Jun 16 2007

Sobre la libertad

Enrique Obregón Valverde

La cuestión es sencilla, pero siempre la han querido complicar. Teóricamente puede existir democracia sin capitalismo y capitalismo sin democracia. Esto quiere decir que el capitalismo no necesita de la democracia para existir y la democracia no requiere del capitalismo para sobrevivir.

La democracia reclama la libertad y el reconocimiento del derecho de los pueblos. Sin esa libertad y sin esos derechos, la democracia se extinguiría. El capitalismo, en cambio, no necesita una sociedad libre ni un pueblo con derechos reconocidos para nacer y fortalecerse.

Eliminaría la competencia. La democracia, por ley natural, solicita la libertad para todos y no está en sus principios y objetivos eliminarla total o parcialmente. La esencia de la democracia es la vigencia de la libertad. La única libertad que pide el capitalismo es la de los mercados, que es bastante distinta a la libertad de los pueblos. Y, cuando reclama la libre competencia, solo piensa en la ganancia particular; por eso, si se le garantiza esa ganancia, estaría dispuesto a eliminar la competencia, es decir, la libertad de comercio.

La democracia nunca sacrificará la libertad ni sus fines voluntariamente. El capitalismo –que reclama la libre competencia–, por el contrario, la suprimiría si puede tener mayor ganancia. La libertad, en el capitalismo, no es un principio ni un fin: solo es un argumento.

Imprescindibles controles. La libertad de mercado ha de ser un objetivo que debe aceptarse siempre y cuando tenga una ley que la regule. Ni la libertad del individuo ni de los pueblos podría existir sin ley que la limite. El Estado democrático demanda control democrático. Una democracia que se desprende de todo control en nombre del libre mercado entrega los derechos y las libertades de los pueblos al circo de los leones.

Hasta George Soros, uno de los mayores capitalistas de nuestro tiempo, pide controles. Reiteradamente ha dicho: “La libertad, la democracia y el Estado de derecho no pueden quedar al cuidado de las fuerzas del mercado: necesitamos garantías institucionales”.

En el momento actual es posible que no pueda prescindirse del mercado ni que esto sea conveniente. Solamente debe tenerse en cuenta el necesario poder regulador del Estado. Porque, si bien es cierto, como afirma Max Weber, “que una extinción del mercado presentaría el despotismo puro y simple del poder burocrático”, también lo es que una supresión del poder regulador del Estado presentaría el despotismo puro y simple del mercado.

Image | Temas WordPress