Guatemala: Después de la larga noche
Marcelo Prieto Jiménez
Dedico este envío a
Manuel Carballo Quintana y a la
memoria de Héctor Oquelí Colindres.
Creyeron matar la razón,
los que mataron a Meme Colom.
Pero Manuel anda en las calles,
exigiendo libertad.
Así dice una vieja canción protesta guatemalteca, y al contemplar la victoria luminosa de Alvaro Colom y la Unidad Nacional de la Esperanza, recuerdo muy bien esos días de oscuridad y de miedo.
Hoy, que la luz brillante de la democracia comienza iluminar con vigor a Guatemala, que hace más bellos sus volcanes y sus lagos, que alienta a su pueblo generoso y fraterno, estoy obligado a hacer recuerdos personales que nunca he hecho, por dolorosos, sobre la larga lucha librada por el pueblo guatemalteco contra la tenebrosa noche de la dictadura y la opresión.
Esos recuerdos comienzan hacer casi 29 años, en diciembre del 1978, cuando en mi condición de diputado socialdemócrata y en ese momento Presidente de la Juventud Liberacionista, fui invitado por el naciente Partido Socialista Democrático de Guatemala a brindar una exposición sobre los principios de la socialdemocracia, dentro del programa de su Primer Congreso Regional de Capacitación Política, que se realizaría en Quezaltenango.
La invitación la gestionó un hermano de luchas muy querido, Mario Solórzano, a través de Manuel Carballo. Acepté de inmediato, y viajé a Guatemala a los pocos días, en compañía de Jorge Vargas Roldán. Fuimos recibidos por Mario y por el fundador y principal dirigente del nuevo partido, ya una verdadera leyenda política en América Latina: Alberto Fuentes Mohr. Su libro testimonial, Secuestro y Prisión, se había convertido ya en un clásico de la literatura política latinoamericana. Con Alberto y Mario viajamos a Quezaltenango, y participamos emocionados en un acto político extraordinario: intelectuales, obreros, campesinos, indígenas, estudiantes, empresarios, hermanados todos en el esfuerzo por construir un movimiento político socialdemócrata en Guatemala. Procuramos un acercamiento del nuevo partido con el Frente Unido de la Revolución (FUR), de Manuel Colom Argueta, Meme, entonces Alcalde de la ciudad de Guatemala.
De ese viaje nació una sólida amistad con Alberto, desde luego con Mario Solórzano, y con muchísimos dirigentes guatemaltecos. Conservo en mis recuerdos de oro una foto de la mesa principal de ese congreso regional: de una gran mesa pletórica de dirigentes, solo Jorge Vargas y yo estamos con vida. Todos los demás, salvo dos -Mario Solórzano y Mario Aníbal González-, fueron asesinados por el Ejército. El primero de todos, Alberto, y muy pronto, Marco Antonio Cacao, un periodista de vigoroso esfuerzo democrático. Detrás de ellos, todos los demás, fueron cayendo en la implacable cadena de muerte que la oligarquía guatemalteca había impuesto desde décadas atrás. No hay ni uno vivo.
Mi amistad directa y personal con Alberto Fuentes Mohr había de ser sólida pero muy corta. Un mes y medio después de nuestro viaje, Alberto fue perseguido y asesinado en las calles de Guatemala por un comando paramilitar, el 24 de enero de 1979. Al día siguiente de su asesinato, como para restregarle su burla en la cara al pueblo guatemalteco y a nosotros sus amigos internacionales también, en un acto de verdadera burla sangrienta y tenebrosa, las autoridades guatemaltecas autorizaban con bombos y platillos la inscripción electoral del Partido Socialista Democrático de Guatemala, negada reiteradamente una y otra vez antes del día del asesinato.
Después de la muerte de Alberto, con Manuel Carballo, y con Jorge Vargas, comenzamos a trabajar para fortalecer el naciente partido, y continuamos el esfuerzo para procurar su acercamiento con el otro movimiento político de izquierda democrática que había surgido en Guatemala: el Frente Unido de la Revolución, dirigido por Manuel Colom Argueta. No pude viajar al entierro de Alberto, pero el entonces diputado Tobías Vargas, que representó a la Fracción Legislativa y al Partido en esas dolorosas exequias en Quezaltenango, llevaba un mensaje de solidaridad y de respaldo para Meme Colom, ya también amenazado de muerte.
La Catalina, con Manuel Carballo, se convirtió, como siempre, en un punto de encuentro solidario. La Juventud Liberacionista fue anfitriona de las juventudes del PSD y del FUR, y el camino de la unidad y la cooperación fue creciendo. Meme fue invitado a venir a Costa Rica, y con Mario Solórzano y otros compañeros trabajamos para fortalecer esa unidad socialdemocrática esencial para la lucha en Guatemala.
