nov 03 2007

Noruega: de cómo el pueblo recobró la voz y la socialdemocracia tuvo que virar a la izquierda

Odd Anders

“Sólo en un clima tal de movilización popular podía hacerse entrar en razón a la socialdemocracia. Todavía a mediados de 2004, un año antes de las elecciones parlamentarias, su dirección se negaba categóricamente a considerar siquiera la posibilidad de formar una coalición con el partido de la izquierda socialista (escindido del partido madre en 1975 por desavenencias respecto de la entrada de Noruega en la OTAN). Pero, en la medida en que los sindicatos no estaban dispuestos a tolerar ese boicot, en la medida en que los presidentes del partido de la izquierda socialista y del partido de centro eran invitados en calidad de oradores a los congresos sindicales en pie de igualdad con los dirigentes socialdemócratas, las bases de éstos se negaron en redondo a seguir aceptando la negativa. El cambio culminó a pedir de boca cuando comenzó una campaña electoral en la que los sindicatos actuaron por propia cuenta, presentando durante meses –junto con Attac Noruega y otras organizaciones— a los partidos políticos catálogos reivindicativos de todo punto concretos (articulados en una lista de 54 entradas): el pueblo cobró subitáneamente voz, y pudo decir lo que quería y lo que no quería. La alianza de sindicatos y sociedad civil tomó abiertamente partido por la izquierda.”

Lección noruega para los países meridionales de Europa: también la socialdemocracia puede moverse, y a veces, hacia la izquierda.

Gracias al petróleo, al gas y a las granjas piscícolas, Noruega es uno de los países más ricos de la tierra. En términos de renta per capita, sólo los luxemburgueses y los estadounidenses son más ricos que los noruegos. El Estado septentrional es, tras Arabia Saudita y Rusia, el tercer exportador mundial de petróleo y disfruta desde hace años de un tesoro público que no para de crecer. Ello es que el grueso de los ingresos petroleros (incluidos los ingresos fiscales derivados del petróleo) se coloca en el extranjero; sólo un 4% anual va a parar al presupuesto estatal. Estadísticamente, cada noruego dispone de una fortuna en el extranjero rayana en los 34.000 euros, casi tanto como la renta per capita anual.

Sin embargo, las plagas del neoliberalismo visitaron también a los 4,5 millones de noruegos. Es verdad que su Estado social resulta perfectamente financiable merced a la abundancia de petrodólares, pero la asediante ideología de la “modernización” dominó la política gubernamental de los años noventa. Con gobiernos socialdemócratas en minoría apoyados por el centro derecha (liberales, conservadores y cristiano-populares), se liberalizó y se desreguló de forma tal, que el Estado social no quedó intacto. Se empezó privatizando las fuentes de la riqueza nacional que son el petróleo y el gas (entre otras, las empresas petroleras otrora puramente públicas). Lo mismo ocurrió luego con la red de ferrocarriles y los servicios hasta entonces públicos. Tras haber allanado el camino varios gobiernos socialdemócratas minoritarios, irrumpió luego un gobierno burgués igualmente minoritario que continuó la labor con vehemencia.

El primer gobierno mayoritario desde hace 20 años

Desde 2005 han cambiado las cosas, con un gobierno formado por la socialdemocracia (Det Norske Arbeiderparti/ DAN), el partido de centro ( Senterpartiet/SP) y el partido de la izquierda socialista (Sosialistik Venstreparti/SVP), una coalición que se propuso explícitamente un cambio, reparar los destrozos neoliberales e inaugurar una era post-neoliberal.

Que los socialdemócratas fueran a parar a la oposición tras las elecciones de 2001, significó un aldabonazo de tal envergadura para el partido, que propició el giro a la izquierda y facilitó la despedida de los dogmas neoliberales. Por vez primera en su larga historia, pareció abierto a una alianza con otros partidos de izquierda –el partido de la izquierda socialista y el partido de centro—. Con eso logró el Arbeideparti recuperar una parte de los electores perdidos. Y aunque la coalición burguesa-conservadora prometió en la campaña electoral de 2005 rebajas de impuestos por más de tres mil millones de euros, la socialdemocracia se avilantó a anunciar un incremento moderado de la presión fiscal, a fin de que el Estado pudiera ser más activo en lo social y en la educación, así como la creación de 10.000 nuevos puestos de trabajo en el cuidado de ancianos. También anunció que, caso de ganar las elecciones, revisaría las privatizaciones y volvería a financiar generosamente a los municipios, que ahora prestaban el grueso de los servicios públicos.

