Lo que está en juego en el Kurdistán
Sergio Moya Mena
Aunque los orígenes del pueblo kurdo se remontan 5 mil años atrás, esta comunidad de 30 millones de seres humanos es el pueblo sin Estado más grande del mundo. A lo largo de su historia han sido invadidos por muchos pueblos, pero ni siquiera Alejandro Magno pudo someterlos completamente. Kurdo era el genial Saladino, vencedor de los cruzados en la Batalla de Hattin y conquistador de Jerusalén en 1187. Indómitos y celosos de su cultura, los kurdos nunca han dejado de luchar por su libertad.
El Kurdistán comprende un área de 580 mil km2, distribuido entre lo que es actualmente Turquía, Iraq, Irán y parte de Siria y Armenia. El anhelo de independencia ha sido una aspiración que los kurdos han defendido siempre, muchas veces frente a la represión sanguinaria de sus vecinos o frente a la traición de las grandes potencias. Después de la I Guerra Mundial, el Tratado de Sèvres dispuso la creación de un Kurdistán independiente, lo cual fue rechazado por Turquía, que no solo se opuso violentamente a este proyecto, sino que prohibió la lengua y la cultura kurda en 1923 y más adelante llevó a cabo una cruenta persecución contra los kurdos que desembocó en la matanza de miles de campesinos en 1938. La represión turca se intensificó en los años setenta y la ley marcial fue impuesta en la región en 1978.
En los últimos meses y como uno de los muchos problemas irresueltos de Medio Oriente, el tema kurdo vuelve a los titulares en ocasión del inminente ataque del ejército turco contra posiciones del separatista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Irak. El PKK, una organización que 40 países consideran como terrorista, inició en 1984 una guerra por la autodeterminación en el sureste de Turquía. Esta rebelión fue brutalmente reprimida por las fuerzas de seguridad turcas, que destruyeron al menos 3.200 aldeas kurdas y llevaron a cabo numerosas matanzas que ocasionaron un éxodo de al menos tres millones de kurdos. Después de que el líder del PKK, Abdullah Öcalan, fuera capturado en 1999 y que las fuerzas de seguridad turcas inflingieran al PKK una serie de certeros golpes militares, el partido decidió abandonar la lucha armada, reanudándola cinco años más tarde, pero con menos capacidad operativa. Mientras esto ocurría en el Kurdistán turco, los kurdos iraquíes, liberados del yugo de Sadam Hussein y con el apoyo de Estados Unidos, constituían en 2003 el Gobierno Regional del Kurdistán, que incluye algunas de las regiones más ricas en petróleo.
La política de Estados Unidos hacia los kurdos ha sido muy ambigua, variando de acuerdo a sus intereses inmediatos: Durante los años ochentas, proveyeron a Turquía -su socio en la OTAN- de abundante equipo bélico -incluidos Helicópteros Cobra- que se utilizó para llevar a cabo la represión en las áreas kurdas. Después de la primera guerra del Golfo en 1991, los abandonó (junto a los chiítas del sur de Iraq), pese a haberlos instigado para que se rebelaran contra Hussein. Ahora, Estados Unidos hace uso de los kurdos iraquíes para legitimar la ocupación militar de Iraq y según el periodista Seymour M. Hersh de la prestigiosa revista New Yorker, apoyan a la guerrilla kurda iraní del Partido para la Vida Libre en Kurdistán (PJAK), contra el gobierno de Teherán.
Esta veleidosa política podría resultarle muy cara a Washington, amenazando con hacer “explotar” algunas de las alianzas mutuamente contradictorias que tiene en la región. Por un lado, el gobierno turco del primer ministro Recep Tayyip Erdo?an, presionado por el ultranacionalista Estado Mayor del Ejército, amenaza con un ataque masivo contra las posiciones del PKK en el norte de Iraq. El motivo inmediato son los recientes ataques del PKK contra tropas turcas en el sudeste del país, pero resulta imposible obviar el hecho de que Turquía siempre ha mantenido una reivindicación sobre la zona aledaña a las ciudades de Kirkuk y Mosul. El pretexto es la existencia allí de una comunidad de turcomanos a la que se empeña en “proteger”, pero es evidente que el interés tiene que ver con petróleo. Esta situación pone en aprietos a Estados Unidos que no puede ser insensible a las demandas turcas para obtener “luz verde” y actuar contra el PKK. Turquía es uno de sus principales socios estratégicos en Asia Central y tan sólo desde la base de la OTAN en Incirlik, en el sur del país, Estados Unidos recibe el 60% del aprovisionamiento para sus tropas en Iraq. Por otro lado, Estados Unidos se ve obligado a proteger a los kurdos de Iraq, que han demostrado ser “aliados eficaces”, especialmente para combatir a la insurgencia. El Gobierno Regional del Kurdistán constituye la región más estable de Iraq y vive un verdadero apogeo económico gracias al petróleo. Tan solo el pasado 4 de noviembre el gobierno regional anunció siete nuevos contratos de explotación petrolera con compañías norteamericanas y europeas. Los kurdos iraquíes aspiran a la creación de un “Gran Kurdistán” y una invasión turca naturalmente despertaría la solidaridad de todos los kurdos distribuidos en los países aledaños, creando una situación políticamente volátil que podría afectar los planes de Estados Unidos para la región.
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