redondo a seguir aceptando la negativa. El cambio culminó a pedir de boca cuando comenzó una campaña electoral en la que los sindicatos actuaron por propia cuenta, presentando durante meses –junto con Attac Noruega y otras organizaciones— a los partidos políticos catálogos reivindicativos de todo punto concretos (articulados en una lista de 54 entradas): el pueblo cobró subitáneamente voz, y pudo decir lo que quería y lo que no quería. La alianza de sindicatos y sociedad civil tomó abiertamente partido por la izquierda.”

Lección noruega para los países meridionales de Europa: también la socialdemocracia puede moverse, y a veces, hacia la izquierda.

Gracias al petróleo, al gas y a las granjas piscícolas, Noruega es uno de los países más ricos de la tierra. En términos de renta per capita, sólo los luxemburgueses y los estadounidenses son más ricos que los noruegos. El Estado septentrional es, tras Arabia Saudita y Rusia, el tercer exportador mundial de petróleo y disfruta desde hace años de un tesoro público que no para de crecer. Ello es que el grueso de los ingresos petroleros (incluidos los ingresos fiscales derivados del petróleo) se coloca en el extranjero; sólo un 4% anual va a parar al presupuesto estatal. Estadísticamente, cada noruego dispone de una fortuna en el extranjero rayana en los 34.000 euros, casi tanto como la renta per capita anual.

Sin embargo, las plagas del neoliberalismo visitaron también a los 4,5 millones de noruegos. Es verdad que su Estado social resulta perfectamente financiable merced a la abundancia de petrodólares, pero la asediante ideología de la “modernización” dominó la política gubernamental de los años noventa. Con gobiernos socialdemócratas en minoría apoyados por el centro derecha (liberales, conservadores y cristiano-populares), se liberalizó y se desreguló de forma tal, que el Estado social no quedó intacto. Se empezó privatizando las fuentes de la riqueza nacional que son el petróleo y el gas (entre otras, las empresas petroleras otrora puramente públicas). Lo mismo ocurrió luego con la red de ferrocarriles y los servicios hasta entonces públicos. Tras haber allanado el camino varios gobiernos socialdemócratas minoritarios, irrumpió luego un gobierno burgués igualmente minoritario que continuó la labor con vehemencia.

El primer gobierno mayoritario desde hace 20 años

Desde 2005 han cambiado las cosas, con un gobierno formado por la socialdemocracia (Det Norske Arbeiderparti/ DAN), el partido de centro ( Senterpartiet/SP) y el partido de la izquierda socialista (Sosialistik Venstreparti/SVP), una coalición que se propuso explícitamente un cambio, reparar los destrozos neoliberales e inaugurar una era post-neoliberal.

Que los socialdemócratas fueran a parar a la oposición tras las elecciones de 2001, significó un aldabonazo de tal envergadura para el partido, que propició el giro a la izquierda y facilitó la despedida de los dogmas neoliberales. Por vez primera en su larga historia, pareció abierto a una alianza con otros partidos de izquierda –el partido de la izquierda socialista y el partido de centro—. Con eso logró el Arbeideparti recuperar una parte de los electores perdidos. Y aunque la coalición burguesa-conservadora prometió en la campaña electoral de 2005 rebajas de impuestos por más de tres mil millones de euros, la socialdemocracia se avilantó a anunciar un incremento moderado de la presión fiscal, a fin de que el Estado pudiera ser más activo en lo social y en la educación, así como la creación de 10.000 nuevos puestos de trabajo en el cuidado de ancianos. También anunció que, caso de ganar las elecciones, revisaría las privatizaciones y volvería a financiar generosamente a los municipios, que ahora prestaban el grueso de los servicios públicos.

Los electores no se dejaron amedrentar por el alboroto propagandístico generado al respecto por las derechas, y otorgaron a la previsible coalición de gobierno de la izquierda una clara mayoría. Al partido de la izquierda socialista el giro a la izquierda de la socialdemocracia no le fue muy bien –perdió votos, y sólo llegó esta vez al 8,8%—, aunque la izquierda en su conjunto quedó visiblemente robustecida.

Apenas llegada al gobierno, la coalición tripartita de izquierda –la primera mayoría gubernamental del país en 20 años— empezó a poner por obra las sorprendentemente radicales promesas de su programa común. La privatización de los ferrocarriles fue cortada en seco, y lo mismo ocurrió con el avance de las escuelas privadas. Se dio cerrojazo a ulteriores desregulaciones, miles de millones de coronas fueron a parar a los servicios públicos municipales, y los soldados noruegos regresaron de Afganistán y de Irak.

Los sindicatos no permiten que el partido de la izquierda socialista quede fuera

Ese cambio de orientación de la socialdemocracia no salió de ella misma: el partido de la izquierda socialista, los sindicatos y los movimientos sociales tuvieron una participación decisiva. Por lo pronto, en 2001 la Unión Sindical Nacional de Albañiles Tejadores decidió no financiar sólo a la socialdemocracia, sino también al partido de la izquierda socialista, manifestándose abiertamente, además, a favor de una alianza parlamentaria de ambos partidos de izquierda. Algunos sindicatos se lanzaron a la campaña a favor del Estado de bienestar, a la que se sumaron pronto varias asociaciones de jubilados, campesinos, mujeres y estudiantes. Su protesta no pudo ser ya desoída cuando estaban en campaña por todo el país no menos de 20 organizaciones capaces de movilizar a más de un millón de afiliados (en un país de 4,5 millones de habitantes). Sólo el movimiento popular a favor de los servicios públicos alcanzó a una cuarta parte de todos los municipios noruegos.

