nov 03 2007

De la realidad a la leyenda

Discurso pronunciado por el Lic. Enrique Obregón, el día 11 de octubre de 2007, en el Museo Nacional, con motivo de la entrega del libro: “La Pobreza de las Naciones”, editado por RAÍCES, del Partido Liberación Nacional.

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Con el transcurso del tiempo la figura real de don José Figueres se irá diluyendo para convertirse en una leyenda que obligaría a los costarricenses del futuro a pensar que posiblemente no existió y que solo fue el producto de la imaginación popular. Si analizamos razonadamente su vida podríamos llegar a la conclusión de que un hombre así nunca vivió. Claro que nosotros, los que lo conocimos, damos testimonio de su vida y de su muerte, pero los costarricenses que vivirán dentro de cien años no nos van a creer.

Cuando la democracia se prostituyó en este país, Figueres se dedicó a crearla de nuevo y a cimentarla, para lo cual convirtió al campesino en soldado. El campesino, entonces, adquirió la conciencia histórica de su
propia ciudadanía. Figures inventó al hombre situado de nuestro tiempo, dándole capacidad de defensa de su propia condición democrática. Figueres creó una democracia porque pudo darle espiritualidad política al hombre sencillo del campo y del taller. A partir de allí, este país fue distinto: todos entendimos qué era lo que queríamos y cómo podíamos actuar para definir y conquistar un futuro armónico y solidario.

Además, como la cosa más natural del mundo, afirmó que la actividad económica era una función social y que el propietario, en su calidad de empresario, se convertía en un servidor de la sociedad, parte de la economía nacional, y que solo se justificaba su existencia si lograba entender que la producción de bienes y servicios tenía razón de ser si estábamos de acuerdo con que el fin del trabajo de todos era la satisfacción de las necesidades de todos. Por esta razón se puede afirmar que fue el único Presidente socialista que hemos tenido los costarricenses.

Y cuando nos enteramos de su lucha permanente por la educación nacional, por la cultura, por la música, por la filosofía, también pudimos decir que fue el único humanista que Costa Rica tuvo en la Casa Presidencial.

Figueres no fue académico, ni universitario ni una persona de estudios sistemático y ordenado, pero sí incursionó con tenacidad en todos los campos del quehacer humano. No fue un catedrático, pero sí un hombre que traspasó los siglos representando en nuestro país el más auténtico Renacimiento. Paralelamente a sus funciones de gobierno, escribió libros de literatura, de filosofía política, de economía, y lo hizo con propiedad y brillantez.

Como revolucionario triunfante, le cambió al soldado su rifle por un libro, convirtió a los cuarteles en escuelas e impuso las normas universales de la democracia. Al político que engaña y defrauda lo sustituyó por el filósofo que se sienta a la sombra de la monumental obra que creó para señalar senderos a la patria.

José Figueres fue un hombre de acción y de pensamiento, capaz de declarar la guerra cuando un dictador le roba los derechos a los pueblos y, al mismo tiempo, inclinarse emocionado ante la madre que se lamenta por la muerte de su hijo. Un estadista con la infrecuente particularidad de unir la razón con el sentimiento, al fusil liberador con la más sensible lágrima del poeta. Un raro ejemplar que solo produce la humanidad una vez cada mil años.

Alegrémonos de haber vivido en el tiempo de Figueres.

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