Muy pronto, otra vez hincó su sucia garra el chacal: el 22 de marzo de 1979, a poco menos de dos meses de la ejecución de Alberto, Manuel Colom Argueta fue asesinado también en la ciudad de Guatemala. Un comando militar liquidó a sus dos compañeros guardaespaldas y lo persiguió por las calles de Guatemala, en una persecución dirigida desde un helicóptero militar por representantes del alto mando del Ejército. Acribillaron a Meme y segaron otra vida esencial para el progreso democrático de Guatemala. El PSD y el FUR no sobrevivieron duraderamente al asesinato de sus líderes, a pesar del esfuerzo y el martirio de tantos y tantos compañeros.
Seguí ayudando a la lucha de los compañeros de Guatemala en lo que pude. Desde Costa Rica, desde México, desde Guatemala, a donde fui muchas veces. Suspendí mis viajes cuando Mario Solórzano, entonces Ministro de Trabajo de Vinicio Cerezo, me advirtió que no le podíamos jalar tanto el rabo a la ternera, que había recibido informaciones alarmantes, y que debía dejar de ir a Guatemala por un tiempo.
En ese entonces, las cosas se estaban endureciendo todavía más, si eso fuera posible. Y lo era: el secuestro y asesinato en Guatemala de otro queridísimo hermano de lucha, Héctor Oquelí, dirigente salvadoreño del MNR, exViceministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, y Coordinador del Secretariado Latinoamericano de la Internacional Socialista, ocurrido el 12 de enero de 1990, me confirmó las advertencias de Mario.
Dejé de ir a Guatemala por años. Solo volví muy recientemente, invitado por la Fundación Ebert, a una reunión regional de la izquierda democrática centroamericana, patrocinada por ellos. Pero siempre mantuve a Guatemala en el corazón y seguí pendiente de las luchas de su pueblo en su largo ascenso hacia la libertad. Le doy gracias a la Fuerza que gobierna mi destino, que hace varios meses me permitió ayudar un poquito para que la Unidad Nacional de la Esperanza lograra una rápida y fluida conexión con el CALCIS y con la Internacional Socialista.
Hoy, que vencimos en Guatemala, y que el gran pueblo guatemalteco vuelve a habitar en la esperanza, debemos rendir homenaje a los miles de demócratas, socialistas democráticos, socialdemócratas, o simplemente luchadores de la libertad, caídos en la larga noche de la represión aplicada sistemáticamente en Guatemala desde 1954, después del derrocamiento del Presidente Jacobo Arbenz.
Hoy debemos rendir un cariñosísimo recuerdo de solidaridad, homenaje y agradecimiento histórico a Alberto Fuentes Mohr y Manuel Colom Argueta, artífices históricos de este resultado, mártires de la democracia, asesinados por la oligarquía guatemalteca para decapitar el movimiento popular democrático, único medio de mantener en la opresión, en el vasallaje, y de rodillas, al gran pueblo guatemalteco, a las grandes mayorías populares, que hoy ya se pusieron de pie.
Doy gracias a los lectores amigos porque me han permitido compartir con ellos recuerdos y emociones. Otros dirán lo de siempre, como siempre.
Solo lamento profundamente y me duele en el alma, el informe que me brindaron ayer algunos amigos guatemaltecos: quien fue recibido hace algunos días por el gobierno costarricense y por nuestras autoridades, fue el candidato de la derecha guatemalteca, el general Otto Pérez Molina.
Fue él y no Alvaro Colom quien se reunió con nuestro Presidente, durante el proceso de la campaña electoral guatemalteca. Muy doloroso.
Pero eso debe dejarse de lado en medio del triunfo y la alegría. Hoy, quisiera transmitir al pueblo guatemalteco y a los socialdemócratas un mensaje de esperanza y de optimismo. La izquierda democrática llega por primera vez al poder en Guatemala, teniendo como abanderado a un militante de larga y probada trayectoria democrática: el compañero Alvaro Colom. Por primera vez en la historia de Guatemala, la socialdemocracia pura, la socialdemocracia clara, precisa y definida, gana las elecciones nacionales.
Alberto y Manuel están vengados.
Un abrazo especial a Luis Zurita, y a Olmedo España, en la UNE. Un abrazo especial a los compañeros Eduardo Núñez y Hazel Alpízar, verdaderos embajadores socialdemócratas costarricenses en Guatemala. Un abrazo a Manuel Carballo Quintana, que vivió todo esto.
Hoy solo me resta decir:
¡ Viva el pueblo guatemalteco ¡
¡ Viva Guatemala socialista y democrática¡
¡ Arriba Alvaro Colom ¡
Alberto Fuentes Mohr: ¡ presente ¡
Manuel Colom Argueta: ¡ presente ¡