Sólo en un clima tal de movilización popular podía hacerse entrar en razón a la socialdemocracia. Todavía a mediados de 2004, un año antes de las elecciones parlamentarias, su dirección se negaba categóricamente a considerar siquiera la posibilidad de formar una coalición con el partido de la izquierda socialista (escindido del partido madre en 1975 por desavenencias respecto de la entrada de Noruega en la OTAN). Pero, en la medida en que los sindicatos no se mostraron dispuestos a tolerar ese boicot, en la medida en que los presidentes del partido de la izquierda socialista y del partido de centro eran invitados en calidad de oradores a los congresos sindicales en pie de igualdad con los dirigentes socialdemócratas, las bases de éstos se negaron en redondo a seguir aceptando la negativa. El cambio culminó a pedir de boca cuando comenzó una campaña electoral en la que los sindicatos actuaron por propia cuenta, presentando durante meses –junto con Attac Noruega y otras organizaciones— a los partidos políticos catálogos reivindicativos de todo punto concretos (articulados en una lista de 54 entradas): el pueblo cobró súbitamente voz, y pudo decir lo que quería y lo que no quería. La alianza de sindicatos y sociedad civil tomó abiertamente partido por la izquierda.

En 2009 se celebrarán las próximas elecciones parlamentarias. El impulso del invierno 2005/6 parece agotado. Mas la izquierda no se ha quedado quieta: Noruega dispone del más ambicioso programa contra el cambio climático –aun si desinhibidamente fiado a la compra de derechos de emisión—; tiene una generosa ayuda al desarrollo; la exploración de las reservas de petróleo y de gas en el extremo norte prosigue resueltamente; el Estado de bienestar vuelve a construirse, no a desmontarse. Se ayuda a la familia con medidas no ideológicas, pero efectivas. Gracias a inversiones consecuentes en prestaciones públicas de servicios, el desempleo está claramente por debajo de la media de la UE.

Disputas como la de la entrada en la UE o la de la salida de la OTAN, que podrían hacer estallar a la coalición en las próximas elecciones, han sido hasta ahora evitadas. Lección para los países meridionales de Europa: también la socialdemocracia puede moverse, y a veces, hacia la izquierda.

Odd Anders es un analista político noruego.

nov 03 2007

De la realidad a la leyenda

Discurso pronunciado por el Lic. Enrique Obregón, el día 11 de octubre de 2007, en el Museo Nacional, con motivo de la entrega del libro: “La Pobreza de las Naciones”, editado por RAÍCES, del Partido Liberación Nacional.

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Con el transcurso del tiempo la figura real de don José Figueres se irá diluyendo para convertirse en una leyenda que obligaría a los costarricenses del futuro a pensar que posiblemente no existió y que solo fue el producto de la imaginación popular. Si analizamos razonadamente su vida podríamos llegar a la conclusión de que un hombre así nunca vivió. Claro que nosotros, los que lo conocimos, damos testimonio de su vida y de su muerte, pero los costarricenses que vivirán dentro de cien años no nos van a creer.

Cuando la democracia se prostituyó en este país, Figueres se dedicó a crearla de nuevo y a cimentarla, para lo cual convirtió al campesino en soldado. El campesino, entonces, adquirió la conciencia histórica de su
propia ciudadanía. Figures inventó al hombre situado de nuestro tiempo, dándole capacidad de defensa de su propia condición democrática. Figueres creó una democracia porque pudo darle espiritualidad política al hombre sencillo del campo y del taller. A partir de allí, este país fue distinto: todos entendimos qué era lo que queríamos y cómo podíamos actuar para definir y conquistar un futuro armónico y solidario.

Además, como la cosa más natural del mundo, afirmó que la actividad económica era una función social y que el propietario, en su calidad de empresario, se convertía en un servidor de la sociedad, parte de la economía nacional, y que solo se justificaba su existencia si lograba entender que la producción de bienes y servicios tenía razón de ser si estábamos de acuerdo con que el fin del trabajo de todos era la satisfacción de las necesidades de todos. Por esta razón se puede afirmar que fue el único Presidente socialista que hemos tenido los costarricenses.

Y cuando nos enteramos de su lucha permanente por la educación nacional, por la cultura, por la música, por la filosofía, también pudimos decir que fue el único humanista que Costa Rica tuvo en la Casa Presidencial.

Figueres no fue académico, ni universitario ni una persona de estudios sistemático y ordenado, pero sí incursionó con tenacidad en todos los campos del quehacer humano. No fue un catedrático, pero sí un hombre que traspasó los siglos representando en nuestro país el más auténtico Renacimiento. Paralelamente a sus funciones de gobierno, escribió libros de literatura, de filosofía política, de economía, y lo hizo con propiedad y brillantez.

Como revolucionario triunfante, le cambió al soldado su rifle por un libro, convirtió a los cuarteles en escuelas e impuso las normas universales de la democracia. Al político que engaña y defrauda lo sustituyó por el filósofo que se sienta a la sombra de la monumental obra que creó para señalar senderos a la patria.

José Figueres fue un hombre de acción y de pensamiento, capaz de declarar la guerra cuando un dictador le roba los derechos a los pueblos y, al mismo tiempo, inclinarse emocionado ante la madre que se lamenta por la muerte de su hijo. Un estadista con la infrecuente particularidad de unir la razón con el sentimiento, al fusil liberador con la más sensible lágrima del poeta. Un raro ejemplar que solo produce la humanidad una vez cada mil años.

Alegrémonos de haber vivido en el tiempo de Figueres.

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