may 23 2007

Gobernar es educar

Kathia Brenes Herrera
Cedula 2-462-454

El 29 de Mayo de 1945 apareció en el Diario Oficial La Gaceta, el decreto del Poder Ejecutivo que autorizaba dar el nombre del destacado educador y Presidente de la República de Chile a la Escuela de San Pedro de Poás en la provincia de Alajuela. Oficialmente la escuela fue bautizada con este nombre el día 25 de mayo de 1946 siendo este acto muy significativo en el centro escolar público creado desde 1877.

Pero quién era éste ilustre Señor a quién la comunidad poaseña decidió consagrar su escuela?. Don Pedro Aguirre Cerda nació al abrigo de una numerosa familia campesina, en el poblado rural de Procuro cerca de los Andes. Realizó estudios superiores en castellano, filosofía y derecho, también participó activamente en la política siendo Diputado, Senador, Ministro de Justicia e Instrucción Publica , Ministro del Interior y Presidente de Chile desde el 24 de diciembre de 1938 al 25 de noviembre de 1941, día de su fallecimiento. Hombre humilde, de gran sensibilidad social, que promulgaba por una educación igualitaria que llegara hasta los más lejanos poblados chilenos, siendo uno de sus logros la creación de nuevas escuelas y el fomento al empleo de profesores.

En un discurso promulgado en 1934, Don Pedro Aguirre señala: “las nuevas generaciones necesitan una cultura espiritual superior por la sociabilidad, la música, la excursión sana, la comprensión de la vida agradable, el conocimiento de la historia de nuestros hombres de esfuerzo que hayan contribuido al engrandecimiento de la Patria”.

Quizá por sus raíces campesinas Don Pedro Aguirre pensaba en la educación como una herramienta para el desarrollo integral de los ciudadanos, una educación formada en disciplina, valores y principios. Su preocupación por la enseñanza lo llevó a tener como lema “Gobernar es Educar.”

Durante su gestión presidencial su relación con Costa Rica fue estrecha, se tienen datos del envío de una Comisión de Técnicos que dieron asesoría en la implantación de los regímenes de Seguridad Social.

Fue así como los vecinos de San Pedro de Poás encontraron en el dilecto caballero Aguirre Cerda , a quién Gabriela Mistral dedicó su primer libro “ Desolación”, el ejemplo para los niños y niñas que iniciarían allí su formación académica.

Este 25 de Mayo nuestro pueblo encabezado por el Sr. Alcalde, celebrará 61 años de haber llamado a la escuela con el nombre del chileno Pedro Aguirre Cerda; la escuela líder cuenta con alrededor de 800 estudiantes, forma parte de los centros educativos pioneros en los proyectos de la Fundación Omar Dengo en el campo de la robótica; sus estudiantes reciben en su formación básica lecciones de inglés, computación, deporte y música.

Hemos pasado muchas generaciones de poaseños por la escuela Pedro Aguirre Cerda, nos sentimos orgullosos de nuestra formación , de pertenecer a un pueblo donde cada mañana en el horizonte vemos el majestuoso Volcán Poás abrigando a los que cada día trabajan por un Poás mejor , por una Patria mejor, a los niños y niñas que cruzan el umbral de la escuela con la ilusión de un mañana lleno más y mejores oportunidades. Un pueblo que ha crecido y que nuestros antepasados nos recuerdan hoy como entonces que debemos rescatar esos valores que hicieron que el nombre del ilustre presidente chileno fuera digno de estar en nuestro cantón.

Espero firmemente que éste 25 de Mayo, los poaseños reflexionemos y en nuestra querida escuela se resalte el porqué levantamos el estandarte con el nombre de Don Pedro Aguirre Cerda.

may 23 2007

El frágil equilibrio turco

Sergio Moya Mena

¿Son compatibles los principios del Islam y la democracia?. No existe contradicción entre ambos, al menos esa es la conclusión a la que llegan teólogos musulmanes contemporáneos como Tariq Ramadan. El Corán urge a los musulmanes a consultar entre ellos la decisión de los asuntos (Corán 3, 159; 42,38), lo que constituye una forma de elección. Además, muchos musulmanes ven a la democracia como una forma de protección contra el despotismo reinante en muchos Estados de Medio Oriente y el norte de África.

