Referendo para mejorar
Gabby Álvarez Alvarado
magabriela_alvarez@yahoo.com
En el plenario de la Asamblea Legislativa, el entonces diputado Frantz Acosta Polonio afirmó en el 2000: “Es la intención de este legislador no hacer referéndum ad hoc, sobre materias que no interesan, sino sobre materias donde el pueblo, la Asamblea Legislativa y el Poder Ejecutivo estén interesados.”
En términos democráticos, el referéndum es la reforma constitucional más importante que se ha realizado en el país en los últimos tiempos, y hoy la ciudadanía costarricense se apresta en unos meses a utilizarla por primera vez en la historia. Desde luego, los y las costarricenses no debemos perder de vista que la representatividad sigue siendo el eje medular de nuestra democracia. El ejercicio que vamos a hacer viene a ser una “válvula” de participación ciudadana, donde los órganos de representación, Asamblea Legislativa, no son suplantados por esta norma constitucional y por su ley, como algunos están interpretando.
Con el voto. El referéndum es un primer paso, en el que debemos demostrar que esta democracia ha ido madurando poco a poco, y que estamos listos para demostrar al mundo que en este país las cosas no se resuelven en las calles ni con violencia, sino con el voto. Vamos a ir a decir “sí” o “no”, pero no como si fueran dos partidos políticos, pues el referéndum no es materia político-electoral. En él no vamos a dirimir los costarricenses cuál partido político es más fuerte o quién es el mejor, los ciudadanos vamos a ser convocados por el Tribunal Supremo de Elecciones para dirimir si estamos de acuerdo en que Costa Rica ratifique el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos, o bien que no estamos de acuerdo con esa ratificación.
Al no ser materia político-electoral ni materia partidaria, es nuestro deber como ciudadanos ir a las urnas a votar con la conciencia clara de que lo que vamos a hacer es emitir una opinión relativa sobre un determinado proyecto de ley, en este caso el Tratado de Libre Comercio. Ninguno de nosotros va a decidir sobre política pública determinada, sobre determinada decisión que debe tomar el Poder Ejecutivo y, desde luego, no vamos a decidir sobre determinado pensamiento político ideológico.
Madurez. En la medida en que separemos este referéndum de la política partidaria, el país se va a beneficiar, pues la bandera que debe ondear es la misma: la de Costa Rica. Si en forma madura nuestra democracia no logra hacer esto, no vamos a pasar el examen que la vida nos ha puesto en el camino. Así que jóvenes, mujeres, hombres, de todos los partidos políticos, no hagamos de este referéndum una lucha encarnizada donde se pierda el norte –decir “sí” o “no”–; tampoco saquemos partido para las elecciones del 2010, como pareciera que algunos se aprestan a hacer. Recordemos que el espíritu de los legisladores que hicieron viable esta ley fue “el anhelo de mejorar la democracia costarricense, de darle un mayor grado de participación al ciudadano y la ciudadana en la toma de decisiones” (Carlos Vargas Pagán, Comisión Especial. Expediente 13990 Ley del referéndum, 2001).
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