Los electores no se dejaron amedrentar por el alboroto propagandístico generado al respecto por las derechas, y otorgaron a la previsible coalición de gobierno de la izquierda una clara mayoría. Al partido de la izquierda socialista el giro a la izquierda de la socialdemocracia no le fue muy bien –perdió votos, y sólo llegó esta vez al 8,8%—, aunque la izquierda en su conjunto quedó visiblemente robustecida.

Apenas llegada al gobierno, la coalición tripartita de izquierda –la primera mayoría gubernamental del país en 20 años— empezó a poner por obra las sorprendentemente radicales promesas de su programa común. La privatización de los ferrocarriles fue cortada en seco, y lo mismo ocurrió con el avance de las escuelas privadas. Se dio cerrojazo a ulteriores desregulaciones, miles de millones de coronas fueron a parar a los servicios públicos municipales, y los soldados noruegos regresaron de Afganistán y de Irak.

Los sindicatos no permiten que el partido de la izquierda socialista quede fuera

Ese cambio de orientación de la socialdemocracia no salió de ella misma: el partido de la izquierda socialista, los sindicatos y los movimientos sociales tuvieron una participación decisiva. Por lo pronto, en 2001 la Unión Sindical Nacional de Albañiles Tejadores decidió no financiar sólo a la socialdemocracia, sino también al partido de la izquierda socialista, manifestándose abiertamente, además, a favor de una alianza parlamentaria de ambos partidos de izquierda. Algunos sindicatos se lanzaron a la campaña a favor del Estado de bienestar, a la que se sumaron pronto varias asociaciones de jubilados, campesinos, mujeres y estudiantes. Su protesta no pudo ser ya desoída cuando estaban en campaña por todo el país no menos de 20 organizaciones capaces de movilizar a más de un millón de afiliados (en un país de 4,5 millones de habitantes). Sólo el movimiento popular a favor de los servicios públicos alcanzó a una cuarta parte de todos los municipios noruegos.

Sólo en un clima tal de movilización popular podía hacerse entrar en razón a la socialdemocracia. Todavía a mediados de 2004, un año antes de las elecciones parlamentarias, su dirección se negaba categóricamente a considerar siquiera la posibilidad de formar una coalición con el partido de la izquierda socialista (escindido del partido madre en 1975 por desavenencias respecto de la entrada de Noruega en la OTAN). Pero, en la medida en que los sindicatos no se mostraron dispuestos a tolerar ese boicot, en la medida en que los presidentes del partido de la izquierda socialista y del partido de centro eran invitados en calidad de oradores a los congresos sindicales en pie de igualdad con los dirigentes socialdemócratas, las bases de éstos se negaron en redondo a seguir aceptando la negativa. El cambio culminó a pedir de boca cuando comenzó una campaña electoral en la que los sindicatos actuaron por propia cuenta, presentando durante meses –junto con Attac Noruega y otras organizaciones— a los partidos políticos catálogos reivindicativos de todo punto concretos (articulados en una lista de 54 entradas): el pueblo cobró súbitamente voz, y pudo decir lo que quería y lo que no quería. La alianza de sindicatos y sociedad civil tomó abiertamente partido por la izquierda.

En 2009 se celebrarán las próximas elecciones parlamentarias. El impulso del invierno 2005/6 parece agotado. Mas la izquierda no se ha quedado quieta: Noruega dispone del más ambicioso programa contra el cambio climático –aun si desinhibidamente fiado a la compra de derechos de emisión—; tiene una generosa ayuda al desarrollo; la exploración de las reservas de petróleo y de gas en el extremo norte prosigue resueltamente; el Estado de bienestar vuelve a construirse, no a desmontarse. Se ayuda a la familia con medidas no ideológicas, pero efectivas. Gracias a inversiones consecuentes en prestaciones públicas de servicios, el desempleo está claramente por debajo de la media de la UE.

Disputas como la de la entrada en la UE o la de la salida de la OTAN, que podrían hacer estallar a la coalición en las próximas elecciones, han sido hasta ahora evitadas. Lección para los países meridionales de Europa: también la socialdemocracia puede moverse, y a veces, hacia la izquierda.

Odd Anders es un analista político noruego.

nov 03 2007

De la realidad a la leyenda

Discurso pronunciado por el Lic. Enrique Obregón, el día 11 de octubre de 2007, en el Museo Nacional, con motivo de la entrega del libro: “La Pobreza de las Naciones”, editado por RAÍCES, del Partido Liberación Nacional.

