La “ética” del PAC
Luis Carlos Araya Monge
Diputado
En mayo de 2005, un emocionado Ottón Solís, líder del Partido Acción Ciudadana (PAC), anunciaba al país que 118 costarricenses aspiraban a una curul y que todos serían sometidos a 70 horas de capacitación. Con la bandera de la ética como estandarte, don Ottón prometía que el PAC llevaría al Congreso a “las personas más idóneas”.
La “escuelita”, según la prensa, incluía exámenes con preguntas profundas: “¿A quién se parece más el PAC, a Pinochet o a Allan García?” o “Entre la persona que da la adhesión a un partido o a un candidato a cambio de un puesto, y la que ofrece un puesto a cambio de apoyo, ¿cuál es más corrupta?”.
De lo pocos que se graduaron y de 7 personas que podía asignar directamente don Ottón, el PAC eligió a sus candidatos a diputado, de los cuales hoy 17 ocupan una curul. Todos firmaron un estricto Código de Ética donde se asegura que, “en su lucha contra la corrupción, el PAC se ha comprometido ante los costarricenses a nombrar personas íntegras y decentes como representantes en la Asamblea Legislativa”.
Lamentablemente, ni las promesas de don Ottón ni las escuelitas, ni mucho menos el Código de Ética, pudieron impedir la “inocentada” de la diputada Nidia González, que se obligo (u obligaron) a renunciar a su curul días atrás.
¡Inocentada! Firmar un proyecto de ley que beneficia a su familia: ¿un “error” del que no se percató, a pesar de que integraba la comisión donde se discutió la iniciativa?
Más que inocentada, como la llamó Alberto Salom, tratando de defender lo indefendible, estamos en presencia de una bofetada ante lo prometido a los costarricenses y a la ética de la que tanto hablan el PAC y su líder, lo cual se evidencia con la renuncia de la señora González, y más aún al ocurrir la renuncia un año después de haber cometido esa equivocación.
Ahí uno se pregunta: Y los otros 16 diputados del PAC ¿por qué callaron? ¿Por qué corrieron a pedir la renuncia solo al enterarse de que la prensa estaba profundizando en la investigación del tema? ¿Dónde quedó el compromiso de ser leales a la patria sobre cualquier otro interés, como dice su Código de Ética? No se vale comer galletas, pero sí ocultar errores.
¿O será que, como han dicho los medios de comunicación, era mejor acallar el asunto rápido y evitar que otros sectores acrecentaran la versión de que los intereses de ciertas personalidades del PAC en el sector arrocero (al que pertenece doña Nidia) son uno de los grandes motivos por los que ese partido se opone al TLC?
De ¢300.000 a ¢1.900.000. La semana pasada, la “ética del PAC” vuelve a estar en entredicho, pues la exdiputada Nidia González, el pasado 5 de julio, solicitó ante la Junta de Pensiones y Jubilaciones del Magisterio Nacional, reajustar su pensión según los últimos salarios percibidos como diputada, lo que subirá su pensión a ¢1.900.000, en vez de los ¢300.000, que percibía tan solo hace un año y dos meses.
Si bien es cierto que los derechos adquiridos en materia laboral son irrenunciables, por lo que el aumento de su pensión es legal, también lo es el hecho de que las personas pueden renunciar a parte de su pensión si así lo desean, pudiendo ser para este caso una opción, partiendo del hecho de que el aumento se deriva de una función ejercida en solo 14 meses y, peor aún, que su labor culmina con una renuncia por conflicto de intereses, al apoyar un proyecto de ley que la beneficiaba directamente.
¿Qué pasará ahora con la militancia de la exdiputada en el PAC? Pues según había augurado su líder, el solicitar ese aumento “sería otro error” y “violaría todos los principios éticos”.
Son muchas las interrogantes y uno se cuestiona lo que dijo la diputada González en su carta de renuncia: “El PAC nació a la vida política del país como respuesta a la pérdida de valores de los políticos y a la corrupción imperante”. Hoy, los hechos prueban que no tiene razón y que, como decía Aristóteles, “la única verdad es la realidad”.