Una de las pruebas más evidentes de la compatibilidad entre Islam y democracia es el caso de Turquía, donde el 99% de la población es musulmana y ha vivido con instituciones democráticas en los últimos 27 años.

Hace cinco años, cuando los islamistas moderados del Partido de la Justicia y el Desarrollo, AKP, ganaron las elecciones con una abrumadora mayoría, muchos temieron por el carácter secular y republicano del Estado turco, instaurado desde los años veinte por Mustafá Kemal Atatürk, llamado “Padre de la Nación” y símbolo nacionalista. Desde esa época, occidentalización se ha interpretado como secularización, pero no siempre como democratización. El secularismo es especialmente defendido por el ejército, el segundo más grande de la OTAN y uno de los focos de poder más fuertes de Turquía, protagonista de tres golpes de Estado contra gobiernos democráticamente electos en los últimos 50 años.

Lejos de los augurios de ese secularismo iracundo, el gobierno del AKP encabezado por el primer ministro Tayyip Recep Erdogan, no ha alterado el carácter secular del Estado turco y ha estado muy lejos de pretender imponer la Sharia o ley islámica. Inspirado en el modelo de la democracia cristiana alemana, el AKP representa una alternativa islámica moderada que ha sabido sacar al país de la crisis económica y financiera, ha llevado ha cabo importantes reformas constitucionales que han otorgado más derechos a minorías como los kurdos, ha mejorado la situación de los derechos humanos, ha apostado por la integración a la Unión Europea y ha jugado un destacado papel como estabilizador en Medio Oriente. El propio Erdogan ha sido junto al primer ministro Rodríguez Zapatero de España, uno de los impulsores de la Alianza de Civilizaciones, que promueve el encuentro, el diálogo y la comprensión entre Occidente y el Islam. El AKP ha sido descrito por la revista Newsweek como “el movimiento político más abierto, moderno y liberal de la historia de Turquía”.

Sin embargo, el “fantasma de la islamización” ha sido invocado de nuevo por los secularistas, que han reaccionado ante la candidatura presidencial del ministro de relaciones exteriores y dirigente del AKP Abdullah Gül, un musulmán moderado educado en los EE.UU. Según estos sectores, un musulmán en la presidencia y otro como Primer Ministro representaría un “peligro inminente” para el orden secular y de esa manera, impidieron la elección de Gül a través de una ruptura del quórum del parlamento, una medida poco elegante y hasta anti-democrática. Por otro lado, el Jefe del Estado Mayor del Ejército Yasar Buyukanit había advertido que la elección de un islamista en la presidencia “no sería pasada por alto por el ejército”, una intromisión absolutamente inaceptable en un régimen democrático moderno, pero que recuerda que en Turquía, las fuerzas armadas, baluarte del nacionalismo secular, siguen constituyendo un Estado dentro del Estado. Ese nacionalismo, es el mismo que en sus expresiones más extremistas e intolerantes, ha reprimido a minorías como los armenios o kurdos, mantiene fuertes vínculos con los instigadores de recientes crímenes políticos como el asesinato del periodista turco de origen armenio Hrant Dink, el del cura italiano Andrea Santoro, y recientemente, el de tres trabajadores de una editorial cristiana en la ciudad de Malatya.

Es importante entender que en Turquía se juega mucho más que una mera lucha por la presidencia entre islamistas moderados y secularistas. Heredera de una gran civilización, Turquía ha sido puente de encuentro entre Oriente y Occidente y su importancia política para Europa y Medio Oriente es fundamental. En alguna medida, la convivencia exitosa de Islam y democracia en este país, le dice a los 1300 millones de musulmanes del mundo, que es posible conciliar su fe con la modernidad. Sin embargo, si en nombre de un secularismo rabioso e intolerante, se irrespetan las instituciones y la voluntad de los electores, esto va a representar una señal muy negativa, especialmente si los países occidentales permanecen indiferentes.

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