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Con el transcurso del tiempo la figura real de don José Figueres se irá diluyendo para convertirse en una leyenda que obligaría a los costarricenses del futuro a pensar que posiblemente no existió y que solo fue el producto de la imaginación popular. Si analizamos razonadamente su vida podríamos llegar a la conclusión de que un hombre así nunca vivió. Claro que nosotros, los que lo conocimos, damos testimonio de su vida y de su muerte, pero los costarricenses que vivirán dentro de cien años no nos van a creer.

Cuando la democracia se prostituyó en este país, Figueres se dedicó a crearla de nuevo y a cimentarla, para lo cual convirtió al campesino en soldado. El campesino, entonces, adquirió la conciencia histórica de su
propia ciudadanía. Figures inventó al hombre situado de nuestro tiempo, dándole capacidad de defensa de su propia condición democrática. Figueres creó una democracia porque pudo darle espiritualidad política al hombre sencillo del campo y del taller. A partir de allí, este país fue distinto: todos entendimos qué era lo que queríamos y cómo podíamos actuar para definir y conquistar un futuro armónico y solidario.

Además, como la cosa más natural del mundo, afirmó que la actividad económica era una función social y que el propietario, en su calidad de empresario, se convertía en un servidor de la sociedad, parte de la economía nacional, y que solo se justificaba su existencia si lograba entender que la producción de bienes y servicios tenía razón de ser si estábamos de acuerdo con que el fin del trabajo de todos era la satisfacción de las necesidades de todos. Por esta razón se puede afirmar que fue el único Presidente socialista que hemos tenido los costarricenses.

Y cuando nos enteramos de su lucha permanente por la educación nacional, por la cultura, por la música, por la filosofía, también pudimos decir que fue el único humanista que Costa Rica tuvo en la Casa Presidencial.

Figueres no fue académico, ni universitario ni una persona de estudios sistemático y ordenado, pero sí incursionó con tenacidad en todos los campos del quehacer humano. No fue un catedrático, pero sí un hombre que traspasó los siglos representando en nuestro país el más auténtico Renacimiento. Paralelamente a sus funciones de gobierno, escribió libros de literatura, de filosofía política, de economía, y lo hizo con propiedad y brillantez.

Como revolucionario triunfante, le cambió al soldado su rifle por un libro, convirtió a los cuarteles en escuelas e impuso las normas universales de la democracia. Al político que engaña y defrauda lo sustituyó por el filósofo que se sienta a la sombra de la monumental obra que creó para señalar senderos a la patria.

José Figueres fue un hombre de acción y de pensamiento, capaz de declarar la guerra cuando un dictador le roba los derechos a los pueblos y, al mismo tiempo, inclinarse emocionado ante la madre que se lamenta por la muerte de su hijo. Un estadista con la infrecuente particularidad de unir la razón con el sentimiento, al fusil liberador con la más sensible lágrima del poeta. Un raro ejemplar que solo produce la humanidad una vez cada mil años.

Alegrémonos de haber vivido en el tiempo de Figueres.

nov 03 2007

Saquemos bien las cuentas

Joyce Zürcher B.

Algunos analistas políticos dicen que el país está dividido porque en el referéndum el SÍ ganó con una pequeña ventaja. Creo que están equivocados. Si bien el SÍ obtuvo alrededor de 50.000 votos más que el NO, lo que lo valida según nuestra institucionalidad de manera definitiva, hoy tiene el apoyo mayoritario del pueblo. Veamos:

Por el NO votó el grupito de los comunistas porque sostienen que la propiedad privada necesariamente aumenta la riqueza, pero la concentra. De ahí que su receta consiste en eliminar la propiedad privada, a pesar del fracaso demostrado de esta medida.

Otro grupito, el de los sindicatos, estuvo con el NO pues, con la apertura de los monopolios públicos, cree amenazadas sus “ventajas” laborales, hoy protegidas por convenciones colectivas que garantizan la inmovilidad laboral independientemente de la calidad del trabajo desempeñado. Este grupo se presenta erróneamente como paradigma del “pobre trabajador”, olvidando que los verdaderos pobres son aquellos a quienes el Estado debe servir y que carecen de voz para denunciar la injusticia.

