nov 09 2007

El gobierno del pueblo

Enrique Obregón Valverde

Cuando se publicó mi pequeño articulito sobre la izquierda, un amigo muy apreciado me llamó saludándome de la siguiente manera: “Buenos días, señor dinosaurio”, agregando que eso de izquierdas y derechas eran términos que las nuevas realidades habían sepultado. Pero de todo lo que me comentó, me ha preocupado la crítica que hace de la democracia, al afirmar que ya no se puede soportar la opresión de las mayorías, para concluir con una expresión que se ha convertido en lugar común: Hay que cambiar de sistema, inventar una nueva forma de gobernar, la Asamblea Legislativa es un desastre.

Pienso que esta última afirmación de mi amigo amerita un debate nacional. Hay demasiada confusión, tanto por lo que debe entenderse por democracia como por la terminología que siempre ha formado parte de ella: pueblo, poder, mayorías, socialismo, minorías, libertad, derechos, liberalismo, representación, ciudadanía, urna electoral.

Acelerado cambio. Ciertamente, hay una realidad que dramatiza la democracia de nuestros días y es la aceleración del cambio. Nos hemos quedado con el concepto, con las palabras de hace 100, 200 años, y en cuestión de cinco décadas, la ciencia y la tecnología han transformado la sociedad cambiando totalmente de escenario y de lenguaje. El joven de hoy y el viejo de hoy hablamos idiomas diferentes y pensamos de manera casi opuesta. Los muchachos, ahora, no piensan como ciudadanos, sino que definen su personalidad social a través de la Internet, su sensibilidad se mide según sea su capacidad para acariciar el ratoncito de la computadora y por su disposición para asistir al concierto del cantante internacional que nos visita frecuentemente y que es su único líder espiritual. El dirigente político, el profesor universitario, el escritor, el poeta, el filósofo, desaparecen de su vida porque la contorsión del cantante está sobre todo lo demás.

Yo, a mis 83 años, me quedé medio siglo atrás. No me pude bajar de la carreta que conducen unos apacibles bueyes cuando hoy los muchachos viajan en aviones supersónicos. La distancia es cada vez mayor. Pero, con tozudez de campesino que piensa que debe seguir cultivando maíz como lo hicieron sus padres y sus abuelos, creo que debemos seguir cultivando la democracia –con sus semillas originales–, ese gobierno simple de gentes sencillas; que debemos continuar aceptando que los pueblos elijan en votación libre y secreta; que la decisión popular que aparece en la urna electoral ha de respetarse como sagrada, y que al gobernante lo nombra una mayoría porque la unanimidad en democracia no existe ni pueden gobernar las minorías. Esa es la ley que nadie debe poner en duda ni violar jamás.

Solo el pueblo. Sucede, con frecuencia, que el muchacho que se crio en las barriadas populares tuvo la oportunidad de estudiar en universidades extranjeras y viene, cargado de honores académicos, a objetar los valores de la democracia y hasta la fe de sus padres en Dios. Su orgullo lo pierde al olvidar el contacto con el pueblo, fuente única de justicia social y de fervorosa espiritualidad.

Por mi parte (y sin rechazar el valor de la cultura universal), cuando me citan a los grandes teóricos de las ciencias sociales, de la filosofía política y de la economía para poner en duda la democracia, me aparto tranquilamente y, con Abraham Lincoln, rezo: “Que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la tierra”.

nov 09 2007

El monopolio de ética

Gilberto Jerez

Manoseado y conveniente. Así ha resultado el uso que el Partido Acción Ciudadana, y en especial su líder, Ottón Solís, ha hecho de la ética. La palabra de la cual se han adueñado al usarla -insisto, en usarla consistentemente- les ha valido la fama de bienhechores.

Pero de lo que se adueñaron los partidarios del PAC fue de la moda moralista, la que se exhibe y la que se ostenta, mas no se practica. Al juzgar ácidamente a los demás y no disculparse ni aún cuando las pruebas demuestran la inocencia, los seguidores de Ottón acaparan el uso de la palabra, pero quedan cortos en demostrar que “una acción puede más que mil palabras”.

Si no que lo diga el diputado Alberto Salom, quien haciendo uso de su posición, exhorta al Canciller y al Ministro de la Presidencia a que reinstalen en su puesto a un ex asesor del PAC, despedido en la administración Pacheco por severos cuestionamientos a su idoneidad laboral.

Eso, señores del PAC, se llama tráfico de influencias.

No bastó la nota enviada a los funcionarios. Salom también visitó a los jerarcas, quienes atinadamente, y en franca práctica de la ética, declinaron la ilegal propuesta del Diputado Salom.

La fracción del Partido Liberación Nacional denunció este irregular hecho ante el Comité Ético del PAC.

La respuesta; sin embargo, ha sido todo un circo de acusaciones de falsificación de firmas y sellos.

Por ello, solicitamos al OIJ el estudio grafoscópico que certifique la legitimidad de la firma de Salom y para claridad del diputado Salom, en las bitácoras de Casa Presidencial está escrito que ingresó el 25 de mayo a las 11:30 a.m. para reunirse con el Ministro Arias, para tratar de influenciar ilegalmente en el nombramiento de un asesor suyo en el gobierno.

Ejemplos a granel

Más recientemente, la profesora Nidia González, ex diputada del PAC, renunció a su curul luego de que se hiciera público que legisló a favor de familiares suyos, dedicados al negocio arrocero. El PAC intentó minimizar el hecho y su jefa de fracción lo calificó como una “inocentada”.

Nuevamente, el PAC demuestra que la letra es muerta sino la respaldan las acciones.

Tan sólo cinco días después de haber renunciado, la ex diputada González envía a la Junta de Pensiones del Magisterio la solicitud para revisar el monto de su pensión. Así, en un frío cálculo desprovisto de toda moralidad, la ex diputada, al cobijo de su agrupación, pide incrementar su pensión de 300 mil colones a 1,9 millones, a pesar de haber servido en este poder, por tan sólo 14 meses.

Los costarricenses creímos que el PAC respondería con gallardía y haría efectiva la sentencia que espetó Ottón Solís a la prensa al conocerse la posibilidad de que González se aumentaría el salario: “cometería otro error y violaría todos los principios éticos” (La Nación 28 junio 2007).

Pero la letra está muerta si está desprovista de acción.

“A pesar de las advertencias lanzadas por el líder del PAC, Ottón Solís de que si González decidía optar por la revisión de su pensión se tendría que ir” del PAC (Diario Extra, 18 de julio 2007), a la hora de la hora, Solís hace gala de las medias tintas que caracterizan a su agrupación y manifiesta que “el PAC ya no tiene armas para sancionar a Nidia González, pues dejó de ser militante del partido en el momento en que renunció a su curul”.

Eso, como lo manifesté al principio es lo que llamamos un uso manoseado y conveniente de la palabra ética.

Ya entendemos por qué don Enrique Garita, presidente del Comité de Ética del PAC, se quejaba también de que él no tenía trabajo.

No se preocupe don Enrique, porque cuando se monopoliza la ética, se puede ver la paja en el ojo ajeno, pero se es incapaz de ver la viga que irrita el propio ojo del PAC.

Image | Temas WordPress