Tarea del Estado. Un tercer grupo votó NO porque el mercado, sin la intervención certera del Estado, si bien crea riqueza, no la distribuye y afirman que el TLC no exige la gestión explícita del Estado que garantice tal distribución. Este grupo ignora que no corresponde a los tratados comerciales garantizar la equidad social; esta es tarea exclusiva del Estado y delegarla a tratados comerciales sería precisamente ceder la soberanía. Este grupo, si realmente quiere distribuir la riqueza, debe promoverla (es decir, votar por el SÍ, tal como lo exige el Art. 50 de nuestra Constitución) y comprometerse con el Estado a fortalecer los instrumentos administrativos y legislativos que garanticen la distribución. El triunfo del SÍ los salvó políticamente pues, de haber ganado el NO, posiblemente los comunistas habrían tomado el poder sin darles espacio alguno; hoy estaríamos frente a la eliminación de la propiedad privada, la producción se habría venido a pique y sobre sus espaldas habría caído la responsabilidad histórica del desastre económico y social de nuestro país.

Nosotros, 74 de los 81 alcaldes, presentamos al Gobierno y a los diputados de la coalición del SÍ, previamente al referéndum, nuestra posición sobre el TLC: desde luego que SÍ, pero… de la mano de la educación y calificación laboral para tanta gente marginada que aún no tiene el sexto grado y mucho menos el bachillerato o el curso del INA que los acredita para el trabajo bien remunerado.

Obligación de coordinar. Descentralización, para que el Gobierno coordine sus tareas nacionales con las nuestras locales, recordando que el territorio que el gobierno central debe atender se divide en 81 cantones, cada uno con su propio gobierno local, con el que el gobierno central, con todo y sus entes descentralizados, tiene obligación de coordinar, según la Constitución. Que el agua se declare constitucionalmente un bien demanial para que el Estado la proteja, la concesione y todos la usemos sosteniblemente… y así otros principios.

Si hacemos un recuento fidedigno, la gran mayoría de la gente se suma a la posición de los alcaldes que dijimos SÍ a la creación de riqueza proporcionada por el TLC, pero con distribución. Este grupo socialdemócrata o socialcristiano que creemos en una Costa Rica sostenible, respetuosa de nuestra institucionalidad, equitativa y solidaria, sumamos una mayoría apabullante. Costa Rica no está dividida; al contrario, está más unida que nunca pues nos une el mismo ideal: consolidar un modelo de desarrollo que brinde oportunidades para todos, de cara al futuro.

nov 03 2007

El Sputnik y Costa Rica

Víctor Buján

El nombre del primer satélite artificial del planeta fue Sputnik I y significa “compañero” o “compañero de viaje”. Fue puesto en órbita por científicos e ingenieros de la Unión Soviética (URSS) el 4 de octubre de 1957, de modo que el pasado 4 de octubre se cumplieron 50 años de lo que muchos estiman que fue el inicio de la era espacial.

ElSputnik no fue muy bien comprendido. Haga usted su propio experimento, pregunte a varios amigos cómo se recibió esta hazaña extraordinaria de la tecnología y descubrirá que las respuestas pueden clasificarse en tres categorías:

1) Este satélite fue ideado y fabricado en medio de tal secreto que nadie en Occidente tuvo jamás indicio alguno de que estaba siendo desarrollado y construido.

2) Para el Gobierno y los militares de Estados Unidos, constituyó un hecho de lo más inconveniente y mortificante.

3) Esta esfera de 184 libras (unos 84 kilos) y un diámetro de 58 centímetros era una prueba concreta e irrefutable de que las ciencias en la URSS estaban inimaginablemente más avanzadas que las de su adversario en la guerra fría: EE. UU.

Es sorprendente observar que las tres cosas eran falsas.
Secreto anunciado. En 1957, EE. UU. y la URSS eran dos de las 67 naciones embarcadas en una grandísima tarea de cooperación científica llamada el Año Geofísico Internacional (AGI), una serie de actividades geofísicas que se prolongaron de julio de 1957 a diciembre de 1958.

Distintos grupos de técnicos se ocupaban de hacer mediciones y experimentos en diversos campos como las auroras, los rayos cósmicos, el geomagnetismo, cohetería, actividad solar y otros. Uno tenía como tarea intentar el lanzamiento de un satélite artificial alrededor de la Tierra. En agosto de 1955, un mes después de que tanto EE. UU. como la URSS prometieran colocar satélites artificiales como parte de sus contribuciones al AGI, el “diseñador en jefe” Sergei Korolev, el genial líder de la cohetería soviética, recibió permiso para lanzar un satélite. En 1957, Korolev se propuso adelantarse a los EE. UU. lanzando antes de fin de año dos satélites simples:Sputnik I ySputnik II . De manera que la intención de lanzar satélites no era un secreto.

En junio de 1957, estando cerca la fecha del lanzamiento, los soviéticos celebraron una conferencia de prensa para dar a conocer al mundo sus planes espaciales. Ese mismo mes, elNew York Times publicó siete reportajes sobre los planes rusos de colocar satélites y mencionaba que uno de los primeros satélites, elSputnik II , tendría perros como tripulantes. Como puede verse, no hubo secreto.

Alegría de los militares. Los militares estadounidenses, en particular el presidente Dwight D. Eisenhower, tenían en el Sputnik I sobradas razones para sentirse muy contentos. En 1955, el Presidente había propuesto a Nikita Kruschev, primer ministro de la URSS, una política de “cielos abiertos” que este rechazó de inmediato. Según esta sabia política de cielos abiertos, quedaba permitido a cualquier país vigilar desde satélites espías cada rincón de cualquier otra nación, lo que reduciría notablemente la tensión capaz de desencadenar en cualquier momento un ataque nuclear devastador a escala planetaria.

Cuando el primer satélite artificial pasó varias veces sobre Washington en sus primeras 24 horas de existencia, quedaba de hecho aceptada y firmada la política de cielos abiertos de Eisenhower. A los pocos años del triunfal lanzamiento de los soviéticos, EE. UU. fue capaz de tomar fotografías de gran resolución de cualquier lugar de lanzamiento de cohetes y, prácticamente, de cualquier base militar rusa.

Mágica ciencia. Nunca fue cierto que la ciencia soviética fuera marcadamente superior a la norteamericana o a la occidental. En el medio siglo transcurrido desde el gran día del Sputnik I, el porcentaje de premios Nobel recibidos por ciudadanos de alguna de las naciones que pertenecieron a la Unión Soviética es, más bien, modesto. Podemos añadir que la lista de breakthroughs (importante adelanto repentino) que la humanidad debe a los soviéticos de los últimos 50 años en materia de ciencia y tecnología es corta, si la comparamos con la lista de los grandes adelantos que debemos a la ciencia y a la tecnología estadounidenses.

ElSputnik I fue, innegablemente, un triunfo colosal de la ciencia y la tecnología soviéticas y un triunfo de la especie humana. Por una parte, significaba que los rusos tenían misiles como el R-7, el gigante de 20 motores, y que ningún rincón del mundo quedaba fuera de su alcance, y, por otra, desató una conmoción en todas las naciones que cambió la forma en que percibimos y consideramos a la ciencia y a la tecnología.

En Costa Rica. Cuando digo todas las naciones estoy incluyendo a Costa Rica. Nos cuenta Paul Dickson en su libro Sputnik. The Shock of the Century, para ilustrar el hecho de que el primer satélite tocó o afectó a todo el mundo, que en 1957 se encontraba de visita en Venezuela un niño de 7 años a quien su madre le pidió que buscara en el cielo nocturno el paso de aquella maravilla. El niño no pudo ver el Sputnik I esa noche, pero se enamoró para siempre de la idea de que el hombre podía extender su influencia a los cielos y tomó la decisión, ahí y entonces, de que aquel era su futuro. Le escribió una carta a Wernher Von Braun, el líder de la ciencia de los misiles norteamericanos, preguntándole qué debía hacer para llegar a convertirse en un astronauta. Von Braun le contestó, recomendándole obtener un título universitario en ciencia o en ingeniería, aprender a pilotar y adquirir la ciudadanía estadounidense.

El niño siguió estas recomendaciones y se convirtió en un astronauta que en el 2001 había cumplido ya seis misiones en el espacio. Para esa época, sus anhelos e ideales habían dejado atrás las órbitas en torno a la Tierra y soñaba con el viaje a Marte. Siempre conservó firmes lazos afectivos con su patria de nacimiento y una vocación de maestro que lo hacen comunicarse frecuentemente con los niños y jóvenes, inspirándolos a trazarse metas elevadas y nobles. Es de esta manera, por medio de las admirables acciones de este distinguido físico y astronauta, que el fenómeno Sputnik afecta hondamente a Costa Rica. En cuanto al astronauta, además de ser considerado merecidamente un notable del país, continúa sus investigaciones y trabajos desarrollando el motor de plasma en su empresa Ad Astra, allá en Guanacaste.

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